Del canguro al candirú

No suelo tener demasiada buena memoria respecto a las cosas del pasado, pero hay determinadas cosas que sí que se me quedan grabadas, especialmente si están unidas a la música. Me acuerdo como si fuera ahora de aquella campaña publicitaria del Banco Central Hispano que emitían a todas horas en televisión durante el Mundial de Fútbol de Estados Unidos 1994 y en la que el protagonista era un canguro. Quien piense al leer el titular y esta introducción que voy a hablar de desastres mundialistas de reciente perpetración, anda bastante despistado. Ni siquiera he visto un solo partido de ese grupo de millonarios ignorantes que aseguran que han representado al país durante dos lustros. No, la piltrafa de la que hablo tiene que ver con la parte más mercantilista de aquel simpático canguro bancario.

Canguro Central Hispano ABC

Canguro Central Hispano Mundo Deportivo

El animal y la canción (por cierto, he descubierto que Rafaella Carrá la cantaba e incluso aparecía en una primitiva versión del spot), cuya letra había sido escrita ex proceso para el anuncio sobre la melodía de la mítica Diamonds are a girl´s best friend que tan famosa hizo Marylin Monroe, eran los protagonistas casi absolutos. Sin embargo, el verdadero objetivo era anunciar una cuenta de ahorro, si bien por aquel entonces se utilizaba otro lenguaje bancario, hoy en día sólo empleado por las personas mayores. “Y esta es la libreta Central Hispano la que da un alto interés y un gran sorteo cada mes. Prepárese a disfrutar con todo lo que va a sortear. Con este canguro, ganar es seguro ¡A Central Hispano ya!”. Se me van los pies.

Esto, que procede de la Prehistoria bancaria española (el Banco Central Hispano fue absorbido hace muchos años por el Santander), resulta en realidad muy significativo. Aunque lógicamente el mensaje iba dirigido a nuestros padres, resulta curioso como ya desde niños nos metían hasta en la sopa las bondades del sistema financiero, en el que se podía confiar a pies juntillas, vinculándolo con algo que levanta tantas pasiones infantiles como es el fútbol.

El simbolismo del canguro estaba realmente bien escogido. Un animal del que emana una importante sensación de fiabilidad. Se le relaciona con la idea de protector y depositario de bienes, e incluso de transportador de los mismos. Parece que en su bolsa podemos tener bien resguardados nuestros ahorros. Nosotros, como chavales que éramos, podíamos pensar sin ser descabellado que resultaba algo normal que los españoles y las españolas tuviéramos moneditas y billetitos que guardar en los bancos, aunque lo que nos importaba de verdad eran los goles que pudieran meter Caminero, Julio Salinas y compañía. Lo cual no fue óbice para que nos quedáramos todos con la cancioncita del anuncio y con el entrañable animalito.

Alineación de la selección española en uno de los partidos del Mundial de Estados Unidos 1994. (Imagen: bandejadeplata.com).

Éramos ajenos, tras nuestra inocencia pueril, de que ya se estaba gestando el gran fraude cuyas consecuencias serían la conversión de nuestro país en un estercolero laboral, las cuales sufriríamos muchos de nosotros unos cuantos años después. Obviamente esto no se produjo específicamente a través del canguro del Central Hispano (figura a la que inevitablemente siempre tendré cierto afecto, pese a su componente financiero). El sistema en sí estaba ya podrido y las bases para la construcción del terrenito de extensión libre, sin picotas delimitantes y derecho a la libre invasión de las vidas de los españoles, ya se hallaba perfectamente planeado e incluso me atrevería a decidir que erigido. Pues en realidad esta nación se diseñó torcidamente desde tiempos inmemoriales.

Si alguien piensa que la situación actual es fruto de los desmanes de los últimos años y culpa exclusiva de los dos gobiernos anteriores al actual (que es cima de la barbarie antidemocrática pero tal vez no del despropósito en la gestión), se equivoca de medio a medio. España siempre ha sido un paraíso para la estafa, la corrupción y el engaño. Lo único que hizo la democracia fue posibilitar su extensión. No sólo fue culpa de la casta política, como dice por ahí alguno. Ni mucho menos. No negaré yo que los gestores de la vida pública y sus señores bancarios (figuras que coincidieron en las cajas de ahorro) ostentan la principal responsabilidad en la eterna degradación de las condiciones de vida de este país, pero me fastidia esa tendencia a escurrir el bulto que tienen muchos ciudadanos de esta tierra donde tanto se ha sembrado el egoísmo, el rencor y la insolidaridad.

