El reparto de culpas en el Club Baloncesto Valladolid (y III)

Después de haber situado el problema y explicar la catástrofe deportiva en la primera parte, y de haber analizado la gestión económica en la segunda, concluyo este extenso artículo sobre el Club Baloncesto Valladolid con una tercera y última parte en la que apunto hacia los mayores responsables del fiasco de proporciones épicas. Esos doctores improvisados o de carrera que se atribuyeron en su día la encomienda de curar al enfermo CB Valladolid –hay que recordar que fue voluntariamente, nadie se lo pidió– y cuyas decisiones quirúrgicas se han demostrado con el tiempo absolutamente nefastas y contraproducentes, además de generadoras de un efecto diabólico y perverso.

Los que dirigen la Unidad de Cuidados Intensivos son las personas del Ayuntamiento de Valladolid o vinculadas a él que, ahora o en el pasado, han administrado la cúpula del club, en la luz o en la sombra. Ellos jamás se ponen a hablar con los pacientes aficionados morados sobre el estado más allá de la agonía que padece su familiar. Están ocultos la mayor parte del tiempo, salvo apariciones esporádicas en los días en los que el centro sanitario se viste con galas de coliseo, donde esta temporada los gladiadores van provistos de armaduras de segunda mano, escudos de los chinos, y donde lo único fiero y temible es el león dispuesto a merendarse a todo aquel que se exponga ante los focos.

Ellos no han suministrado su tratamiento de gestión durante los años. Tampoco han realizado directamente las operaciones de presupuesto. Pero son los responsables de la contratación del personal, de la inyección de recursos económicos, de las decisiones importantes sobre la organización y la estructura de ese hospital de cuidados paliativos en el que se ha transformado la Casa Morada.

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Luis Antonio Gómez, Juan Vela e Ignacio Zarandona.

Entre ellos, se podrían citar muchos nombres. Los primeros que vienen a la cabeza, por una cuestión de proximidad temporal, son los de los concejales Luis Antonio Gómez e Ignacio Zarandona, actuales patronos, junto a Juan Vela, de la Fundación Baloncesto Valladolid, la cual jurídicamente es titular de la mayoría de las acciones del club.

Fundación que, por cierto y hago aquí un inciso necesario, tras ser creada por el propio club en 2002, fue adquiriendo progresivamente las acciones cuya propiedad era del Ayuntamiento. Un trasvase bastante particular que sin embargo ahora no es objeto de análisis aquí, pero que evidencia (y eso es lo relevante) que el Ayuntamiento ha mantenido el control del CB Valladolid –pese a no ser propietario formal más que en un pequeño porcentaje del 1,6%– de una manera encubierta, a través de la Fundación.

Zarandona y Gómez, nombrados patronos en 2012, son los actuales representantes formales del Ayuntamiento, pero resulta difícil pensar que tengan algún tipo de poder real sobre el club. Se sabe que el segundo ha contribuido en distintas negociaciones con acreedores del club, principalmente la Hacienda Pública, y en otro tipo de acciones dirigidas a la casi imposible financiación económica del CB Valladolid.

Sin embargo, todo conduce a pensar que los dos concejales únicamente transmiten la voluntad del Ayuntamiento, la cual es generada por otros. Invita a esa reflexión el desconocimiento previo que respecto al funcionamiento del club tenían esas dos personas, quienes se encontraron de sopetón con el encargo cuando la situación ya era demencial.

Ha habido muchas personas relacionadas con el Ayuntamiento que han ocupado puestos relevantes en las diferentes directivas moradas, pero aquí se trata de identificar a los que han sobresalido durante muchos años con su presencia en el palco y con la integración más o menos duradera en el organigrama del club. Uno de ellos es Fernando Rubio, actual Consejero-Delegado de Presidencia del Consistorio. También hay que destacar a Modesto Mezquita, quien fuera vicepresidente en la etapa de Mayordomo.

El Palco de Pisuerga durante un partido de la temporada 2012/2013. (Imagen: El Día de Valladolid).

El alcalde de Valladolid y Manuel Sánchez. (Imagen: El Norte de Castilla).

