Fecundación por abducción

La agente Dana Scully, interpretada por Gilliam Anderson. (Imagen: wikimedia.org).

Quien fuese seguidor de la mítica serie de televisión Expediente X probablemente haya asociado enseguida el titular con cierto suceso acaecido en la trama de aquella ficción inolvidable. Scully fue secuestrada –¿abducida por extraterrestres o por orden del gobierno de los Estados Unidos?– y se le practicaron pruebas médicas que dieron como resultado en un principio la imposibilidad de concebir hijos. Sin embargo, al mismo tiempo se le extrajeron óvulos para desarrollar embriones y gestar fetos en un centro experimental de alta tecnología sin implantación en el útero materno.

Pese a los tintes conspiranoicos y de ciencia ficción que tal relato trae consigo, esta podría ser una buena solución para aquellos españoles y españolas que deseen tener hijos y no hayan construido ni proyectado un núcleo familiar tradicional formado por varón y hembra, e incluso tal vez gozosos o sufrientes de vivienda en propiedad o alquiler y un trabajo medianamente inestable (y que la fuerza los acompañe).

Si pertenecéis a cualquier otro ámbito, conjunto o grupúsculo de población, chungo habéis de saber que lo tenéis. Gays, lesbianas, padres y madres singles heterosexuales, nadie os dijo que esto fuera fácil. En España tradicionalmente se os han sajado las alas de la maternidad y paternidad. No obstante, el recorrido para que llegarais a ser padres o madres resultaba relativamente abordable.

Ahora es como lanzarse a hacer una prueba de trial.

Y es que no contabais con su astucia, la del gobierno de Rajoy para plantear dificultades en el diario trasegar de las vidas españolas.

Vale que siguen quedando vías abiertas por las que incluso puede llegar a escaparse suero. Pero su transitabilidad cada vez se asemeja más a la de los caminos que llevan a Borricón de Arriba, donde siempre hay un tío Berzas cuyo sobrino es Mortadelo.

La adopción, por ejemplo, que ya de por sí tiene el fallo de la ausencia de traspaso hereditario al infante, implica una serie tan extensa de requisitos y un procedimiento tan farragoso que muchos desisten antes siquiera de planteárselo. Como los tiempos han cambiado, ya no se puede tirar de talonario como antaño, cuando más de uno y de una entregaba el pertinente cheque-bebé a las monjitas.

Pareja gay con su bebé. (Imagen: gaiespana.com).

Por otra parte, esta opción es territorio acotado para los que acrediten ser estables de mente y de cartera, según estimación administrativa. En España no se sabe muy bien cuál es el número exacto que queda de los de la primera especie, mientras que el crecimiento de los de la segunda clase se encuentra en cuarentena. Más o menos va a coro con la competitividad, inclusive quizá la de la raza, pues se rumorea, ya que el artículo va de nuevas camadas, que la española aventajará en físico dentro de unas generaciones a las procedentes de África, por varias razones que no viene al caso ahora explicar pero que cada uno podrá adivinar según su propia percepción de la realidad cívico-laboral-transgénica del terruño rojigüalda.

Cuestiones genético-económicas aparte, si tú no eres de esos o de esas que puede lucir palmito mientras el empleado público o la funcionaria te revisan la documentación que acredita tu situación económico-financiera-laboral-social-religiosa, mejor que pienses en otros senderos menos pedregosos.

Antes, en base a la Ley 14/2006, de Reproducción Asistida, si eras chica heterosexual sin pareja o lesbiana, tenías posibilidades de que te inseminaran o te fecundaran in vitro en un hospital de la Seguridad Social sin soltar un solo chavo. Verdad es que el artículo 6 de aquel texto señalaba que sólo se permitía cuando había un diagnóstico de esterilidad o indicación clínica establecida, pero en muchas Comunidades Autónomas se interpretaba libremente la segunda parte de este precepto y se financiaba la reproducción asistida de parejas lesbianas y de mujeres heterosexuales sin pareja.

Pero llegó el gobierno de rajo y guindo y decidió cortar de raíz la posibilidad a la interpretación o al resquicio legal con su reforma de la ley. Con el eslogan de que la Sanidad Pública “está para solucionar problemas de salud y no de estilos de vida” por bandera, eliminó cualquier atisbo de duda. Ahora te toca apoquinar sin remisión para que “te embaracen por lo privado”.

