El reparto de culpas en el Club Baloncesto Valladolid (II)

He tratado de explicar las características de la extrema situación en la que se encuentra el Club Baloncesto Valladolid en la primera parte de este artículo. También he detallado las responsabilidades que les pueden corresponder en cuanto al ridículo deportivo de esta temporada a las personas que actualmente están en el club, desde los jugadores hasta el presidente, partiendo del punto de vista de Juan Vela y Felipe Martín, que cargaron las tintas especialmente contra los jugadores –algunos, sin dar nombres– y reforzaron el búnker en torno a Ricard Casas, excluyéndolo por completo de la cadena causal cuyo último eslabón es el desastre del actual equipo.

FelipeMartínJuanVela_CBValladolid_continuidadRicardCasas_17febrero2014_AlbertoBlancoParedes (2)

Felipe Martín y Juan Vela.

No obstante, tanto el presidente como el gerente opinan que los principales culpables de la debacle sin precedentes son ellos mismos, por la errónea planificación del equipo y la comunicación a la afición de unos objetivos que se sabía desde hacía mucho tiempo que no se podían cumplir. Felipe Martín, con una sinceridad verdaderamente notable y digna de mención, reconoció que habían engañado al aficionado al venderle una ilusión en la que ellos mismos se forzaron a creer al principio de temporada, pese a que analizando racionalmente la situación arrojaba menos luz que las bombillas de un hogar en situación de pobreza energética.

Incluso añadió que el engaño se había agudizado en las últimas semanas, pues en vez de admitir que no había forma humana de salvar al equipo habían seguido vendiendo humo, diciendo que el partido contra el Estudiantes era vital para engancharse al tren de la salvación. Juan Vela también fue  más allá y reconoció su tremendo error al pensar cuando comenzó la campaña que podían hacer un buen equipo con un presupuesto paupérrimo, digno para competir en ACB, habiendo quedado demostrado que tal cosa no es posible.

El banquillo morado en un momento del choque frente a Estudiantes. (Imagen: ACB Photo).

Habría que ahondar mucho en la hemeroteca para recordar una comparecencia tan autocrítica procedente de cualquier gestor de una entidad privada o pública, por no decir un órgano con responsabilidad política, donde ya resultaría inimaginable. El problema lógicamente es lo mal que han sentado estas palabras en la afición, que han señalado con el dedo a Vela y a Martín, considerándoles culpables en primera persona de la gravísima caída al vacío del equipo.

Roberto González rueda de prensa 20-04-2012

Sául Asensio y Roberto González.

Los dos mandatarios ayer se arrojaron a la arena de ese circo romano que es en los últimos tiempos el Club Baloncesto Valladolid, por la que ya han pasado muchos otros y donde todos han salido mal parados. Desde el añorado Roberto González hasta el propio Ricard Casas –cuya honestidad en la rueda de prensa tras el partido contra Estudiantes resultó muy remarcable–, pasando por el sempiterno jefe de prensa morado, Saúl Asensio, o por Mike Hansen.

Mike Hansen.

Mike Hansen.

Este último ya avisó en su día de que el club estaba herido de muerte y que su regeneración resultaba imposible en las condiciones actuales. Que estaba abocado a la ruina económica y al fracaso deportivo si no se derrumbaban los corruptos pilares del edificio y se comenzaba a caminar de nuevo desde los cimientos.

Con estas mismas intenciones iniciaron Juan Vela y Felipe Martín el nuevo proyecto. Minimizar los gastos al máximo y tratar de crear un proyecto a largo plazo que radique en la cantera. Cabría en este sentido volver a la figura de Ricard Casas para preguntarse si es el entrenador adecuado para ello. Los dirigentes están convencidos de que sí, pero la realidad es que sus actos vistos desde fuera –como no haber asistido a ningún partido del EBA o no conceder prácticamente ningún minuto a Antonio Izquierdo– hablan de que este año el técnico catalán no ha prestado demasiada atención a la cantera, probablemente porque la asfixia que le genera el primer equipo le haya atenazado y saturado hasta tal punto que no le haya dejado espacio para ello.