Pero quizá el caso más reseñable es el de Manuel Sánchez. Fue presidente del CB Valladolid entre 1995 y 1997 y siempre ha formado parte del equipo de gobierno de Javier León de la Riva (desde que este fue elegido alcalde, precisamente en 1995). Ya se ha dicho en la segunda parte de este artículo que, tras su mandato, la deuda del CB Valladolid ascendía a 700 millones de pesetas (4,2 millones de euros), un montante escandaloso que en esencia constituye esa deuda histórica de la que siempre habla el alcalde y que se fue arrastrando a lo largo de los años, creciendo cada vez más, generando intereses, estrangulando al club….

Bien es verdad que ese agujero histórico (que es realmente el germen de la enfermedad) procede de los fichajes de Sabonis, con Gonzalo Gonzalo, Óscar Schmidt, con Luis Ángel Hermoso y la contratación de tantos otros jugadores que seguramente en su día parecieron bicocas, pero que tal vez resultaban inasumibles para un club con una capacidad de generación de recursos limitada. Pero no es menos cierto que ni la gestión de la directiva encabezada por Sánchez, ni las que posteriormente hubo (con matices, como ya se explicó en la segunda parte del artículo), fueron capaces de reducir la deuda. Lejos de eso, el monstruo siguió creciendo desaforadamente hasta llegar a la situación actual de ruina deportiva por una pobreza extrema que en cualquier otro tipo de empresa hubiera supuesto la liquidación fulminante.

Portela entrega a Juan Vela la placa conmemorativa por los 1.000 partidos ACB del CB Valladolid, en presencia de José Luis Mayordomo (izquierda) y Manuel Sánchez (derecha). (Imagen: ACB Photo).

Pero hay otro punto mucho más importante que la participación de personas pertenecientes al Consistorio en distintas directivas. Su intervención en cuestiones de calado relacionadas con el CB Valladolid, en momentos estratégicos y especialmente críticos a lo largo de su historia, de los cuales se podrían poner muchos ejemplos, algunos bastante recientes, pese a que mucha gente parezca haberlo borrado de su memoria, sobre todo desde que el Ayuntamiento comenzó a expresar de forma más o menos tácita su voluntad de desvincularse mediáticamente de la entidad morada.

En este sentido, los tres arriba mencionados (Mezquita, Rubio y Sánchez) han sido personas que han tenido históricamente bastante peso en la toma de decisiones importantes sobre el CB Valladolid, especialmente el último.

No conviene olvidar, para que nadie piense que todo esto pertenece a las suposiciones y a la rumorología, que el Ayuntamiento es uno de los miembros del Consejo de Administración de la entidad morada. Los otros dos son la Fundación (controlada a su vez por el Ayuntamiento) y el Club de Empresas y Deporte (que ya no existe). Eso sí está confirmado oficialmente, pues lo ha reconocido en numerosas ocasiones Juan Vela. Sin embargo, nadie ha aclarado aún quienes son las personas que forman parte de ese Consejo de Administración en nombre del Ayuntamiento, más allá de haberse señalado en alguna ambigua declaración por parte de Juan Vela que Manuel Sánchez y el alcalde tienen mucha importancia dentro de esa pata decisoria (la principal) pero que las decisiones se toman más o menos de forma colegiada entre todos los miembros del Ayuntamiento, incluidos los de la oposición.

Manuel Sánchez, el alcalde de Valladolid y José Luis Mayordomo. (Imagen: Valladolid Deporte).

A estos efectos, no está de más tirar de hemeroteca y escuchar la entrevista que concedió el actual presidente del club el 28 de febrero de 2013 a la Cadena SER. Es tremendamente clarificadora y especialmente recomendable para los escépticos e ingenuos que todavía a día de hoy sigan creyéndose el cuento de que el Ayuntamiento no tiene nada que ver en la gestión del CB Valladolid. Tiene que ver muchísimo, en casi todo. Y, desde luego, en todo lo importante. Ellos no ojean el mercado ni hacen las gestiones del día a día, pero dan el visto bueno a las operaciones de calado, asesoran sobre lo que hay y lo que no hay qué hacer y están al tanto de la actualidad del club. De no ser, obviamente, que haya cambiado mucho la cosa en el año que ha transcurrido desde dicha entrevista, algo bastante poco probable.

