La memoria histórica del rock español

Hoy me voy a alejar un poco de la ironía y de la denuncia para elogiar a otros que han hecho eso mismo y seguramente mejor que yo.

Admiro muchas cosas relacionadas con el arte. Lo malo es que la mayoría pertenecen a épocas pasadas y no a la actual. En esta entrada voy a hacer un merecido homenaje a una de ellas. Se trata de la obra de esos grupos de rock español que en los ochenta y noventa tuvieron las narices de componer y cantar temas cuyas letras resultaban más que profecía una constatación de una realidad que casi nadie veía. En ellos denunciaban la injusticia social, la corrupción política, el empobrecimiento de las clases bajas españolas y la desigualdad. Cosas de las que hoy se habla en todos los lados (y aún así menos probablemente de lo que sería necesario), pero cuya existencia ya tenían muy clara estos trovadores de hace décadas.

Estas canciones tienen hoy una vigencia tremenda, una rabiosa actualidad que a veces casi impresiona, pero todos los medios de comunicación y las presuntas radios musicales, a excepción de Radio 3, se han encargado de silenciar este legado con una eficacia verdaderamente digna de todo aplauso si no fuera por lo que implica. Por desgracia para ellos y para los conglomerados empresariales que establecen sus líneas editoriales, la memoria no se puede borrar del todo, pese a que se empeñen en ello y casi lo consigan. Aunque no somos demasiados, hay personas que hemos seguido escuchando aquellas canciones y las hemos mantenido en nuestro archivo musical.

Pese a que cuando se llega a la edad adulta las personas supuestamente cambian sus gustos musicales y abandonan ese tipo de rock para echarse en brazos de canciones con letras más “profundas y menos adolescentes”, esta burda falacia no siempre funciona con todo el mundo. Los que la proclaman no se dan cuenta de que ambas cosas no son incompatibles y que existe la variedad en los gustos de la gente. Es normal que lo piensen los que son firmes defensores de las etiquetas y categorización de la vida en todos sus aspectos, sin ningún resquicio a la imaginación, la sorpresa, la improvisación o al eclecticismo. Ni por supuesto a la frescura o a la juventud en la vida adulta. Cuadriculados y mediocres seres, se conforman con la inexorable evolución tal y como está marcada por la sociedad.

(Imagen: flickr.com).

La mayoría consideraba a aquellos artistas radicales que iban contra corriente y que sólo cantaban esas cosas para enardecer a los jóvenes que a su vez querían escuchar letras reivindicativas para justificar que eran diferentes. En definitiva, lo hacían para vender. Dudo enormemente que esa fuera su única motivación, pero aunque así hubiera sido eso no cambiaría el tremendo valor de su contribución a la historia musical de este país, tan huérfana como coja. Luego estaba la demagogia barata de los que acusaban a estos músicos de tener una vida resuelta mientras proclamaban todas esas reivindicaciones. Los mismos que piensan que un artista no tiene derecho a gozar de recursos económicos, sino que debe resignarse a la figura del pordiosero callejero que va de pueblo en pueblo sacando la gorra para pedir el favor de burgueses y aristócratas.

Tampoco ayudaba mucho a su buena prensa el que reflejaran en sus canciones la violencia empleada por algunos miembros de las fuerzas de seguridad en manifestaciones y detenciones. Asimismo, se les acusaba de justificar o apoyar sibilinamente al terrorismo etarra. Yo no creo que esto último sea cierto ni mucho menos en toda su amplitud, aunque es posible que en aquel contexto post franquista algunos -solo algunos- de estos grupos se inclinaran con cierta simpatía hacia ETA. Un error, desde luego, en contrapartida con el acierto de reflejar las torturas que con los años se ha demostrado que existían respecto a presos etarras y que por aquel entonces nadie denunciaba. Este tema daría para otro artículo y, en cualquier caso, dicha equivocación, en los casos en los que se produjo, no tapa para nada el tremendo valor de su obra, que, como digo, los medios se han empeñado en oscurecer bajo el polvo del olvido.

