La fiesta de los pobres

Se ha proclamado la fiesta del cine y las salas de proyección españolas se han visto repletas de público que ha acudido en masa a glorificar tan estupenda y simpática celebración, en honor del séptimo arte y de sus modestas carteras. Atraídas por la fiebre de los ocho apellidos de las Vascongadas, el capitán de la bandera de las barras y las estrellas y los fabulosos hoteles del antiguo Imperio Austro-Húngaro, las gentes modestas de España se han dirigido con gran entusiasmo a las taquillas para adquirir su entrada al extraordinario precio de 2,90 euros, que han tenido a bien fijar los generosos dueños de los establecimientos cinematográficos durante estos días especiales.

El lujo artístico de las grandes pantallas se ha convertido en algo accesible para los bolsillos de los españoles, que asisten en masa, con los ojos embobados y un brillo en las pupilas, para ver desfilar en la pantalla a sus actores favoritos. Los niños del pueblo español, embelesados por las luchas, aventuras y gestas de sus populares héroes de la construcción con piezas de juguete, han aportado ese toque sutil de alegría tan imprescindible en toda fiesta. Carcajadas, risas contenidas, suspiros de admiración y alguna que otra lágrima, más de dicha que de tristeza, han sido los ingredientes generales de estas excelentes jornadas.

Los empleados de los locales contemplaban atónitos la impresionante marea humana que desfilaba por los pasillos y desafiaba todo recuerdo de sus retinas. Pero lejos de encontrar en esto un motivo de insatisfacción, sus corazones palpitaban de emoción y sonreían con candidez e ilusión al observar que sus convecinos les daban más trabajo de lo habitual. Durante estos días se cansarán de vender entradas, cortarlas y acomodar a los numerosos espectadores de excepción, pero esa fatiga se verá bien recompensada al saber que estarán contribuyendo con su amable trato y sus gestos educados al regocijo de miles de españoles humildes que tienen estos días un motivo para hallar felicidad en sus sencillas existencias.

La magia de las decenas de películas que pueden visionarse por el reducidísimo importe que supone comprar el tiquete será sin duda alguna el tema principal de conversación de muchos ciudadanos españoles esta semana, y alumbrará de forma radiante el devenir de los días venideros, intercambiándose con las abnegadas ocupaciones de las amas de casa en los hogares y los sacrificados esfuerzos de los trabajadores en las industrias que se extienden a lo largo y ancho del territorio patrio y que con su fuerza motora productiva y el poder creativo de empleo posibilitan el que los obreros puedan llevar pan y agua a sus familias.

Y para finalizar esta fantástica noticia, nada mejor que representar paso a paso los emocionantes preámbulos de la proyección, tal y como los están viviendo estos españoles de vida recta y ordinaria: todo el mundo ocupa sus butacas, poco a poco se debilita el poder de las luces, se enciende la majestuosa pantalla, aparecen potentes imágenes en blanco y negro, comienzan a sonar los primeros acordes y…

 

 

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