No obstante y retomando la metáfora anterior, tampoco estas personas vinculadas al Ayuntamiento que han participado en la gestión del club, en la luz y en la sombra, son expertos en esa clase de Medicina para enfermedades extrañas y/o complejas (no son el Dr. House). Son políticos que no han ejercido la práctica clínica y han lidiado con situaciones que tampoco dominan bien, razón por la que se ha ido cayendo progresivamente en la desidia, la dejadez de funciones y/o en intervenciones quirúrgicas completamente inapropiadas. Aún así, el desconocimiento o la ignorancia no es eximente, y a los concejales, técnicos u otras personas relacionadas con el Ayuntamiento de Valladolid les correspondería como mínimo una culpa in vigilando por no haber controlado adecuadamente lo que sucedía en el CB Valladolid. Una responsabilidad importante, que exigiría dar explicaciones serias y transparentes sobre las actuaciones llevadas a cabo en una empresa de facto municipal.

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Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid. (Imagen: Diario de León).

Por todo lo anteriormente dicho, queda meridianamente claro que el último responsable de la ruina del CB Valladolid es el que ha ejercido durante muchos años, concretamente desde 1995, como Director del Hospital, el alcalde de Valladolid. Por eso resulta irrisorio, alucinante y hasta delirante que ayer mismo, respondiera tajantemente a una pregunta formulada por mí a través del programa “Valladolid en la Onda de Onda Cero que “ni está ni nunca ha estado implicado en la gestión económica del CB Valladolid”. Tal vez mi cuestión no fue todo lo precisa que hubiera debido y debería haber dicho “responsabilidad administrativa, institucional o política”. Sea como fuere, la respuesta del alcalde causa estupefacción y estupor. Da la impresión de que toma por imbéciles a los ciudadanos de Valladolid.

Evidentemente Javier León de la Riva no es el culpable de que otros hayan provocado lentamente y con cierto sadismo heridas profundas que no han parado de sangrar, pero sí es el culpable de no haber sabido frenar la hemorragia a tiempo, pese a todos sus conocimientos médicos. Lo intentó, pero tarde y de una forma absolutamente equivocada y errónea. Enganchando al paciente a multitud de máquinas que le permitieran vivir sin dignidad.

Óscar Puente, Javier León de la Riva y José Luis Mayordomo. (Imagen: lainformacion.com).

Aunque se podrían enumerar muchos ejemplos concretos, el más esclarecedor es el del verano de 2009. El equipo morado logra el ascenso deportivo después de su único año en LEB y el Ayuntamiento se empeña en que el club tiene que estar sí o sí en la ahora conocida como Liga Endesa. Con el fin de cumplir los requisitos económicos que impone la ACB –indecentemente elitistas, pero eso no corresponde tratarlo aquí– el Ayuntamiento, con el alcalde a la cabeza y dirigiendo absolutamente todas las operaciones, decide emplear cuantiosos recursos municipales y pagar el Fondo de Regulación de Ascensos y Descensos (1,7 millones). Además, decide ceder la explotación del Polideportivo Pisuerga al CB Valladolid durante 50 años (gracias al acuerdo con el líder de la oposición Óscar Puente, quien normalmente ha apoyado siempre al alcalde en temas relacionados con el CB Valladolid, algo que no puede pasarse por alto; el líder socialista tampoco es ajeno a la desastrosa gestión institucional). De esa forma, el Consistorio queda hipotecado en nombre de la institución pucelana.

Porfirio Fisac, ex entrenador del CB Valladolid, recibe el trofeo tras el ascenso del club a la ACB en 2009, en presencia del alcalde y de Mayordomo. (Imagen: CB Valladolid).

Seguramente todo el mundo por aquel entonces quería estar en ACB (probablemente el que escribe esto el primero), sin reflexionar ni analizar las cosas con frialdad, simplemente dejándonos llevar por la ilusión de ver al equipo en la élite. Pero aquí no se está juzgando la falta de racionalidad de los aficionados, sino la idoneidad de una decisión muy importante de tipo político y económico, que no sólo tuvo consecuencias para un club deportivo, sino también para todo el ámbito municipal. Aquello fue un escandaloso error como ha quedado contundentemente demostrado con el paso de los años. El club ni podía ni debía haber subido a la ACB a costa de todos los vallisoletanos. Aún menos cuando se sabía que hacía falta un presupuesto mínimo de 3,5 millones de euros que resultaba impensable de todo punto que se pudiera llegar a cubrir (y menos mal que después apareció la D. O. Rueda para salvar los muebles).

Entrega a los jugadores del CB Valladolid (a la izquierda, Robert Battle, y a la derecha Fede Van Lacke), del trofeo de campeones de la LEB. (Imagen: CB Valladolid).

