Un café con libro, por favor

En los últimos años ha alcanzado un importante auge el negocio de las cafeterías con espíritu cultural y alternativo. Se trata de un tipo de establecimiento que normalmente cuenta con un aire retro y aparece amueblado y decorado con material reciclado pasado de moda que se adecenta, se pule, se adapta a las necesidades y se organiza de tal modo que dota de encanto a algo que fuera de ese contexto podría parecer cutre. Además, suele tener una importante carta de infusiones y de consumiciones exóticas o tradicionales y emplea productos ecológicos y artesanales. La tercera pata del banco es la vocación cultural. Lo más habitual es que cuente con algunos libros que se pueden hojear o leer mientras uno permanece en el local, aunque también es frecuente que se ofrezcan recitales de microteatro o música en directo, cuando la legislación de la región o la ciudad lo permite (es decir, cuando no se parece en nada a la de Castilla y León y especialmente a la forma de aplicarla en Valladolid o, al menos, a la manera en la que se aplicaba hasta hace unos meses; y es que me ha llegado a esta Buhardilla desplazada por vacaciones que el león ha relajado algo su mandíbula, pues la música comienza a crearle cierta sensación de modorra y alivia su ferocidad).

Esas son las características básicas de ese tipo de garitos, los cuales normalmente se asocian a un público urbano, cultureta, alternativo y de izquierdas (aunque resulte una etiquetación vomitiva, ya que cualquier persona con un poco de gusto puede llegar a enamorarse de un local así). Puede haber ciertas diferencias entre unos y otros, pero esas líneas básicas más o menos las mantienen todos.

La Revoltosa, Gijón (2)Sin embargo, hay un nuevo giro de tuerca. El café-librería, aunando todos los elementos típicos de ambas clases de negocio. El concepto, presente desde hace algunos años en Madrid y Barcelona, comienza a ser exportado a otras ciudades más pequeñas, como por ejemplo Gijón, precisamente tomando como referencia los locales de este tipo que existen en la capital de España. De esta forma se gestó La Revoltosa, sita en la calle Juan Alonso, prácticamente a orillas de la playa de San Lorenzo. Fue Verónica, propietaria del negocio junto a Oriol, su pareja, la que quedó prendada del espíritu de esta clase de establecimientos cuando residía en Madrid y trabajaba como psicóloga. Ese flechazo, el deseo compartido con su compañero por montar una pequeña empresa que tuviera raíces literarias, la nostalgia de Verónica por su tierra astur y las ganas de regresar a su ciudad de mar y cerros hicieron el resto.

La Revoltosa, Gijón (4)La Revoltosa nació en diciembre de 2013, por lo que todavía está en fase de niñez. El encanto que sobrecoge al visitante cuando uno penetra por sus puertas es formidable. Previamente ya ha quedado atrapado por la fuerza del escaparate, sobre el que destaca una bandera de Palestina, que anuncia el fuerte compromiso social y político de sus dueños. También hay carteles de corte reivindicativo, por ejemplo una convocatoria de una manifestación antitaurina. “No es que seamos sectarios, ni nada por el estilo, pues aquí entra gente de todo tipo y estamos encantados con que así sea, pero también queremos ser sinceros y no escondernos”, comenta Verónica. Pero es la cultura la que más predomina en la fachada del establecimiento. Uno puede toparse con anuncios de conciertos, presentaciones de libros, obras de teatro…

La Revoltosa, Gijón (6)Tras esas cristaleras el viajero vislumbra perfectamente las dos cosas insustituibles del garito. El café y los libros. Pero no de una forma revoltosa. Juntos, pero no revueltos. Y es que la singularidad de este local gijonés reside en que los libros no son meros objetos decorativos, sino que aparecen perfectamente colocados en las estanterías, divididos por secciones y catalogados. Como en una librería, de la que también toma parte de su horario de apertura al público, lo cual quiere decir que entre las dos y las cinco de la tarde uno se encontrará la verja delante de la puerta.

La Revoltosa, GijónExiste una especie de mostrador-escritorio, sobre el que reposa una vetusta maquina de escribir que añade aún más sabor al establecimiento y desde el que se atiende a los clientes que vienen a curiosear entre las obras literarias. Ejemplares que además están escogidos de un modo particular, como explican Oriol y Verónica. “La mayoría son autores independientes, apenas tenemos libros de escritores conocidos ni tampoco best sellers”. Los adquieren uno por uno, directamente a las editoriales o en ferias literarias. “Nosotros no trabajamos con un proveedor que nos sirva unas novedades determinadas, sino que elegimos cada uno de los libros en función de lo que nos gusta”.

