Mañana será otro día

Ese es el título de la primera novela escrita por una vallisoletana que se esconde bajo el pseudónimo de Viviam Kerr. Se encuentra autopublicado por la propia autora en la plataforma Lulu. El libro –que he de confesar he leído con un ritmo muy alto para el poco tiempo que tengo y que me ha entretenido bastante– me ha hecho plantearme varias reflexiones.

(Imagen: Franckie M).

Para empezar, tengo que decir que no es literatura de altos vuelos, cosa de la que es consciente perfectamente su creadora, ya que creo que en ningún momento su intención ha sido la de escribir con grandes pretensiones ni con una carga de profundidad elevada. Lo cual no quiere decir que no fuera capaz, pues en varios pasajes del libro se nota la mano de alguien que puede ahondar más en la introversión de los personajes, en sus vivencias más personales y ocultas por el frenesí de la historia principal y, en general, en cuestiones que podríamos denominar como más filosóficas.

Sin embargo, la acción pasa por encima de cualquier otro elemento en la obra de Viviam Kerr. Todo sucede a un ritmo veloz, a veces casi delirante, aunque en realidad no haya más trama que una acumulación de situaciones cotidianas que van haciendo evolucionar y desarrollarse a los cinco personajes principales, sobre todo a los dos protagonistas, Derek y Nicole. Esto, lejos de ser malo, resulta muy acertado y es lo que precisamente hace funcionar a la novela de la forma en la que su autora pretende. Una historia que aparentemente puede resultar superflua y muy de “salón de casa” adquiere tintes de verdadero entretenimiento gracias a ese certero pulso al que le somete su creadora. En muchas ocasiones se convierte en una novela increíblemente audiovisual, dado que los diálogos fluyen con muchísima naturalidad, tanto en su forma de expresión como en la manera en la que se intercalan, justo lo que precisa este tipo de relato.

En teoría es una chick lit (variante de la novela romántica orientada principalmente a mujeres jóvenes, etiqueta que me parece detestable), un género que no suelo habitualmente degustar en absoluto, pero reconozco que este libro me ha divertido muchísimo, así que supongo que logra plenamente su objetivo. Ahora bien, creo que, si se lo propone, Viviam Kerr sería capaz de escribir otro tipo de literatura e historias más complejas, pues las pocas veces que se adentra en esos lodos durante el libro sale muy bien parada y sin apenas barro en los zapatos. De hecho, al contrario, afila el lápiz con precisión y suelta no pocas perlas irónicas que sin duda han sido lo que más he valorado de la novela aparte del entretenimiento.

(Imagen: Franckie M.).

Si hablamos del contenido de la obra, destaco varios aspectos muy de actualidad que aparecen reflejados en la novela. En primer lugar, el propio leitmotiv de la novela, que es la relación de amor-odio-amistad-sexo entre Derek y Nicole. Me ha sorprendido el hecho de que está tratada de una forma muy realista, bastante creíble, muy alejada de los parámetros de la típica historia romántica. Aquí todo es bastante más cotidiano, corriente, sencillo, incluso con situaciones que pueden resultar bastante poco “románticas” en el sentido tradicional que se le da a ese adjetivo. Se prescinde de artificios y de melifluos y pastelosos detalles, lo cual es muy de agradecer y dota a la novela de realismo. Además, no la transforma en poco saludable para los lectores (según el subgénero serían sólo lectoras, así que yo me sentiría discriminado), a diferencia de lo que ocurre con muchas obras, tanto literarias como cinematográficas, que tratan el mismo tema de una forma completamente irreal, lo cual genera no pocas frustraciones entre las legiones de seguidores (y seguidoras), quienes pueden llegar a creer que la vida es así e inconscientemente tienen esa expectativa. Esto, que cuadra con mi manera de pensar de siempre y así lo he expresado otras veces en esta Buhardilla, lo señala incluso la propia autora en un momento dado del libro.

(Imagen: Franckie M.).

En segundo lugar, me parece importante destacar la forma en la que Viviam Kerr retrata la vida de los jóvenes en una capital europea como Londres. Allí la crisis no se ha traducido en altísimos niveles de paro juvenil como lo ha hecho en España, pero también existen otro tipo de males. El ritmo de vida es frenético, resulta complicado encontrar un empleo que genere satisfacción laboral y en no pocas ocasiones se hace necesario un segundo empleo precario para complementar los ingresos del principal y así tener un cierto desahogo económico, pese a lo cual es necesario compartir piso. No son problemas tan graves como los que asolan a España, donde la mitad de las personas que cuentan con la edad de los protagonistas están en situación de desempleo y la inmensa mayoría de la otra mitad poseen un trabajo de remuneración ínfima, condiciones que rayan en la explotación, nulo reconocimiento y con escasas posibilidades de mejora o promoción.

En Londres la cosa parece estar mejor, hay opciones y la gente se mueve, aunque tampoco andan para tirar cohetes, pues las dificultades para lograr una estabilidad son grandes, el estrés es muy elevado y hay una continua sensación de que la vida se escapa a trocitos cada día. De ahí que al final la única filosofía sea la de esperar a que llegue el día siguiente, deseando que algo suceda para que las cosas cambien o simplemente seguir sobreviviendo a la vorágine de la vida.

Por último, Viviam Kerr dibuja un Londres bastante frívolo y algo sensacionalista, donde las emociones se exhiben en el escaparate, con una cierta tendencia al histerismo y a la exageración. Es una ciudad donde parece encajar mejor el que más exponga a la luz sus paranoias, debilidades y miedos, y donde socializarse se acaba convirtiendo casi en un ejercicio en el que todos disputan partidos más o menos cortos y acaba ganando el más atrevido y extrovertido. Por eso, dos “bichos raros” como Derek y Nicole (que curiosamente no son originarios de Inglaterra, lo cual no creo que sea un detalle azaroso, sino que pienso que la autora lo ha dibujado así ha propósito) tienen problemas de adaptación y no acaban de sentirse del todo a gusto en determinados momentos y situaciones que para los demás constituyen una fuente de diversión casi inagotable.

Dos almas especiales que se acaban encontrando en un universo tan general como lleno de microcosmos particulares y que, sin concesiones a la galería, sino más bien todo lo contrario, con hosquedad, mucha tirantez y bastantes ganas de putearse mutuamente para ocultar sus verdaderos sentimientos (mucho más a lo español que a lo inglés), se van a la cama pensando el uno en el otro, de una manera u otra y deseando que mañana sea otro día.

(Enlace de Lulu donde se puede ver la sinopsis y descripción de “Mañana será otro día”, así como comprar el libro

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