Y lo dice alguien que quiere al club desde que tiene uso de razón. Nos equivocamos. Pero no todos cometimos el error. Fue el Ayuntamiento, siendo León de la Riva alcalde. No es de extrañar que dos años después, cuando el club estaba inmerso en el concurso de acreedores, el Ayuntamiento se dejara la piel para lograr que se firmara el convenio. Tenía mucho que perder si el club se liquidaba, pues en ese caso la ACB jamás hubiera devuelto el dinero que el Consistorio tenía allí depositado. Es también el órgano municipal pucelano el que paga a través de plazos anuales la mayor parte de la deuda que quedó pendiente tras el concurso, en teoría con cargo a una subvención que concede a todos los clubes de élite. Además ha habido aportaciones más o menos puntuales cada vez justificadas con un concepto diferente (publicidad por la promoción turística de la ciudad, por ejemplo).

León de la Riva, el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y José Luis mayordomo, en 2008. (Imagen: CB Valladolid).

La identificación entre el Ayuntamiento y el CB Valladolid es máxima y la responsabilidad de aquel con respecto a la gravísima situación de este es muy elevada. Por consiguiente, también es absoluta la dependencia que tiene la entidad morada con respecto al máximo órgano municipal. El CB Valladolid sólo está vivo porque el Ayuntamiento así lo posibilita, debido a que este a su vez está atrapado y no le queda más remedio. Una relación diabólica cuyo principal hacedor es Javier León de la Riva (no el único, como ya se ha puesto de manifiesto).

Con este desolador panorama, cabe plantearse si no hubiera sido mejor hace muchos años haber desconectado al club de las máquinas que lo siguen manteniendo con vida artificialmente. Aquello de que es mejor morir con dignidad que vivir sin ella. Tal vez al primer edil pucelano esto no le hubiera parecido muy cristiano y para los vallisoletanos hubiera sido un palo tremendo, pero desde un punto de vista muy frío quizá hubiese sido lo más lógico. Cierto es que resulta muy fácil decirlo a toro pasado y muy complicado tomar la decisión.

Fuera aparte de eso, el alcalde nunca ha conseguido –es de suponer que sí lo ha pretendido, aunque eso es un misterio– que el club dejara de vivir por encima de sus posibilidades por culpa de los aires de grandeza o la incompetencia del personal a su servicio. Porque no hay que olvidar que muchos presidentes de este club los ha nombrado Javier León de la Riva. Y los que no ha designado él directamente han debido pasar por el filtro último de su consentimiento.

Por ello, él es el último y principal responsable del desastre deportivo y, sobre todo, del cruel deterioro del club, que viene íntimamente provocado por la barbarie económica que ha consentido.

Los expresidentes del CB Valladolid, José Luis de Paz (izq.) y José Luis Mayordomo (der.) y el alcalde en el centro. (Imagen: ABC).

Los expresidentes del CB Valladolid, José Luis de Paz (izq.) y José Luis Mayordomo (der.) y el alcalde en el centro. (Imagen: ABC).

Sin embargo, lo más grave de todo es su actitud durante el último año, que nada tiene que ver con decisiones sobre el aspecto económico, sino que contiene un tinte más personal. Ha tratado de desvincularse a nivel mediático del club, dejando que sean otros los que se hagan el harakiri, se ha refugiado en un irresponsable “no quiero hablar del baloncesto”, como si él no hubiera sido el principal causante por acción u omisión del despropósito, hasta el punto de recomendar en el angustioso verano de 2013 no salir en ACB si no había patrocinador principal (a estas alturas de la debacle) y, en el súmmum del lanzamiento de balones fuera, ha tildado a los medios de comunicación de culpables de la espantada de patrocinadores y de perjudicar la imagen del club al publicar informaciones negativas. Incluso, llegando al límite de esa omnipotencia que a veces se atribuye a sí mismo, hizo un amago de “reconvenir” a los medios –que se puede interpretar como presiones o intimidación–, escribiendo una carta que escoció a todos y cada uno de los periodistas deportivos de esta ciudad, entre los cuales me incluyo. Algo realmente inaudito.

(Imagen: CB Valladolid).

(Imagen: CB Valladolid).