En cualquier caso, la responsabilidad al final confluye en el mismo punto. El club no tiene recursos para afrontar ningún proyecto, por mucho que se planifique con la mayor ilusión. Precisamente porque todo son ilusiones. Esas que hablan de que el club está continuamente lastrado por una deuda gigantesca, que come cruelmente cualquier atisbo de esperanza, y por una incapacidad de generar nuevos recursos que está únicamente relacionada con la pésima gestión perpetrada a lo largo de los años, la cual a mayores ha conferido a la entidad un halo de producto de escaso valor en el que casi nadie quiere invertir. Ese es el único motivo. Y no la crisis económica global, la cual es una recurrente excusa que efectivamente justifica muchos males de esta sociedad, pero no en este caso. La Solitaria, ese parásito que convive en el estómago y se nutre de los alimentos que se ingieren, tiene personalidad propia en el Club Baloncesto Valladolid. Los leones que se engullen a todo aquel que pisa el centro de la plaza tienen nombre y apellidos.

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Juan Vela, Felipe Martín y Víctor Saquero (vicepresidente en la etapa de José Luis de Paz).

De esa escandalosa y sonrojante deuda –el principal mal y la mayor vergüenza del club, mucho más que la ruina deportiva, aunque sea menos visible y menos mediática– sólo una parte muy pequeña es responsabilidad directa de la gestión de Juan Vela y Felipe Martín. La correspondiente al ejercicio del año pasado, en cuya confección fueron coautores. Bien es cierto que cabe pensar que no son totalmente ajenos a la famosa herencia recibida, porque Vela firmaba muchos documentos en calidad de Presidente de la Fundación Baloncesto Valladolid y Martín formó parte de las directivas anteriores.

Pero esto es una cuestión que choca con muchísimas versiones contrapuestas entre personas que están o han estado en el club y cuyo desenmarañamiento costaría horas de investigación e incluso aún así no se sabría a ciencia cierta la verdad. Exclusivamente con los datos de los que se dispone en la mano, se deduce que podría corresponder a los dos máximos responsables actuales una cierta responsabilidad por falta de diligencia en la medida en la que contribuyeron a llevar a cabo las gestiones de anteriores ejercicios.

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Juan Vela, requerido por los periodistas.

Lo que no se puede poner en duda es que Juan Vela y Felipe Martín están ahora mismo asumiendo una responsabilidad desorbitada a cambio de nada –por el momento no hay ningún dato que invite a ponerlo en tela de juicio–, trabajando muchas horas en un proyecto que ahora mismo es más que ruinoso y no da más que quebraderos de cabeza; recibiendo a todas horas llamadas telefónicas que les quitan tiempo de dedicación a sus actividades económicas o a su vida privada; asistiendo a múltiples reuniones; resolviendo conflictos diarios; siendo absorbidos continuamente por esa tremenda vorágine antropófaga e insaciable que reside sin pagar alquiler en Pisuerga.

David Yustos y José Luis Mayordomo.

David Yustos y José Luis Mayordomo.

Hay voces que claman contra José Luis Mayordomo y el que fuera director general, David Yustos. Cierto es que su contribución al aumento desproporcionado de deuda entre la salida del concurso de acreedores en 2011 y su dimisión a principios de la temporada 2012-2013 es decisiva. Pero parece que muchos han olvidado que la entidad ya caminaba como un mal funambulista sobre el alambre, penosamente, desde mucho tiempo atrás y que el concurso sólo fue un parche que se veía muy bien colocado desde fuera pero que tal vez no resultó tan útil para sanar lo que había dentro. Pocos se acuerdan ya de Javier Herrero, presidente entre 2003-2008, con el que se perpetró el único descenso deportivo de la historia del club y tras cuyo mandato hubo que recurrir al ya mencionado concurso de acreedores para sanear a una entidad morada ya por aquel entonces tremendamente martilleada.

José Luis Mayordomo y Javier Herrero. (Imagen: elnortedecastilla.es).

Pero antes de Herrero hubo otros presidentes, de los cuales se podrían mencionar aciertos, pero también muchísimos sin sentidos. El caso del ya fallecido Fernández Prada, presidente entre 1998 y 2003, es significativo, porque se tiene de él una visión contradictoria. Se le considera el hombre que económicamente salvó al club en la delicadísima etapa post Guimaraes –uno de los presidentes de peor recuerdo para el aficionado morado–, pero no puede obviarse que también fue el mandamás de Fórum Filatélico, el patrocinador más importante que ha tenido el club a lo largo de su historia y que se cobró su valiosísima contribución a la economía de la institución durante muchos años estafando a muchísimos abonados pucelanos que habían confiado parte de sus ahorros en la empresa que vendía sellos milagrosos. Por lo tanto, también merece su porción de culpa en la indigesta tarta morada.