Esto que puede parecer injusto, especialmente para las mujeres homosexuales, en el fondo es una bondad de Ana Mato que los que tenemos mala baba no queremos comprender. En la mente de la ministra de Sanidad está sin duda el hacer una discriminación positiva hacia las mujeres que han sido castigadas por la diosa fortuna a la infertilidad o a tener maridos nenucos, mismo razonamiento que sin temor a caer en error seguía Mato cuando invitaba a los cumpleaños de sus hijos a aquellos de sus amiguitos cuyas madres habían sido privadas por el azar de la facultad de usar dinero de tramas presuntamente corruptas –todo presunto– para pagar dichos convites.

La ministra de Sanidad, Ana Mato. (Imagen: heraldodeoregon.wordpress.com).

Teniendo en cuenta esto, se pone de manifiesto una vez más la injusticia de las críticas facinerosas que se vierten contra este ejecutivo, sin que nadie valore que en realidad, con las trabas establecidas para la reproducción asistida, trabaja en pos de la igualdad de sexos, para que ya no sólo el varón sin oveja ni pareja se sienta diferentemente tratado por motivos biológicos. Ahora, la injusticia se extiende también a las féminas fértiles.

Pero, yendo más allá, explorando en las preclaras y humanitarias mentes de este gobierno, yo he descubierto en realidad la clave de este asunto. Lo que en realidad pretenden Marianico El Sordo y sus acólitos es fomentar la existencia de relaciones sexuales extramatrimoniales, contradiciendo todo su credo conservador y católico. Habiendo observado que España es uno de los países donde menos se realiza el coito –ya lo decía Alberto San Juan en Al otro lado de la cama–, el partido de la P y la gaviota decidió que había que reconducir la tendencia.

Puesto que no podían adoptar medidas públicas a la luz de todos, las disimularon con la restricción de la norma antes expuesta. En el fondo, lo que estaban diciendo era algo parecido a lo que canta Ska-P en su tema Sexo y Religión, pero hubiera sido todo un escándalo reconocerlo. En consonancia con un estudio reciente que asegura que el sexo entre amigos mejora dicha relación afectiva, vieron la jugada perfecta. De hecho, os desvelo que se plantearon utilizar como lema de su campaña electoral de 2011 “Desnúdate a cambio”, pero lo descartaron tanto por la ya comentada adhesión de muchos de sus votantes a la Iglesia como por el hecho de que pudiera ser maliciosamente leído en clave y se extrajera la conclusión de que el PP estaba preparando al electorado sobre cual era la manera más cómoda de recibir los efectos de su política, en el caso de que ganaran, como de hecho así fue.

Pero aún se puede rizar un poco más el rizo. La gestación subrogada o técnica de reproducción asistida a cambio de precio convenido –lo que popular y despectivamente se conoce como madre de alquiler– está prohibida en España debido a la supuesta ética del pueblo español, al parecer analizada y estudiada por eminentes profesores doctos en la materia designados por el ministro Wert. No sucede lo mismo en otros países de nuestro entorno cultural, como Estados Unidos, motivo por el cual algunas personas pertenecientes a los colectivos que ya he ido mencionando –que en realidad son todos los que no forman parte del ideario de familia tradicional católica– han recurrido históricamente a ese sistema, desplazándose a dichos estados para quedarse en estado de forma alegórica (y entiendo yo que algunos también se han quedado en estado de ruina).

Pero en este punto, en este boquete abierto contra la prosperidad del modelo de la virgen y la paloma, cogió el relevo de Mato el único ministro capaz de crear polémica con el único fin de arreglarla posteriormente por obligación y así hacer como que se apunta un tanto cual Sapientín, el primo de Zipi y Zape, ante Don Minervo. El ministro Gallardón promovió una reforma de la Ley del Registro Civil, en base a una sentencia del Tribunal Supremo, según la cual no se podía inscribir en el Registro a esos niños nacidos por tales procedimientos inmorales e inmundos. Daba igual que el padre y madre, madres o padres fueran españoles y el niño o niña fuese a residir y vivir en España. El Estado consideraría al bebé inmigrante estadounidense, quedando por tanto en situación de irregularidad y excluido de todo tipo de cobertura pública pasados 90 días desde su llegada a este territorio cuyas fronteras empiezan más allá de algunas playas y terminan antes de determinadas cordilleras montañosas, según designios de San Jorge o de Sant Jordi.

