Made or created in Spain?

¡Esperad, no cerréis el navegador! ¡Por la gloria de mi madre, no os metáis en una página sobre suicidios! ¡Que esta entrada nada tiene que ver con la marca España!. Tampoco se trata de una nueva versión del spot de Campo Frío. No hace falta que asesinéis a nadie. Dejad en paz el cuchillo de vuestra abuela y el picador de hielos. Venga, que ni vosotros sois Anthony Perkins ni vosotras Sharon Stone (si se diera este último caso, entrad en la esquina de esta Buhardilla titulada “Contacto”).

Hecha esta aclaración, sí pretendo hablar de cosas que deberían hacer singulares a este país invadido de un tiempo a esta parte por el low cost, los productos de saldo, las copias con IVA, los minihuevos y las ventosidades de feria.

En efecto, en España no hay creatividad. Ahora ya sabéis porque vuestras parejas siempre os regalan cosas que tienen previa, coetánea, contemporáneamente o en el armario vuestros conocidos y conocidas. Sí, lamentablemente ese es el motivo por el que os parece haber escuchado cientos de veces las mismas frases cada vez que os dejan. Ni siquiera para romper hay ya originalidad en España.

No hay más que ver el Debate sobre el Estado de la Nación. Una sucesión desquiciante de argumentos relamidos cual pelo de Anasagasti –por cierto, a los que visteis a este hombre el otro día en el “Operación Palace” de Jordi Évole, ¿no confirmasteis vuestras sospecha de que en los noventa los asesores estéticos de los políticos debían de ser humoristas en sus ratos libres?– que cada uno podríamos reproducir prácticamente de memoria, representando improvisados sainetes en nuestras casas –probadlo, es divertido–.

He escuchado por ahí a alguno que se consuela pensando que en realidad los discursos parlamentarios españoles sí marcan tendencia, ya que inspiraron a los Wachowsky en su teoría de que los deja vu eran un fallo de Matrix. Dado que España no debe de ser el mundo real –¡no, por Dios!–, eso quiere decir que cada vez que Rajoy o Rubalcaba se suben a la tribuna del Congreso, se cabrea en la sala contigua el gran Francisco Ibáñez (quien sin duda tiene que ser el programador de esta versión defectuosa del país) al comprobar que le van a obligar una vez más a repetir viñetas pasadas. Menos mal que le queda el Profesor Bacterio para dar un poco de creatividad a la cosa, pese a que sus inventos siempre acaben funcionando exactamente al revés de lo que se esperaba.

(Imagen: ojodepez-fancine.net).

Así es, en España se crea, se idea, se innova muy poco. Y lo que es peor, no se arriesga. Sí, se hacen cosas –expresión que usa mucho Rajoy–, pero estas tienen menos elementos distintivos que un Telediario de Televisión Española ¿Nos hemos convertido en un pueblo previsible? ¿Nos han sorbido hasta el último gramo de imaginación?

No lo creo así. Cierto es que atravesamos una época en la que tener ideas propias o proponer algo que rompa con lo establecido es sólo un plato que muchos españoles se quieren comer, pero que casi ninguno es capaz de cocinar. No se puede negar que vivimos una etapa de barreras, obstáculos y represión, tanto por mor de las limitaciones económicas como por la cerrazón y conservadurismo que tienen casi todos los estamentos sociales, principalmente la Administración Pública, a la cual se le suben los cataplines (que decía mi abuelo) a la garganta cada vez que alguien viene con proyectos novedosos. No se apuesta por la investigación, el estudio o la innovación, ni por las artes o las humanidades. Vale, estamos de acuerdo, el panorama no es muy halagüeño.

Sin embargo, no podemos únicamente ceñirnos a esas excusas. Decía el publicista Luis Bassat durante una entrevista en el programa “La Ventana” de la Cadena SER que en los años ochenta España era uno de los países que producía campañas más novedosas y efectivas.

Yo de este tema poco conozco, lo admito, pero sí sé algo de otros ámbitos. Por ejemplo, la música y el cine de la década de Los 80 en España daban mil vueltas en cuanto a originalidad (en general, siempre hay excepciones) a los actuales. Alguno opondrá que por aquel entonces era mucho más fácil crear en esos campos, porque se arrastraba una enorme represión del franquismo y la gente se desmelenó y experimentó todo lo que pudo y más.

El grupo Mecano. (Imagen: http://www.cadena100.es).

Entonces digo yo, ¿tenemos que conformarnos con que en Los 80 desgastamos todas nuestras posibilidades creativas? Eso suena tan conformista como el mensaje oficial del Gobierno: como el país está muy mal y la herencia zapaterista fue vergonzosa, nos conformamos con dejar al país con seis millones de parados y que no se destruyan más puestos de trabajo. Es decir, como en Los 80 se hicieron muchísimos progresos a nivel artístico, es mejor ahora copiar ideas, modelarlas ligeramente y hacerlas parecer nuevas (o ni siquiera realizar ese esfuerzo): lo que una vez funcionó siempre funciona o el conservadurismo a la boloñesa.

(Imagen: todocoleccion.net).

Por otra parte y cambiando de tercio, si tenemos en cuenta la literatura experimental de los años sesenta y setenta, el anterior argumento queda más desvirtuado que los planes generales de ordenación urbana que se hicieron antes de que pinchara la burbuja inmobiliaria. Aún alguno me seguirá discutiendo que aquellas décadas resultaban propicias para la transgresión y que la propia dictadura fomentaba el ingenio a la hora de buscar recovecos contra la censura (algo que por cierto hacían muy bien historietistas como Vázquez o el ya mencionado Ibáñez). Tampoco lo compro.