Así se podría estirar la manta hasta que se hicieran dobladillos en las esquinas, se enrollara y se volviera a expandir, y no se llegaría a otra conclusión que todos los gestores, al menos los que fueron desfilando desde la época de los fichajes millonarios (Sabonis, Óscar Schmidt, Carlton Mayers, Tony White, John Williams, Curtis Borchardt…) hasta tiempos muy recientes, contribuyeron en mayor o menor grado a despilfarrar, negligente o dolosamente, los modestos recursos del CB Valladolid y a convertirlo en un enfermo permanente. Ninguno de estos anteriores dirigentes pidieron disculpas a la afición ni asumieron sus errores, ni una sola vez, ni un ápice, ni siquiera volvieron a aparecer sobre la palestra. Salvo en 2009, cuando irónicamente Mayordomo, que también sería homenajeado años después, colocó la insignia de plata a todos los expresidentes que acudieron al acto.

Eduardo Portela entrega a Juan Vela la placa conmemorativa por los 1.000 partidos del CB Valladolid en ACB. (Imagen: CB Valladolid).

Fue en 2013 cuando el esperpento alcanzó su máximo nivel y Eduardo Portela entregó la placa homenaje por los 1.000 partidos ACB del club entre otros a Mayordomo, Herrero y a Manuel Sánchez.

Sirva como ejemplo un dato (que por cierto figura en la página web del propio club), para que la gente que no esté tan informada sobre la realidad económica de la entidad morada tenga claro la gravedad del asunto. En 1997 la deuda del club ascendía a 700 millones de las antiguas pesetas, o lo que es lo mismo, más de 4 millones de euros. Una cifra astronómica tratándose de un club modesto y que habla de una gestión muy deficiente. Por cierto, en ese año cesó en la presidencia el ya mencionado Manuel Sánchez, personaje capital en la historia de la entidad morada y al que es conveniente reservar su merecido lugar en cuanto a su responsabilidad en la generación del desastre en la tercera y última parte de este artículo, de modo que aquí sólo está citado a efectos informativos.

Alguno pensará que remontarse tan atrás en el tiempo es desviar el tema que se está tratando. Que la película de horror deportiva que se está viviendo este año en Pisuerga nada tiene que ver con esos señores que hace tanto tiempo que abandonaron el club. Cada uno es muy libre de pensar lo que quiera, pero estará cayendo en un error de apreciación. La debacle actual está absolutamente causada por la gestión económica e institucional de la entidad realizada como mínimo desde los años 90. Quien no quiera ver eso estará cayendo en la fácil y equivocada demagogia de desbrozar toda su ira y frustración echando la culpa de todo lo que ha ocurrido a un entrenador y a unos jugadores. El problema es infinitamente más complejo y al mismo tiempo muy simple.

Felipe Martín y Juan Vela.

Felipe Martín y Juan Vela.

De todo lo anterior se extrae una conclusión obvia: Juan Vela y Felipe Martín han errado en decisiones y tienen responsabilidad en lo que ha sucedido –porque todo el mundo debe asumir que ha sucedido ya–, la total destrucción de casi todo lo que hacía al club motivo de orgullo, pero ni mucho menos son los principales culpables. Actualmente son las dos personas que, con mayor o peor acierto, están día tras día al frente del club, tragando sapos y culebras, recibiendo palos –los propios y los que quizá corresponderían a otros–, velando al enfermo terminal junto a su lecho agónico, esperando el milagro de que salga de su coma profundo y contribuyendo en lo poco que pueden a obrarlo.

Sin embargo, hay otra evidencia: ni los dos actuales mandatarios ni los todos los demás anteriormente señalados  son Licenciados en Medicina. Carecen de un bisturí, de una mesa de operaciones, de una espátula. Como mucho, poseen unas gasas y algunas tiritas. No tenían conocimientos extensos sobre la anatomía de una entidad deportiva. Tampoco el poder para abrir y extirpar los gravísimos tumores, la multitud de bacterias que infectan a la entidad. Su culpa, mucha o poca, se queda en el nivel del tratamiento ambulatorio aplicado sin diligencia y con absoluto descuido –alguno pensará que también con intención de dañar, pero de eso no hay pruebas–, en el del traslado del convaleciente CB Valladolid como si los camilleros fueran Mortadelo y Filemón, en la administración de antidepresivos y narcóticos cuando hacía falta oxígeno. Es una responsabilidad importante, pero tampoco es la más elevada.

En la tercera y última parte de este artículo pondré de relieve quienes son esos sanitarios que, en vez de curar, han hecho que las heridas no se cerraran y escocieran cada vez más, hasta llegar al momento actual, en el que el CB Valladolid sufre una sepsis con fallo multiorgánico casi irremediable.

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