La noche de los abs

La historia, esa rama del conocimiento gracias a la cual se conocen los hechos pasados, seguramente no hará justicia a la verdad sobre lo ocurrido en la noche de las elecciones europeas del 25-M.

Los medios de comunicación, que normalmente son la referencia principal en la que se basan los cronistas de época a la hora de relatar los acontecimientos históricos, se han encargado de destacar el castigo al bipartidismo en España. En efecto, este se ha producido, pero no de una forma tan brutal como en otros países de Europa, donde la división entre conservadores y progresistas (en España representados tradicionalmente por PP y PSOE) ha quedado realmente desvirtuada.

Elena Valenciano y Miguel Arias Cañete, números 1 de PP y PSOE en las elecciones europeas del 25-m. (Imagen: http://www.tribunazamora.com).

En el país de la bandera rojigüalda, pese al tremendo varapalo, continúa habiendo una mayoría bipartidista entre los electores efectivos, que les han concedido la absolución pese a sus innumerables pecados. De acuerdo que perder más de 5 millones de votos es un auténtico descalabro, pero aún así continúa habiendo más de 7 millones y medio de españoles que les dan su confianza y aplauden su gestión. Si se tiene en cuenta que son las dos formaciones que han arruinado España, deteriorado la vida de una gran parte de la ciudadanía a lo largo y ancho de sus penosos gobiernos (y no sólo los dos últimos) e infectado de corrupción la vida política y pública española, riéndose en la cara de un pueblo desanimado y maltratado, en realidad los resultados se podrían leer más como un éxito que como un fracaso. Si el comportamiento político ciudadano se rigiera por parámetros coherentes, deberían haber sido completamente borrados del mapa.

Por todo ello, se puede decir que el fenómeno del desplazamiento del voto hacia otras fuerzas es muy relevante, pero, si lo contextualizamos, no tanto como hacen ver los medios. Además, excepto en el caso de Podemos, el crecimiento, aunque haya existido, no ha sido tan espectacular como habría cabido esperar dado el desmoronamiento de el PP y PSOE. Probablemente UPyD, Izquierda Plural y Ciudadanos no estén tan contentos en su interior como se muestran hacia el exterior.

Pablo Iglesias, líder de Podemos. (Imagen: http://www.elmundo.es).

El verdadero esqueje de estos comicios es la abstención. Resulta ridículo que ningún medio la destaque sólo porque haya sido mucho menor de lo que se esperaba, máxime cuando se han pasado semanas alarmando a la opinión pública sobre su posible disparo. Parece que el hecho de que la participación se haya mantenido en los lamentables niveles de las anteriores europeas (un punto porcentual superior) justifica la complacencia, traducida en el silencio de las informaciones.

El hecho de que vote bastante menos de la mitad de la población llamada a las urnas resulta escandaloso y convierte en espuria la supuesta legitimidad de los representantes elegidos. Sin embargo, esto no se remarca en las páginas de periódicos ni en los micrófonos de las radios ni ante las cámaras de televisión. Los mismos lugares donde se ha demonizado por completo en los últimos días la actitud de no acudir a los colegios electorales, como si fuese una irresponsabilidad gravísima. Obviando que igual de democrática es la opción de votar que la de no votar, pues con esta última se está también emitiendo un mensaje igualmente democrático: el descontento con la clase política, que en España es mayor que el respaldo.

No deja de ser curiosa la línea editorial de los mass media con gran difusión en España, autoerigidos en garantes del actual sistema democrático representativo. El mismo que trata de concienciar a los ciudadanos de que tienen el deber y la obligación de votar cada x número de años (cinco en el caso del Parlamento Europeo), pero ningún derecho a decidir absolutamente nada en los períodos intermedios. El entramado que justifica la entrega del cheque en blanco a los grupos parlamentarios para que hagan y deshagan a su antojo, amparados en el supuesto conocimiento del público sobre los planes y programas políticos con los que concurren a la carrera electoral.

El Parlamento Europeo. (Imagen: Wikipedia).