Pese a todas estas trabas y dificultades sociales que han sufrido históricamente las bandas de rock de España, muchos lograron tener un amplio éxito de público y comercial que resulta difícil de creer, visto el panorama actual. Aún a día de hoy siguen teniendo cierta acogida, aunque es cierto que la desaparición del poco apoyo mediático que ya entonces tenían ha terminado arrinconándolos y sólo se difunden mediante el boca a boca y normalmente entre gente de cierta edad. Resulta casi imposible que un grupo de rock combativo sea conocido a día de hoy y los pocos que continúan llenando locales en sus conciertos son los mismos que entonces, veteranos que continúan en activo.

Pero no siempre fue así. En base a ese respaldo popular que tuvieron, llegaron a contar  con legiones de seguidores y a construir auténticos himnos que eran coreados por algunos y despreciados por otros, pero conocidos por la mayoría. Y que se pueden repetir ahora, porque es como si el tiempo no sólo no hubiera pasado, sino que a veces parece como si aquellas canciones se hubieran escrito en su día para ser escuchadas ahora con mucha mayor fuerza de la que tuvieron antaño.

Especialmente se me ponen los pelos de punta con ciertas canciones de La Polla Records, el grupo más profético de la historia de la música española. Sus temas hablaban con delicioso sarcasmo y contundencia demoledora de los recortes en gasto público y de la corrupción de políticos y grandes banqueros. Podría citar muchas, pero me quedo con su primer éxito, ¿Y ahora qué? (Soñua, 1983 -con el gobierno socialista recién estrenado, es muy importante hacer hincapié en ello-; “nos vienen con sus rebajas, nos quieren utilizar”), mi canción favorita de la inolvidable banda vasca de punk, disuelta hace muchos años. Aún a día de hoy me quedo estupefacto cuando escucho a Evaristo cantarla con ese estilo maravilloso y reparo en que la lanzaron hace más de treinta años.

(¿Y ahora qué?, La Polla Records, 1983, Soñua). 

Entonces, referirse a estas problemáticas se consideraba un extremo puramente ideológico, una visión utópica y demasiado crítica de la realidad, sin ninguna aplicación práctica. A día de hoy, cuando todos, excepto los ciegos, los imbéciles y los deshumanizados, conocen la existencia de estas prácticas delincuentes, ya no debería ser catalogado como propio de antisistemas entonar estas canciones. Al contrario, tendrían que ser elevadas a la categoría de patrimonio cultural inmaterial del pueblo español.

(Delincuencia, La Polla Records, Amen, 1984, Soñua).

Una España que siempre ha caído en la más ridícula autocomplacencia, mientras grupos como Ska-p se encargaban de bajar los humos desde el escenario. Porque no es cosa del gobierno Rajoy ese triunfalismo por el supuesto auge económico del país en grandes cifras. Ya lo hicieron Felipe González y Zapatero antes que él, y por supuesto el más prepotente de todos los presidentes del gobierno que ha habido en la democracia española, José María Aznar. En España va bien fue ridiculizado por la banda madrileña en un tema legendario y totalmente intemporal, que se puede reproducir palabra por palabra hoy en día (“En esta democracia siempre gobiernan los mismos, sólo cambia el maquillaje (…) Hasta las pelotas de tanta P, de tanta gaviota; de tanto puño, de tanta rosa”).

(España va bien, Ska-p, Eurosis, 1999, BMG Music Spain S. A.).

Cuando muchos escuchaban y saltaban en las discotecas (sí, aunque algunos no lo crean, estas canciones se ponían en grandes locales de ocio, considerados “de pijos”) con las canciones del mencionado grupo, al que yo mismo siempre consideré (de forma errónea) algo extremo y fomentador de la lucha de clases en unos tiempos donde ya no se llevaba, no podían sospechar que sus canciones sobre el sufrimiento de los trabajadores se quedarían incluso cortas para definir la precarización actual de la clase trabajadora. Porque ya no sólo se degradan las condiciones laborales de los obreros tipo El Gato López (1996), grupo que ellos seguramente restringían para quienes realizaban empleos poco cualificados u oficios en la base del proceso productivo.

(El gato López, Ska-p, El Vals del Obrero, 1996, BMG España).