Ya que hablamos de culpas en este artículo, si alguien no tiene culpa en la situación del CB Valladolid (sin contar a los trabajadores o ex trabajadores a los que se les deben muchos meses de salario, que no sólo no son culpables, sino que además son víctimas), son los periodistas, que han sido muy honestos con respecto al tratamiento de la información de la institución morada (salvo alguna deshonrosa excepción, que siempre la hay). No sé si el alcalde habrá conseguido amordazar a alguno de mis compañeros –a los que conozco bien lo dudo–, pero que tenga muy claro que en mi caso ni lo ha conseguido ni lo va a conseguir jamás.

Aún hoy día muchos le consideran el salvador del club. Es habitual escuchar frases como “de no ser por el alcalde no habría baloncesto en Valladolid”. El otro día el propio Juan Vela lo mencionaba en la rueda de prensa y agradecía su contribución esencial a que el club siguiera funcionando. También al resto del Ayuntamiento, incluyendo al líder de la oposición, Óscar Puente.

Sin embargo, es un engaño colectivo en el que viven desde hace mucho tiempo gran parte de los aficionados del CB Valladolid. Nadie puede dudar de que el alcalde ha hecho todo lo posible para mantener con vida a la entidad morada, pero hace mucho tiempo que sus acciones dejaron de estar justificadas. Ayudar a toda costa a una institución deportiva no es sano ni para ella ni para una ciudad. León de la Riva ha provocado el encamamiento perpetuo del CB Valladolid, lo ha postrado y lo ha condenado a la inmovilización. Hasta hace no mucho por lo menos mantenía la sonrisa y el habla, pero este año ni tan siquiera eso. Para colmo, dado que el club no es una persona –aunque de él dependan material o emocionalmente un buen puñado de ellas– muchos de los que pasan por su habitación, allí a la vera del Pisuerga, donde otras veces aplaudieron su dignidad y se enorgullecieron de él, se ríen y lo humillan devastadoramente.

León de la Riva y José Luis Mayordomo. (Imagen: El Mundo).

(Imagen: CB Valladolid).

Eso nos lleva al último de los culpables, la propia afición y, en general, la ciudadanía de Valladolid. Evidentemente es la que menos responsabilidad ostenta en el antológico estropicio, pero tampoco se la puede excluir. En primer lugar, porque tiene a su alcance elementos de juicio suficientes como para poder valorar la culpabilidad de los actores implicados. Los periodistas que cubren la información deportiva en Valladolid, especialmente a lo largo de los últimos años, han ido destapando los escándalos y han dejado en evidencia la nefasta gestión del club.

Sin embargo, muy pocos se vuelven hacia el palco para pitar. Es más populista cargar tintas contra el entrenador o los jugadores de turno que, incluso este año a pesar del esperpento, son los que menos culpa tienen de la situación –y me refiero a la deportiva, porque, insisto, lo económico va estrechamente unido a lo deportivo en esta entidad–. Tal vez ahora, visto el tremendo varapalo, abucheen a Juan Vela y a Felipe Martín, dado que ellos mismos se han colocado en el ojo del huracán, en ese circo donde todo es controlado por la atenta mirada del emperador, el león hambriento acecha y hay numerosos sacrificios.

(Imagen: El Día de Valladolid).

(Imagen: El Día de Valladolid).

Volverse y recriminar a un concejal o al alcalde de la ciudad, principal valedor del CB Valladolid –y esto todo el mundo que va a Pisuerga lo sabe o lo debería saber–, no es tan sencillo. Implica en ocasiones ir en contra de los credos ideológicos. Sin embargo, esto no es una cuestión de partidismos o de ideología. Se trata de un club de baloncesto, patrimonio de una ciudad, que ha sido vilipendiado o respecto al que se ha permitido su mancillación. Y el Ayuntamiento, con el alcalde a la cabeza, es tremendamente responsable de ello. Sin embargo, a muchos abonados de Pisuerga les bastaba con que hubiera baloncesto en ACB –de la LEB, ni hablar–. Daba igual a qué precio. Era indiferente si para ello tenían que caer puestos de trabajo, dejarse de pagar a personas y a empresas o acumular procedimientos judiciales uno detrás de otro que iban alimentando la criatura infernal, como actualmente es visto el CB Valladolid en los vomitorios de la localidad pucelana (este año se la considera más ridícula que infernal, lo cual es casi peor).