Precisamente ahora mismo se dan las circunstancias ideales para que surja toda la fuerza creadora que estoy seguro de que tenemos reprimida en las entrañas. Esta es una época de opresión a causa de la crisis económica y en períodos de opresión es precisamente cuando emergen las mayores genialidades, con un sentido a veces heroico, naciendo de la rabia, la rebeldía, el enfado, la tristeza, la inconformidad…

El problema es que nuestra actual actitud colectiva como pueblo es tremendamente grisácea. Vivimos acojonados (sin perdón). Nos parece bien ya casi cualquier cosa, engullimos lo que nos den. Preferimos que nos den un producto que medio funcione, un trabajo precario, un programa basura, un cuadro sin color, un libro de mierda cuya historia es amalgama de otros veinte previos. Es mejor que no nos compliquen más la cabeza, que ya bastante nos la complica la complicadísima situación. Caminamos con miedo, atados cerebralmente a una coyuntura que nos angustia. Hemos perdido totalmente la iniciativa. Están consiguiendo su objetivo de que seamos como robots que fabrican cosas a imagen y semejanza de otras. Como los programas que diseñaban Matrix copiando la civilización humana de finales del siglo XX. Nos han fabricado para no crear.

Es más, nuestro rechazo a lo original llega hasta tal punto que incluso desechamos lo novedoso que hacen otros. Lo que altera nuestra resignación y nos hace reflexionar ya lo desdeñamos. Preferimos lo fácil. No damos oportunidad a que nada trastoque nuestra percepción, aunque sea deprimente. Más vale lo malo conocido…

(Imagen: enseanzadelespaol.blogspot.com).

Esta triste realidad se observa muchísimo incluso en los niños, que prefieren en bastantes ocasiones que los dirijan en un juego o que les digan a qué tienen que jugar antes que crear ellos con su imaginación nuevas posibilidades de diversión, estableciendo y negociando sus propias reglas, disfrutando de su pequeña parcela de autonomía y deseando aumentarla. Muchos echan la culpa de esto a la tecnología. Estoy totalmente en desacuerdo, ya que creo que en gran parte estimula la imaginación, no la coarta. Los niños de ahora son infinitamente más dependientes de lo que lo eran en generaciones anteriores, no tan lejanas. Pero no es de extrañar. Si los adultos carecemos de dicha independencia, ¿cómo van a ser los niños?. Si nos han rasurado el pelaje y se les ha ido la mano con la cuchilla, dejándonos en modo eunucos ¿cómo van a salir los críos?

Decía Luis Bassat que un pueblo sin creatividad es un pueblo que no tiene futuro: una verdad como un templo. Mientras sigamos en esta situación de plagio malo, de remake hollywoodiense, de grupo tributo, de serie con spoilers antes de estrenarse (este caso es tan flagrante que merece tratamiento aparte), de best seller en el que lo único que llama la atención es la portada y la maquetación, tendremos un impedimento más a sumar a los muchos que nos ponen nuestros gobernantes para salir de este agujero negro donde a veces parecemos zambullirnos como si fuera una piscina de aguas fecales casi ya por costumbre.

Debemos recuperar el espíritu de la España que crea. Más allá de la ideología, porque las propuestas rompedoras no tienen sólo porque ceñirse a la rebeldía política o a la crítica social, sino que también se pueden referir al aspecto formal, a la estética o incluso a la calidad. El alma de Delibes, Cela, Juan Goytisolo, Eduardo Mendoza, Luis Martín Santos, Gala, Fernando Fernán Gómez, Enrique Vilas-Mata, Buñuel, Berlanga, Almodóvar, Trueba, Garci, Amenábar, Picasso, Dalí, Juan Gris, Sorolla, Radio Futura, El Último de la Fila, Héroes del Silencio, Los Suaves, La Polla Récords, Barricada, Celtas Cortos, Gabinete Caligari, Mecano, Alaska, Sabina, Serrat, Rosendo y tantos y tantos otros innovadores, cada uno en su estilo, a su manera y dentro de su contexto, que nacieron entre los Pirineos y el Estrecho de Gibraltar, entre el Atlántico, el Mediterráneo y el Cantábrico, en Las Canarias o Las Baleares, durante el último siglo, cuando se produjeron las transformaciones más importantes de la historia de España. Y por supuesto en muchos otros ámbitos de creación, aunque creo honestamente que el del arte es el más importante, porque de ahí pueden brotar las grandes ideas en todos los demás.

(Imagen: diesirae40k.blogspot.com).

De lo contrario, nuestro horizonte es el de un país de folletos reimpresos, de ediciones actualizadas, lleno de Rajoys y Rubalcabas; un Matrix enteramente dedicado a producir Smiths a cambio del salario mínimo (y dando las gracias). En este caso habrá que conservar en formol a Ibáñez para que siga dibujándonos tan patéticos como somos a través de los dos únicos personajes auténtica y eternamente españoles que existen. Pero no nos durará para siempre. Hoy precisamente se fue otro maestro Paco, también gran creador artístico español. Un aviso más. Es urgente el relevo ya.

A crear, España. No nos resignemos a ser la miserable marca España.

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