Seguramente los madrileños no podían ni siquiera sospechar que muchos ingenieros, periodistas, técnicos informáticos, arquitectos, médicos, abogados, el pequeño autónomo…  en mayor o menor medida, serían miembros del proletariado definido en su himno El Vals del Obrero (1996). Por otra parte, el enemigo ya no es exactamente ese patrón anacrónico, sino que el empleador que explota sin importarle “si tienes catorce hijos y la abuela no se puede operar” es una figura mucho más difusa en la sociedad actual, a veces muy costosa de identificar: el consejero de las grandes compañías y bancos, el especulador tras los fondos de inversión carroñeros, el político que controla en la sombra conglomerados empresariales y financieros…. Sin embargo, jamás llegó (ni llegará) la revolución como Ska-p celebraba optimistamente. No existe esa conciencia colectiva de grupo. España no está preparada para eso. Es demasiado tradicionalista y el clasismo está excesivamente instalado.

(El Vals del Obrero, Ska-p, El Vals del Obrero, 1996, BMG España).

No obstante, la tragedia del trabajador español fue reflejada de forma todavía más atinada una vez más por los profetas de La Polla Récords en El Obrero: “(…) Impuestos al día, alto interés y crédito rápido, somos la mejor esponja, os lo absorbemos todo; ¡Toma, toma! Nada, que no te engaño. ¡Somos la tía del anuncio! ¡Esta es tu casa! ¡Tenemos la mejor patada para tu culo”. ¿Os suena de algo? ¿Canción escrita en 2014? No. La cantaba Evaristo en 1990, con el país presuntamente envuelto en una nube de euforia, algo habitual en la historia de su catastrófica democracia.

(El obrero, La Polla Records, Los Jubilados, 1990, Ohiuca)

El engaño actual –otro más– está en considerar aquellas consignas como propias de izquierdosos sucios y desarrapados, cuando, como digo, una persona que vive en un barato adosado de una urbanización con dos hijos y que tiene trabajo, o esa otra que tiene una profesión y un pequeño despacho para atender sus obligaciones, pueden también perfectamente sentirse identificados con esas canciones en la actual Hispania.

Una Hispania con resacosix, que decía Mägo de Oz, más heredera que contemporánea de aquellas bandas míticas de rock. La banda del polifacético artista Txus, más centrada siempre en sus críticas a la religión y en su defensa del naturalismo vital que en las injusticias socio-económicas, pero de la que se puede rescatar para este repaso Jesús de Chamberí, una canción muy rompedora e irreverente que denunciaba la opresión que se realizaba en Madrid a los inmigrantes, utilizando como metáfora la figura de Jesucristo.

(Jesús de Chamberí, Mägo de Oz, Jesús de Chamberí, 1996, Locomotive Music).

Aunque sí hablamos de Mägo de Oz y del rock celta, no puedo evitar barrer para casa. Los auténticos maestros de ese estilo en nuestro país, Celtas Cortos, desde mi Pucela capital, han compuesto a lo largo de su trayectoria infinidad de canciones de denuncia y tuvieron la inmensa virtud de que en esta ciudad tradicionalmente asociada con la derecha gustaban a un montón de personas votantes del PP, que acudían a sus conciertos. Será tal vez que algunas verdades (muchas) dirían. Por ejemplo cuando cantaban aquello de Skaparate Nacional, tema que perfectamente podría haber escrito Cifu en el año 2014 cambiando los nombres propios que aparecen por otros. De hecho, es lo que hacen en sus bolos actuales y la pieza funciona a la perfección.

(Skaparate nacional, Celtas Cortos, En estos días inciertos, 1996, DRO).

Pero entonces la mayor parte de los medios de comunicación no tenían la costumbre, tan de moda y bien vista hoy en día, de denunciar las corruptelas de los políticos, y los pocos que lo hacían eran acusados de atacar al sistema o al gobierno. Menos mal que había artistas valientes como Celtas que lo hacían. Conviene hacer ver que aquella leyenda musical se refería originalmente a situaciones vividas durante la última etapa del gobierno socialista de Felipe González. Esto pese a que haya ignorantes que digan que el rock de denuncia siempre critica a los mismos (aplico aquí lo dicho en el España va muy bien de Ska-P). Son los mismos personajillos majetes que se quedan tranquilos en sus sillones engordando la panza y la abulia de sus almas. Observando entre otras cosas como nuestro país supuestamente solidario maltrata a los extranjeros venidos de tierras no tan lejanas ni tan extrañas. Acusación que ya formulaba mi querida banda vallisoletana en el que para mí es su mejor tema de denuncia, El Emigrante (1996), que debería ser puesto durante la comida de fin de semana de cada español racista (que hay muchos) y especialmente en la casa (o en su restaurante predilecto) del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

(El Emigrante (directo 1997), Celtas Cortos, Nos vemos en los bares, 1997, DRO).

