Más allá de la unión

Te escribo porque hablar contigo no me es posible, ya que desde hace tiempo te comportas esquiva y eres huraña en palabras.

Barajas las cartas con soberbia e impunidad. No sé si te guardas un as en la manga o si les guiñas el ojo a nuestros rivales. Yo intento lanzar un órdago, pero tú te crees que voy de farol. Esperas a que se prolongue mi silencio y sigues jugando desdeñosa.

Siento que te has ido sin irte. Que ya no escuchas las palabras que cada vez fluyen peor por mi boca torpe y asfixiada. Mi garganta se halla estrangulada y solo recibo incomprensión por tu parte. Tengo las cuentas del corazón intervenidas y no sé cómo explicarte que mi cerebro camina torpe porque lo guían lazarillos infames.

Me dices que no has cambiado, que eres la misma, ni ángel ni demonio, más bonita que bella, neutra contra mi pesimismo que te exaspera. Antes te gustaba mi crítica guerrillera y deportiva, mi ironía de lenguas sin peaje en la Torre de Babel de nuestras derrotas.

Quieres que me quede esperando tu regreso inútil como si fuera la loca del muelle de San Blas. Te veo secuestrada por la deriva de un mar traicionero, que nada tiene que ver con el Mediterráneo de Serrat. Escucho de sus olas cambiantes el rumor y me dan ganas de tirarme a nado, para buscarte a golpe de guitarra. Lo siento, preciosa, ya sabes que siempre fui más de rock and roll.

Me hastían tus recortes y tu austeridad, dejándome las migajas de lo poco que me quieres dar. Lo otro, si es que aún existe, dudo si lo derrochas por ahí o lo conservas para mejores tiempos que nunca llegarán.

En tu presupuesto no me das bola, asignas partidas miserables que decides aplicar a conveniencia. Tu gasto público es pura necesidad social básica. Ya no me pasas nada bajo cuerda, ni hablamos en la intimidad. Sólo yo conocía tu contabilidad en negro, tus privados con pocos caracteres. Busco pan y agua en otras, siempre superviviente.

Añoro ese juego lésbico que practicábamos. Nacía de mi mente y de tus maneras, aunque nunca me dejaste rozar más que el empeine de tus fronteras. Lo demás me lo tuve que imaginar, y caí en no pocos orgasmos traidores cuyo recuerdo ahora me hace sangrar en un flujo mal regulado.

Otras veces, viriles los dos, nos peleábamos como si estuviéramos en un tatami, sin golpes bruscos, siempre con el arte marcial de dibujar y avisar, representando obras en ese teatro que tanto te gustaba. Pero nos corrimos a gusto, sin echarnos el semen a la cara.

Eras el sistema operativo que me hablaba con sensualidad en mis ratos de soledad, virtualmente, casi siempre por escrito. Pero te hiciste demasiado lista y mis cartas manuscritas ya no te valieron. Prosaica, despreciaste mi poesía y mis mensajes exagerados, en bucle, como un chat cíclico que se borraba y volvía a su punto de origen.

Lo que más me dolió fue que me concedieras el rescate a cambio de unas condiciones tan duras. Hiciste que me creyera especial y luego me trataste con vulgaridad. Ahora necesito financiación y me cortas el grifo. Añoro el crédito que me vinculaba a ti y me encantaba pagarte, viéndote disfrutar con esos ojos de gata de uñas afiladas que quería ser perra leal.

Tu discurso en ese idioma extraño que no siempre entiendo me decía que éramos muy diferentes, pero jamás dijiste que nos tendríamos que separar. Yo insistía en que nos parecíamos más de lo que creías, sobre todo cuando dejabas que te explorara. Pero nunca te mostraste tan vulnerable como para que descubriera todos tus rincones, tenías miedo de que te invadiera.

Yo era más joven, pero fuiste tú quien vio el impedimento para que nuestros cuerpos desafiaran la triste lógica de las cosas. Reconozco que necesitaba libertad y espacio, pero también requería que me violaras con tu dulzura femenina y me salvaras de la bancarrota a la que me llevaba mi gobierno descontrolado.

Tengo demasiado déficit de besos y abrazos. No sólo procede de ti, pero el tuyo es el único que me importa. Necesito que me folles sin método anticonceptivo, con riesgo, sin miedo a que te niegue el derecho a abortar. Juntos les daremos envidia a los que tratan de censurar nuestra sexualidad. Derrochemos amor y después paguemos los pecados a ese Dios en el que ya no creo.

Querida amiga, mis reproches no significan que no te siga queriendo, aunque continuamente mis órganos se rebelen contra ti. Sabes que mi sangre estaba siempre circulando en tus cavidades cuando dejaba que me penetraras. Pero tenemos demasiados virus particulares que contagian nuestros verdaderos sentimientos.

Siempre fuiste de tiento, ambages y medias tintas, pero tu ambigüedad actual resulta insoportable. Yo no quiero decirte adiós, ni que te vayas lejos. Aún sueño con ese lugar idílico donde derrotábamos juntos a los contrarios, pero necesito una explicación. A tus desplantes, a las corrientes cambiantes de ese río que antes siempre iba encabritado pero en una misma dirección.

Quiero que me digas que aún existe otra opción.

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