Gracias

Hoy quiero dar gracias. Celebrar en voz baja mi humilde camino. Sin aspavientos ni euforias, sólo con unas simples palabras. Sin exageraciones, no de una forma estrambótica. Pero con franqueza y sentimiento; dominado por el sentido.

Doy gracias por haber nacido en el seno de una familia y al calor de un hogar. No era la mejor del mundo (tal cosa no es posible más que en la imaginación y en el forofismo). Ninguna lo es. Pero fue buena. Muy buena con sus miles de defectos intrascendentes. Y ha sido la mejor que pudo ser.

Digo gracias por haber tenido unos padres que me demostraron su cariño desde que me concibieron en su mente. No fueron los mejores del mundo; tal cosa sólo resulta factible en la hipótesis y el radicalismo. Pero fueron buenos. Muy buenos dentro de sus limitadas posibilidades. Y en algunas cosas han sido mucho mejores que otros. Por eso, les doy mil veces gracias.

Les doy gracias a ellos de forma reiterativa. Lo que soy, en un alto porcentaje de mi estimada y modesta autovaloración, también es en gran medida herencia de ese matrimonio tradicional y repleto de leves imperfecciones. A esos dos seres humanos que un día decidieron crearme por amor y no porque les urgiera la exigencia del guión mundano. Sin entrar en profundas consideraciones, pienso que la cosa les podía haber salido peor.

Grito gracias por haber tenido abuelos que me intentaron transmitir sabiduría popular, tan alejada de libros, pantallas y portales web. Conocimiento vasto y simple a la vez sobre la existencia, que no sé si he sido capaz de asimilar. Invadido por la sociedad de la información y por la entelequia del conocimiento, tal vez haya perdido esa esencia que ellos valerosamente todavía hoy, con diferentes pieles, tratan de hacer llegar a mi saturado espíritu. Lucha inconsciente, ¿cómo no voy a estar agradecido?

Siento que debo dar gracias, dado que es imposible no traspasar genéticamente parte de todo el amor que esas dos parejas referentes en mi caminar se profesaron. Espero llevarlo con más gloria que pena y destilarlo, como el buen vino, en regalos hacia los demás que vayan sumando virtud y calidad con el paso del tiempo. Y que, de esa forma, sin presuntuosidad ni arrogancia, se me dé gracias por ello, pues no hay mayor presente.

Exactamente igual que yo hoy las expreso en alto no porque tocara, sino por necesidad, que me atacó de improviso y por sorpresa sin esperarlo.

Porque vi como tú no podías dar las gracias por nada, aunque confieso que me esforcé en que lo hicieras. Para que entre tus lágrimas desesperadas, más allá de la rabia que te iba consumiendo durante la noche infernal, despertase un brote de agradecimiento a esta vida que tan poco te ha dado. No sé si con ingenuidad o racionalidad; ignoro si fue debido a ese cariño que agradezco llevar alojado o simplemente porque no puedo ser de otra manera; pero intenté que me dieras las gracias por estar ahí a tu lado después de no haber tenido que intentar estarlo, porque siempre lo quise.

Me diste gracias en el desgarrador sufrimiento de una madrugada insólita y febril, desquiciada y asfixiante por encima de la angustia; durante esas horas en las que la ansiedad se convirtió en un papel charol y dio paso al pánico mortal como garante de que seguías latiendo, aunque desearas morir. Pero viviste en esa eternidad oscura de la habitación destrozada, en tu enfermedad de la puerta sin pestillo, entre los ensordecedores aullidos de odio de un animal monstruoso que asustaba al tuyo, siempre fiel y nunca hostil.

Pero ahora que hasta para mí salió el sol y el día nuevo comenzó con esa esperanza de la que tanto te hablé, soy yo quien te doy las gracias. Porque me hiciste ver que podía dar gracias a la vida, que no me ha dado tanto (como cantaba Cortez y replicaba mi abuelo), pero que sí me ha dado tanto de lo poco valioso.

Gracias por dejarme entrar a través de tu cerrojo, por hacerme despertar de mi letárgica apatía emocional, por impedirme dormir sabiendo que al día siguiente podría hacerlo contigo sobre la Tierra.

Y, así, descansar con la tranquilidad del que puede dar gracias…

 

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Una respuesta a Gracias

  1. Carmen dijo:

    Esta entrada, solo la puede escribir una persona sabia. Capaz de pararse de vez en cuando en el camino. Sentarse enfrente y observar la prisa de la vida. Pero tú, no dibujas la perspectiva (ese recreo de profundidad) sino que la sientes y escribes con palabras preciosísimas, ¡como no puede ser de otra manera!. Das sentido al camino andado, para volver a retomarlo.
    ¡¡Enhorabuena por esta entrada tan valiosa!!

    Carmen.

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