Si bien nadie denunció mejor la hipocresía de la caritativa personalidad del pueblo español respecto a la pobreza del Tercer Mundo como Fe de Ratas en su tema Explotación sin Fronteras.

(Explotación sin fronteras, Fe de Ratas, Ratatata… tour, 2002, Santo Grial Producciones).

Lo irónico es que estas canciones en gran medida también resultan vigentes hoy en día para los españoles que viajan forzados y en condiciones pésimas a países del norte de Europa y acaban recurriendo a la beneficencia para subsistir.

Y es que las gentes de esta nuestra tierra herida han visto como se degeneraban progresivamente sus condiciones de vida a todos los niveles. Sin embargo, la pregunta obligada es: ¿realmente se trata de una cosa de ahora? La respuesta es clara: no. Estos grupos hablaban de cosas que han sucedido siempre. No es casualidad que Barricada se refiriera al problema de la vivienda en Okupación o que muchas de estas bandas denunciaran las situaciones de pobreza y de exclusión social en España.

(Okupación, Barricada, No hay tregua, 1990, RCA).

Este país padece un nivel de pobreza endémica, especialmente a nivel infantil, como ha quedado recientemente probado con los datos expuestos por las ONG, que ya hablaban de un escalofriante dato en 2007, último año antes de la crisis: 25% de niños por debajo del umbral de la pobreza (entendida esta no como niños que pasen hambre, sino niños integrados en familias con dificultades para satisfacer sus necesidades alimenticias, de vestido, material escolar, etc.). El problema es que nadie hacía caso a aquellos grupos (lo grave es que a día de hoy muchos tratan de quitar hierro a la situación, pese a haberles explotado en la cara).

(Tu realidad, Reincidentes, Materia Reservada, 1997, Discos Suicidas).

Reincidentes hablaba del cuarto mundo, ese que no se ve, en Tu realidad. Una realidad que los andaluces situaron en las calles de cualquier ciudad española. De barrios chabolistas contrastando con la opulencia a la vuelta de la esquina habló ya el grandísimo Rosendo Mercado con su mítica banda Leño hace la friolera de 35 años, en plena Transición (Sodoma y Chabola, 1979). Mucho más recientemente lo hizo la banda extremeña Sinkope. Su canción Y pare Madrid es una desgarradora (y totalmente realista) visión de la capital realizada en 2006, en la época de la gran euforia zapaterista, cuando supuestamente todo iba mejor que nunca, había dinero a espuertas y el rock combativo ya estaba totalmente aletargado en España. De ahí su tremendo valor.

(Sodoma y Chabola, Leño, Leño, 1979, Chapa/Zafiro).

Sin embargo, voy a permitirme caer en las garras de la predilección como hice con Celtas Cortos antes, esta vez para destacar sobremanera a un grupo que ha reflejado las historias de los parias españoles (y sobre todo de las parias) a lo largo de sus casi treinta años de historia mejor que nadie, con una emoción punzante que hace palpitar el alma. Habló de los reyes del rock gallego, Los Suaves, que han dado lecciones de honestidad en sus temas, hablando sin tapujos y con la mayor crudeza posible de la miseria. Impresionante la letra de Tocando fondo, ambientada en Barcelona y tocando un tema como la muerte en situación de precariedad absoluta, tan de moda en nuestros días. Aunque yo me quedo con El paro (sin empleo). No se puede contar una historia tan auténtica, triste e injusta de una forma más pura, con esa mezcla, a veces difícil en el rock español, entre la elegancia y la sinceridad.

(El Paro (sin empleo), Los Suaves, Esta vida me va a matar, 1982, Sociedad Fonográfica Asturiana).

