Ni libertad ni felicidad

“Les damos felicidad y a cambio ellos nos dan autoridad”.

Estas palabras, que podían haber sido pronunciadas en su día perfectamente por Hobbes o por el líder de cualquier régimen autoritario salen de la boca del Fumador, célebre personaje de la mítica serie Expediente X, entremezclándose con el humo de uno de sus eternos cigarrillos Morley.

El Fumador. (Imagen: mundovodevil.blogspot.com).

Sin embargo, ni mucho menos son humo. Resumen la esencia de la civilización occidental tal y como fue concebida desde que las pseudo democracias se generalizaron en los diferentes países. El derecho a votar cada cuatro años y a mirar impávido durante los intermedios. Como si se invirtiera el desarrollo de un encuentro deportivo y lo verdaderamente relevante se sustanciara durante los descansos, mientras que el partido en sí no contuviera más que las migajas para justificar el espectáculo.

“La autoridad para despojarles de su libertad con la excusa de la democracia”, le replica Jeremiah Smith al Fumador. Pero no hay que olvidar que este siniestro individuo ni siquiera ha sido elegido en las urnas. Es el arquetipo del gobernante en la sombra, la encarnación de los legendarios hombres de negro, que en la actualidad no se dedican a lavar el cerebro de la población para ocultarles la verdad sobre la existencia de extraterrestres, sino para sojuzgarlos con su dictadura económica.

Parece que en ambos casos se trata de lo mismo, del robo de la libertad justificado en la presunta incapacidad de la ciudadanía para disfrutar de ella. “Aunque ya no crean en Dios, lo temen, porque temen la libertad”. El Estado Policial oculto en las rendijas de la ley, tan típico del sistema americano y cuyos peores defectos ha exportado la dictatorial Unión Europea, en la que el pueblo no tiene potestad para decidir prácticamente nada. Un conjunto de Estados sometidos a una autoridad difusa que en la mayor parte de las ocasiones ni siquiera se sabe quien es. Aunque posiblemente no diste mucho de la imagen anacrónica de ese sujeto del subterfugio, que siempre aparece entre penumbras y habla con ese rictus irónico y flemático, aparentemente imposible de descomponer. La única diferencia aparente probablemente resida en que el Fumador de estos tiempos tal vez ni siquiera fume. O puede que use cigarrillo electrónico y dé chupadas al vil metal. Ni los fumadores son lo que eran.

Jeremiah Smith. (Imagen: mundovodevil.blogspot.com).

Sin embargo, existe otra separación fundamental entre aquel contexto y el que actualmente nos engloba. A los que ostentan la autoridad no les bastaba con arrebatar la libertad de la masa. Necesitaban también su felicidad engañosa. Era necesaria para completar el proceso. Esta colonización no es la de una presunta nueva raza genéticamente creada para la ocasión, híbrido entre humano y alienígena, sino algo mucho más prosaico. También se trata de la invasión de una nueva forma de vida, pero en el sentido social del término. La miseria económica, la desesperanza y la precariedad de muchos millones de personas en contraste con la opulencia de unos pocos miles.

Lógicamente para que la ecuación se completara resultaba preciso mantener una especie de semi bienestar. Tan falso como el propuesto por el Fumador pero mucho menos intenso. Aunque igualmente efectivo para mantener el contrato social del que hablaba Hobbes. La clave la da el propio personaje. “Apaciguamos su conciencia. Quien pueda apaciguar la conciencia de un hombre puede arrebatarle su libertad”. Lo que no se planteó es que también se podía usurpar la felicidad de muchos con las mismas armas: haciendo creer a otros tantos que la continuaban preservando. Apaciguando su conciencia. El adormecimiento de la deteriorada clase media y los desperdicios que le quedan a la clase baja para seguir subsistiendo completan el rompecabezas perfecto del engaño, tan bien urdido, con tanta astucia y maldad, que ni siquiera el carismático villano de Expediente X lo hubiera podido trazar mejor. Lo nunca imaginado. El Fumador rebajado a la categoría de aficionado por los estafadores contemporáneos. Con lo bien que estábamos cuando sólo nos ocultaban la verdad sobre esos seres verdes que con tanto afán perseguía Fox Mulder y con cada vez menor determinación negaba Dana Scully.

Dana Scully y Fox Mulder. (Imagen: http://www.20minutos.es).

Me entran ganas de fumar ahora mismo, de pegar caladas a ese cilindro recubierto de papel, dejar que la nicotina penetre por mis pulmones y se adueñe de mi voluntad viciosa. ¿De qué se trata más que de eso? El trueque metafórico que encierra el acto de darle al pitillo resulta perfecto. Hurta la libertad del ciudadano, pues se apodera de todos sus deseos y le constriñe a su necesidad, le otorga una efímera e infantil felicidad –chupa niño, chupa– con un toque de refinación adulta y, a cambio, mediante su pago, se financia, vía desorbitantes impuestos indirectos, el sistema autoritario. Ese mismo que se esconde tras el humo que exhala mi boca mientras pronuncio las palabras que escribo en alto, como un delirante y encantador perturbado feliz.

Luego de pronto caigo en la cuenta de que carezco de la guita necesaria para comprar una cajetilla, ni siquiera un paquete de liar, y que ya no le puedo soltar al del kiosko “dame un cilindrín, fotero”, pues hace más años de los que puedo recordar que no los vende sueltos. Entonces, con infelicidad en el paladar, huelo al alquitrán procedente de las obras que hay un par de calles más allá de mi casa y empiezo a sudar como un gorrino, en la tarde de un sábado en la que todavía me queda darme un paseo para sentirme más o menos libre.

Lo peor es que cuando salgo me cruzo con varios vehículos de propaganda electoral, con sus melodías harto conocidas y las cantinelas distorsionadas de megáfono que salen de sus altavoces.

Pienso que dentro de unas semanas tendré que meter mi papelito en las urnas. Con un poco de suerte, algo de ingenio y caridad ajena tal vez lo pueda usar para liarme un cigarrillo. Y quizá me sienta por unos minutos engañosamente feliz.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Internacional, Política, Reflexiones y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s