En cuanto al resto de la ciudad o a los exaficionados que ahora se carcajean de la descomposición del CB Valladolid, habría que recordarles que, gracias a la gestión de la institución promovida por el Ayuntamiento, ese club ha estrangulado al Consistorio hasta el punto de que su desaparición implicaría un mazazo tremendo para las arcas municipales. Igual no les causaría tanta risa si finalmente se liquidara –cosa que precisamente por ese motivo no va a suceder– y tuvieran que sufragar sus elevados gastos funerarios vía impuestos. Resulta increíble que a unos ciudadanos mínimamente informados de los asuntos que se cuecen en las calles por las que transitan les pueda dar de lado algo que puede tener consecuencias tan graves para sus bolsillos.

(Imagen: El Norte de Castilla).

Pero aparte de ello, gran parte de la ciudad de Valladolid ha asistido a la progresiva decrepitud del CB Valladolid con esa resignación y pasividad que denotan su poca identificación colectiva y sus escasas ansias de preocuparse por este tema y por otros mucho más relevantes –a fin de cuentas, esto es deporte y casi cualquier cosa es más importante–. Su vida no cambiará si un club de baloncesto está corrupto, el equipo hace el ridículo por las canchas de toda España o si, llegado el caso extremo, desaparece. Da igual que el nombre y el prestigio de la ciudad estén en juego. A nadie le importa demasiado.

Siempre se ha dicho que Valladolid era una ciudad de baloncesto, pero la actitud de los pucelanos en los últimos tiempos contradice esa teoría. Y nadie debería pensar que la crisis económica en este caso tiene demasiada influencia. Cuando el club bajó a la LEB, en el año 2008, el respaldo de la ciudad al equipo morado fue lamentable. Después, cuando regresó a ACB, mucha gente se volvió a apuntar al carro, pero cuando de nuevo descendió en 2012 y dicha caída no se materializó por la lucha en los despachos –de nuevo desmedida y errónea–, una vez en la máxima competición y con los abonos más baratos de la historia (99 euros precio único), la ciudad volvió a dar incomprensiblemente la espalda, pese a que el equipo se dejó la piel, jugaba a las mil maravillas y tanto el entrenador como el capitán y jugador franquicia eran de la casa. Muchas veces se dice a orillas del Pisuerga o en los aledaños del estadio José Zorrilla que en Valladolid tenemos lo que nos merecemos. No es totalmente cierto, pues el deporte ha dado mucho más de lo que el escaso apoyo popular merecía. Y en eso es en lo único en lo que estoy de acuerdo al 100% con el alcalde, cuando señala: “Se nos llena la boca diciendo que Valladolid es un referente en deporte de élite, pero luego a la hora de verdad muy pocos pagan su abono”. Ahí tiene toda la razón del mundo.

(Imagen: El Norte de Castilla).

Por último, mirando hacia los más desafectos pucelanos, a ellos también les da igual que su Ayuntamiento haya comprometido negligentemente recursos municipales que son de todos los ciudadanos para salvaguardar a un club deportivo en vez de destinarlos a cosas que son mucho más prioritarias, máxime en las dramáticas, casi extremas, condiciones en las que se desarrolla la vida de muchas personas en esta ciudad.

 Pero no me gustaría finalizar este artículo sobre el reparto de culpas respecto a la situación del Club Baloncesto Valladolid sin hacer una referencia emocional, alejada de lo periodístico, tomando prestada una frase que dijo el expresidente Mike Hansen en su despedida: “La culpa no es del club, es de las personas que lo han gestionado y dirigido”. No puedo estar más de acuerdo. Como en tantas otras cosas, Hansen llevaba mucha razón.

Mike Hansen y el exjugador del CB Valladolid, Nacho Martín. (Imagen: El Día de Valladolid).

El club, pese a la mala imagen que se tenga de él, es algo con lo que muchos hemos crecido, que hemos querido y que significa una parte capital de nuestro tiempo de ocio desde que éramos niños. Muchos soñábamos con vestir la camiseta morada y algunos acabamos inesperadamente cubriendo la información que generaba. Jamás imagináramos que esto, a priori tan idílico, pudiera acabar generando tanta tristeza. Pese a ello, todavía seguimos queriéndolo, aunque tenga apariencia de cadáver. Aún peor, de un cadáver esperpéntico que resucita cada sábado en malas pesadillas y baila ridículamente ante el mundo.

Pero sabemos que no tiene la culpa de parecer malo. Es que lo han dibujado así.

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