Y es que la diferencia más grande que existía entre Los Suaves y otros grupos de los que he hablado en este repaso (soy consciente de que muy incompleto, pero me he querido ceñir a lo más representativo), es que aquellos siempre tuvieron muy claro que la vida era así de puñetera y que su única misión era cantarlo, tal vez con exceso de negatividad, sin apenas concesión al optimismo o a la esperanza. Tal vez en ese sentido (sólo en ese) otras bandas pecaron de ingenuidad y tuvieron demasiada fe en la sociedad española. Por ejemplo Reincidentes decían “retirarnos el derecho a discrepar es una misión imposible, la autocrítica y el saber escuchar nos harán indestructibles” (Indestructibles, Reincidentes, 2002). Ska-P alentaba a la sociedad española a no ser tan pasiva en otra profética canción (No te pares, Ska-p, 1996). Aunque esta ausencia de mentalidad para el cambio también se ve fuera de nuestras fronteras, pese a que el grupo de rock asturiano Fe de Ratas, crítico con la globalización cuando todavía todo eran parabienes hacia ella (incluso procedentes de las formaciones políticas con ideología presuntamente de izquierdas) creía que en algún momento se le diría “al especulador, al Banco Mundial, que se ha acabado su tiempo” (Miseria frente a miseria, Fe de Ratas, 2003).

Pero en eso fue en la única cosa en la que se equivocaron. Pronosticaron que la fuerza del pueblo acabaría generando un cambio de situación y no ha sido así. Todo lo contrario, se ha caído en una decadencia aún mayor que aquella que reflejaban en sus canciones. Tal vez en ese sentido dieron en el clavo Eskorbuto cuando compusieron Cerebros Destruidos (“el pasado ha pasado y por él nada hay que hacer; el presente es un fracaso y el futuro no se ve”).

(Cerebros destruidos, Eskorbuto, Anti-todo, 1985, Discos Suicidas).

Dicho lo cual, es importante recordar que en realidad todos estos grupos no fueron visionarios como tales, sino simplemente artistas de verdad, lúcidos, que constataban la realidad tal y como tomaba forma en las capas más ocultas de la sociedad. Sin embargo, este país hipócrita en vez de premiarles por ello los condena al ostracismo para que la gente no escuche sus mensajes, sus proclamas peligrosas para el poder establecido, ocultando su arte porque no lo pueden despreciar. Sólo les queda ignorarlo, como hacen los medios de comunicación y sobre todo las infames radios musicales de este país (salvo Radio 3, de nuevo quiero hacerla justicia), que son las principales culpables de tal crimen cultural. De ese modo su programación robótica consigue con la precisión de un asesino su objetivo, el de no incomodar a los pudientes y a los que controlan los destinos de este país desmoralizado y ataráxico (y los controlan a ellos).

Probablemente tienen ya conseguido dicho logro respecto a las nuevas generaciones, pero la obligación de los que aún recordamos toda esa tremenda cantidad de canciones llenas de espíritu, franqueza, denuncia y muchas de ellas también de calidad artística es transmitírselas, utilizar nuestra memoria en favor de la sociedad, para que el oficialismo no se apropie de la historia y existan versiones divergentes. Al igual que la responsabilidad de los nuevos artistas, la mayor parte de los cuales están totalmente anestesiados en su onírico mundo pop (algún día escribiré un artículo respecto a ello) es continuar su legado y no dejar que sigan siendo los grupos de siempre que aún sobreviven los que cuenten las verdades de lo que ocurre en este pueblo al que muchos queremos todavía y por cuyo indecente maltrato histórico lloramos cada día.

Para que algún día, no sé cuando, en un futuro incierto, la fuerza del pueblo español sea irresistible. Para que haya una sociedad mejor que la actual levantándose en masa y, utilizando sus derechos ciudadanos, luche con la música como arma y venza. Y grite con fuerza: No nos podrán parar.

(No nos podrán parar, Celtas Cortos, Nos vemos en los bares, 1997, DRO).

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2 respuestas a La memoria histórica del rock español

  1. Tony Otabalea dijo:

    Esos grupos que nombras es que me parecen mediocres ya de por si y el rock español nefasto en general , entonces…….

    • alber4 dijo:

      Siento no haberte respondido antes. Me gusta contestar a todos los comentarios, pero llevo una temporada algo descuidado, debo mejorar eso. Decirte que te agradezco que hayas leído el artículo y tu valoración sobre los grupos, aunque evidentemente no la comparto en absoluto. Pero, como bien dice el dicho, para gustos hicieron los colores. Ahora bien, una cosa es que no te gusten esas bandas y otra que objetivamente tengan calidad. Muchos la tienen. Creo que eso está fuera de discusión. Un saludo.

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