Cobardía

Cobardía no es renunciar a participar en una pelea. El que deserta no es cobarde, ni valiente el que se enfrenta a las balas. Conversar con el que te ofende antes de soltar hostias no es achantarse.

Valentía la que tú muestras cuando lloras en público por la destrucción de este mundo. Tan temerario eres al correr hacia los morteros como pusilánime cuando acatas órdenes sin rechistar.

Me parece cobarde el que dijo que el mal era parte imprescindible del bien, aquel que aseguró que siempre habría guerras en el planeta, la que no quiso pelear bajo mi cama por pánico a mojar las sábanas.

No eres cobarde cuando me miras fijamente y me escrutas. Eres valiente cuando dejas que te observe y con mi mirada te desnudas. Eres extremadamente cobarde desde que no quieres hablar conmigo porque temes mis verdades y te mata de miedo conocer las tuyas.

Cobardía es cuando te fuiste por fin sin darme la oportunidad de despedirme, porque tenías miedo de decirme las cosas que sentías y de escuchar las que yo ignoraba que creía. Te dije que vinieras a la ducha, pero te acobardaste y no manchaste la cordura.

Ahora nos encontramos de otoños a primaveras y me pones delante tus dientes blancos como si hubiera algo puro en tu forma de tratarme. Yo, cual valiente, ya no te presento mis dudas. Luego me conviertes otra vez en olvido mal digerido, como sólo hacen los espíritus cobardes sin memoria.

A veces mis labios expulsan palabras referidas a ti para dar consejos a aquellos que sufren por cabezas con corazones como la tuya. Me siento valiente cuando retengo el bombeo de nuestra historia, la pongo en la balanza de los aciertos y los errores y desecho las culpas y las excusas cobardes para que las recojan los sentimentales.

Ese que no quiere mirar al futuro para no angustiarse no sólo es cobarde, sino que también llegará tarde a su presente. Tú, que no reconoces el pasado que tuvimos por pánico a añorarlo, además resultas miserable.

Nunca llegarás a la sofisticación del experto en cobardía. Aquel que destiló lágrimas aguadas de cocodrilo en la madrugada del arrepentimiento por su cobardía prehistórica.

Presuntuoso, siempre criticó a quien, cobardemente, no se enfrentaba a las cosas. Inseguro, al menos era medio coherente cuando se confesaba un cobarde con retórica.

La otra traición, la contemporánea, no nos la clavó por detrás para que no pensáramos en rabietas homosexuales; prefirió silencio e indeferencia en vez de pronunciar palabras que nos esforzamos desde entonces en buscar con detalle. Siempre fue un cobarde.

El tren de la cobardía lleva vagones unidos por la saliva de los que babean cada vez que se arriesgan a mirar más allá del cambio de vías. Atribulados, entreabren la boca mientras observan con envidia violenta e inútil la vagoneta que transporta por raíles sin vergüenza sus almas muertas hasta la estación del provecho.

Me da la impresión de haber transitado por una autopista en la que tenía que pagar peaje para llegar a la ciudad de tu cobardía. Quizá a mí también me falten cojones, por no coger la infecta carretera comarcal con destino al pueblo de tus amores.

Así han sido las cosas, y tal cual no las han contado. Quizá por eso que comúnmente llaman sentido de la oportunidad y que yo prefiero denominar simplemente cobardía; he de decir en mi descargo que me he aproximado. Ya sólo no me acojono como un cobarde si nada hago.

Confundo y revengo las palabras a modo de prestidigitador, como un funambulista en la cuerda floja que se defiende de la caída volviéndose un poco vil y retorcido. Aprendí a ser púgil entre el atril, el diván, el papel y las decepciones a las que me sometisteis. Algún día tal vez me guarde de las que vendrán solas. Ese día puede que sea tan cobarde como vosotros y vosotras.

Pon cuatro metáforas de conversación simulada con chorrito y medio de ironía entre dientes. Pulsa  las teclas roídas desde la silla de cocina de tu casa recalentada, mientras las letras aparecen en la pantalla rayada y métete un chute de emoción prefabricada. Serás más valiente que el cobarde y un poco menos cobarde que el valiente.

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