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. (Imagen: eldiario.es).

Sin embargo, esta misma semana el titular de la cartera de Justicia que crea injusticia se ha visto obligado a hacer un anuncio rectificando tamaña barrabasada gallarda. Obviamente, no se ha tratado de una marcha atrás por precaución del propio gobierno, sino de imposición de preservativo por mor de una resolución dictada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en la que se condenaba a Francia, que por lo que se ve algunas cosas las hace tan a pelo y sin Control como las hacemos por estos lares. Debería tener cuidadito con esas cosas Gallardón no vaya a ser que al final de tanto ir dejando semillitas por ahí sin hablarlo antes con sus correligionarios la cosa no se quede en bombas más o menos inutilizables, sino que acabe por preparar un bombo y se halle presa de su propia ley del aborto. Resultaría impagable escuchar al exalcalde de Madrid diciéndole a su jefa Cospedal que ese niño incubado en el laboratorio de Moncloa tiene graves malformaciones y a María de los Dolores replicándole que a ella no la cuente milongas y que se pida una excedencia para cuidarlo, porque no se puede interrumpir el embarazo. Que ya si eso le pagará una indemnización en diferido por los servicios no prestados.

Más o menos igual de cómica se me asemeja la imagen de una abducción para practicar la fecundación en esos mismos laboratorios, la cual podría llevar a cabo este gobierno, al que no le hace falta tirar de extraterrestres falsos ni verdaderos, pues ellos ya dan al pego. Pienso en las españolas destinatarias del programa secreto, que serían todas aquellas que, en lenguaje católico, no han encontrado el estado de buena esperanza a través de la expresión del amor ante Dios. Todas esas mujeres que, en lenguaje PPero, han elegido otros estilos de vida, modos raritos de caminar por este valle de lágrimas, distintos a los que traza el sentido común.

De esa forma, el gobierno de Rajoy compensaría el déficit de natalidad provocado por las trabas antes expuestas pero sin destaparse ante la opinión pública. De ahí que todo se realizara de forma totalmente clandestina. Las escogidas para la abducción, emulando a la inolvidable agente Scully, serían tendidas sobre una cama de sábanas blancas en una habitación diáfana de paredes blancas, rodeada por inquietantes médicos de batas blancas. Tras sus mascarillas, por supuesto también blancas, se atisbarían conocidos rostros siniestros, pertenecientes al gabinete de Rajoy. Él no estaría realmente en el improvisado quirófano, sino únicamente a través de una pantalla de plasma. Una doctora de baja estatura y maneras enérgicas sería la encargada de dirigir la intervención como si de un Consejo de Ministros se tratara, aunque esta vez a su finalización no se harían anuncios sino que se proclamaría la anunciación. En la parte más alejada de la mesa de operaciones se apostarían varios personajes ataviados con trajes negros, en actitud fiscalizadora, muy preocupados de que el procedimiento no sobrepasara un determinado techo de gasto. De hecho, a diferencia de lo que ocurría en la serie de televisión, aquí no habría dinero para instrumental de nivel y la anestesia se llevaría todo el presupuesto, así que siempre sobrevendrían complicaciones y sobresaldría por encima de todos los comentarios las terribles risas del Doctor Montoro cada vez que echase mano del bisturí.

(Imagen: static.tvazteca.com).

Eso sí, pese a las dificultades y estrecheces, no faltaría la presencia de un sacerdote entonando salmos, persignándose y tratando de incorporar a su credo tal atentado contra los métodos tradicionales de la reproducción. Sin embargo, tras una aguda reflexión, el cura llegaría a la conclusión de que podría haber sido peor y que al menos de esa manera la mujer, poco fiable por naturaleza según su esquema mental, no tendría la facultad de disponer de su propio cuerpo y así no caería en el vicio.

A fin de cuentas, no hay que olvidar que Dana Scully, además de mujer soltera, era católica.

 

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