En realidad, esto se parece a una especie de absolutismo democrático, que en lo que respecta a la UE toma un empaque aún mayor, dada la tremenda diseminación que existe en cuanto al peso de las responsabilidades entre los diferentes órganos que componen el supraestado con sede en Bruselas. Por mucho que se les venda la moto a los ciudadanos diciéndoles que las elecciones europeas tienen mucha importancia y que se les recuerde que el Parlamento Europeo elige al presidente de la Comisión, cualquier persona que tenga unos mínimos conocimientos sobre Derecho Europeo sabe que la UE arrastra desde su creación un tremendo déficit democrático, aunque se haya intentado paliar con parches a lo largo de los años, aumentando la capacidad decisoria del Parlamento.

Para colmo de antidemocracia, los resultados globales en todo el territorio UE dan cabida a un posible pacto entre Partido Popular y Partido Socialista, que algunos califican de absurdez, aunque en el fondo es absolutamente… lógico. Ya lo anticipó Felipe González en el programa El Objetivo, que dirige Ana Pastor. Es muy probable que tanto populares como socialistas consideren que la única manera de combatir a un enemigo desconocido e inesperado es pactar con tu rival tradicional. Además, no hay que olvidar que las diferencias ideológicas entre uno y otro partido mayoritario son puramente de discurso y apariencia, más formales que de fondo, por mucho que los votantes de uno y otro se empeñen en argumentar lo contrario y sus miembros entonen el “no es lo mismo” cada vez que tienen oportunidad.

Cañete y Valenciano antes del debate que protagonizaron en TVE. (Imagen: http://www.infolibre.es).

En realidad, cabe pensar que ayer noche, a intempestivas y vampíricas horas, decidieron que sus problemas se resolvían como casi siempre con un mero cálculo estadístico, fuera aparte de los estúpidos sentimientos de sus ingenuos votantes. Trazaron un eje de coordenadas y otro de abscisas, los gráficos se presentaron en Power Point, levantaron de la cama a Cristóbal Montoro para que ejerciera de maestro de ceremonias y entonces los dos grandes partidos se dieron cuenta de que sus curvas son tan descendentes y similares que están destinadas irremediablemente a encontrarse. La reunión finalizó frisando el alba, a una hora temprana para el deseo y ya muy tardía para el amor; cuando ladraban los perros del amanecer, entraba en el metro el exhibicionista, lloraba el eyaculador precoz y se masturbaba la telefonista. Lo irónico es que el maestro Sabina, creador de todos estos versos y tan amante de los excesos, es del Atlético de Madrid, mientras que Rajoy y Rubalcaba son madridistas y el sábado abandonaron la abstinencia. (¿Lo celebrarían con unos chupitos de absenta?). Erre que erre.

Rajoy y Rubalcaba en mayo de 2012. (Imagen: rokambol.com).

Incluso cabe pensar que tal vez este último, con una risotada tan siniestra como su trayectoria política, mientras aullaba entre exultante, rabioso y vengativo, cual Denis en París, ideara entre sombras el farol de que deja de ser líder de los socialistas españoles con el único fin de enmascarar su absentismo laboral. En base a ello, a partir de ahora quizá ejerza su rol sin aparecer por Ferraz, no vaya a ser que se le vea demasiado y el PSOE tenga que cambiar sus siglas por las de RIPSOE.

Entretanto, al tiempo que todo eso pasaba, varios millones de españoles, absortos en sus cavilaciones desesperanzadas, se esforzaban en sobrevivir una noche de domingo más. Combatiendo por las calles o en los hogares; iluminados levemente por el titilar de las velas, ante las pantallas apagadas o rotas; abrazados por debajo de las mantas. Incluso algunos testigos cuentan, casi como si fuera leyenda, que un solitario caminante, según alguien ángel de la guarda, aún quemaba el asfalto de la ciudad a esas horas tardías en las que ya no quedaba tiempo para nada y al mismo tiempo quedaba todo por hacer. Sin poder abstraerse de sus preocupaciones privadas. Reflexionando sobre su ya inevitable abstención pública. Rogando por poder dejar algún día de ser abstemio. Pidiendo a un Dios en el que no creía la absolución para los inocentes.

Aseguran que, en un momento dado, se le escapó una risa dedicada a la absurda tragicomedia de la vida.

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