De izquierda a derecha: Felipe González, Mariano Rajoy, Juan Carlos I, José Luis Rodríguez Zapatero y José María Aznar. (Imagen: bossuchannel.files.wordpress.com).

Obviamente, no todos los españoles y españolas echaron un polvo para fecundar al monstruo (aunque todos en pequeña medida, posiblemente sin intención, alimentaron a la criatura) y de hecho esos que intentaron llevar la honestidad por bandera son los que han ido cayendo en las fauces del engendro. También lo hicieron aquellos que pensaron y se plantearon que había otros caminos, en definitiva los que trataron de ir un poco contra corriente. Igualmente los que tuvieron inquietudes intelectuales, ambición virtuosa o trataron de arriesgar y crear.

Por el contrario los que buscaron ardides para que la bolsa de su canguro se hiciera cada vez más gorda fueron los vencedores en esa guerra sin armas. Como en el anuncio de la libreta Central Hispano, buscaban el interés más alto con el menor esfuerzo posible. Daba igual el precio. A muchos jamás les importó un bledo. Y dudo mucho que los mismos a quienes no les preocupaba entonces hayan aprendido algo ahora pese al cataclismo. Básicamente porque la mayoría de ellos no padecen sus efectos y probablemente nunca los sufrirán. La perspectiva que algunos tienen respecto a la crisis económica española (muy distinta en mi opinión a la mundial, pese a que esta última fuese su detonante, pero jamás su causa; en cualquier caso, esto sería objeto de otro artículo) está para mí tremendamente distorsionada.

Hace mucho tiempo que no veo anuncios de depósitos que otorgan alta rentabilidad, aunque no tengo duda alguna de que en no demasiado tiempo volverán a proliferar. Sin embargo, la única diferencia que existirá entre aquella publicidad de espíritu mundialista y la nueva que se creará (además de que la selección española no puede atribuir su eliminación mundialista de 2014 a la injusticia arbitral ni a la mala suerte como hace 20 años, sino al ridículo estrepitoso; bien es cierto que ahora tiene un título mundial y dos europeos recientes) es que cambiará la forma de contarlo y que el espectro de población al que se dirigirá será menos numeroso. Pero los perfiles no variarán un ápice.

Abundancia de Prozac para la crisis (Imagen: diariodemallorca.es).

Serán los progenitores de los niños de clase media-alta (los de la alta juegan otro mundial), que aunque no habrá tantos como en los años noventa, seguirá habiéndolos. Mientras tanto, los padres de los niños de clase media-baja y baja (que ya había muchos entonces, aunque sólo hacían por enterarse de ello los artistas y especialmente los grupos de rock y punk), continuarán mirando al canguro como quien observa a un saltimbanqui que parece estar mofándose del personal. “Prepárese a disfrutar”. Sus niños, por no perder las buenas costumbres, repetirán la sintonía de turno y la retendrán en su imaginario colectivo. Y soñarán con los goles de sus ídolos y con levantar un trofeo mundialista, aunque tal vez cuando eso suceda ya no estarán preparados para disfrutarlo, como nos sucedió a nosotros. Tal vez escriban un artículo parecido a este dentro de unos años cuando sean adultos. Y tanto estos como un número indefinido de los otros críos (esos cuyos progenitores sí tenían ahorros para buscar el alto interés) se examinarán los unos a los otros, con sus miradas perdidas, alguna que otra tara psicológica y una despensa llena de Trankimazin y Prozac recetados con copago del 80%, recordando al canguro. Y deseando ser ellos quienes vayan en su bolsa, protegidos.

Lo malo es que el animal también fue una engañifa. En realidad se trataba de otra especie mucho más exótica: el candirú, parasitario pez que habita en el Amazonas y que se introduce en los genitales o en el ano del ser humano (en nuestro caso, por el sector rectal hispano), abre sus espinas y chupa la sangre de su huésped.

El candirú. (Imagen: unpaseoporlazoologia.blogspot.com)

Me lo imagino cantando al realizar su ritual: ganar es seguro.

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