La Revoltosa, Gijón (7)Pero junto a la zona de los libros convive la barra de bar y las mesas donde la gente se puede sentar a degustar un café, un té o cualquier tipo de infusión, que no faltan en este rinconcín de la ciudad astur, situado a medio camino entre Cimadevilla y Somió, poniendo por testigo a La Lloca con su mirada siempre triste de madre sufriente. Sin embargo, el mobiliario del bar, como casi todo en este garito, es especial. Mesas de carpintero, taburetes de madera, sillas de mimbre… Todo muy casero y con un aire añejo, pero no viejo. Curiosamente todo el café-librería desprende sensación de frescura y novedad sin perder el toque entrañable y antiguo.

La Revoltosa, Gijón (3)En la Revoltosa cualquiera puede encontrarse con una mañana en la que, mezclado con el aroma humeante de los cafés y con los clientes de periódico, croissant, escucha de la fantástica música que suena de fondo (canciones de autor, originales, como el alma que impregna todo el establecimiento), trabajo en el portátil o simple contemplación reflexiva junto a una taza o un vaso, se hallen también pululando alrededor de las estanterías, junto a las mesas, los lectores ávidos de encontrar ese título que llevan tiempo buscando o descubrir esa novela o ese ensayo que su estado de ánimo y vital de ese momento les reclama. Una composición urbana, social y cultural que ha convertido a La Revoltosa en un bar referente de Gijón, pese a su poco tiempo de existencia. “Los principios siempre son difíciles, pero de momento parece que la gente está respondiendo bien y no hemos tenido que hacer más inversión que la inicial, que ya es mucho”, comentan Verónica y Oriol esperanzados.

La Revoltosa, Gijón (5)Pero las ambiciones culturales de los dos gijoneses que regentan este singular bar no se quedan simplemente en la literatura o en las obras de divulgación científica, histórica o social. Hay multitud de actividades que salpican la vida de ese local recogido y acogedor, que de primeras parece pequeño pero que se va agrandando tanto material como espiritualmente a medida que uno se adentra en él. Se organizan representaciones teatrales (microteatro), exhibición de documentales y conferencias, recitales de poesía, exposiciones pictóricas… Una agenda de lo más variada y completa con la intención de que todo aquel que camine un poco más allá de la mítica Escalerona, donde las frases de Jovellanos acerca del mar decoran el asfalto, tenga la posibilidad de satisfacer sus inquietudes culturales y de paso adquirir conciencia sobre problemáticas, conflictos y desastres múltiples que asolan al planeta.

Hacen falta muchos negocios como este en España, sobre todo en ciudades de tamaño medio como Gijón, donde la oferta cultural siempre resulta inferior a la de las grandes capitales, por una mera cuestión de tamaño. Se necesitan conceptos así, lucrativos pero con una fuerte vocación cultural y artística, para que este país embrutecido por deseo de sus gobernantes y vagancia y complacencia de una importante parte de sus súbditos, despierte de la ataraxia vital y sea capaz de canalizar y expresar sus emociones a través de las manifestaciones de creadores y artistas con sensibilidad.

La Revoltosa, Gijón (8)Y muy especialmente la literatura, que pese a las diversas ramas de arte que se pueden cultivar en La Revoltosa, es el principal reclamo y el mayor de los tesoros culturales creados por el ser humano. Una persona que no lee tiene muchas papeletas de albergar una vida interior vacía, con carencias emocionales y falta de sensibilidad y de capacidad de comprensión hacia el mundo que le rodea. Que por desgracia es la idiosincrasia de una parte muy relevante de la ciudadanía española.

Por ese empeño en desentumecer los atrofiados cerebros de los españoles, su espíritu guerrillero y de resistencia contra las normas establecidas de tendencia, su amor por lo casero y su trato exquisito, sólo les puedo decir a Verónica y a Oriol muchas gracias por haber hecho posible que La Revoltosa exista.

Y, mientras lo hago, pedirles un café con libro de Roberto Bolaño.

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