Niños y profesionales de primera limpian servicios de tercera

Hace ya unos meses que se me quedaron clavadas en el hemisferio derecho unas declaraciones totalmente deprimentes del sempiterno alcalde de Valladolid. León de la Riva, con su proverbial facultad para sacar pecho sin meter barriga, confesó que desde hacía unos años las Administraciones Públicas adjudicaban contratos públicos con el único y exclusivo criterio del precio, sin que importasen un pimiento otro tipo de circunstancias concurrentes en la empresa concesionaria. Ni la capacidad organizativa de la compañía, ni sus valores sociales o éticos, ni su proximidad con la localización del servicio, ni la calidad con la que este presumiblemente se vaya a prestar son parámetros que se tomen en consideración.

De esa forma, el edil pucelano salía al paso de las críticas que acusaban al Ayuntamiento de la capital del Pisuerga de que últimamente estableciera pocos contratos públicos con empresas de la tierra. De la Riva lo justificaba afirmando que sus condiciones tendían a ser más caras que las ofrecidas por corporaciones más grandes, la cuales operaban a nivel nacional y, debido a su mayor estructura y tamaño, (que no significa ni mucho menos mejor gestión), estas últimas estaban en posición de lanzar siempre una oferta más barata. La política de austeridad extrema y ahorro a costa de todo, impuesta desde las instancias fantasmas de Bruselas y aceptada humillantemente, cual régimen feudal, por el Estado español y cada una de sus ramificaciones, provoca que sean este tipo de empresas de vergonzoso funcionamiento las que gestionan los servicios públicos que se prestan a los ciudadanos.

Tal cosa sucede incluso en asuntos tan sensibles como son las necesidades de la infancia. Un caso tristemente ejemplificador ha tenido lugar este verano en el programa de conciliación de la vida laboral y familiar que subvenciona y adjudica la Junta de Castilla y León. En virtud de dicho programa, y previo pago de una cantidad no muy elevada (aunque tampoco pequeña), los niños que tengan entre tres y doce años de edad pueden acudir por la mañana los días laborales a un centro público, donde disfrutan de actividades de ocio y tiempo libre. Algo similar a un campamento urbano pero únicamente en horario diurno, sin pernoctación.

(Imagen: Qué es).

La Junta ha adjudicado el servicio a tres empresas diferentes en los últimos tres años. Si bien ya había aspectos bastante mejorables en cuanto a la gestión que realizaron las dos anteriores, la de este último año ha llevado a cabo una labor absolutamente deficiente en cuanto a la preparación del programa, la organización del mismo, los medios proporcionados para su realización y la información y trato dispensados hacia los trabajadores eventuales. Si el servicio ha sido ejecutado con brillantez y los niños han acabado igual de satisfechos que cualquier año ha sido, como casi siempre, gracias al trabajo desempeñado por los monitores y coordinadores. Ellos son los que verdaderamente lavan la cara al programa y hacen que tenga una imagen excelente entre los padres y los propios críos. En realidad, siempre ha sido así, pues la empresa de turno poco hace, más allá de proveer de unos recursos básicos y de una programación general que es irreal y resulta imposible cumplir a rajatabla.

Sin embargo, con la primera empresa de las tres mencionadas, que fue la contratista durante muchos años, había una mínima supervisión y profesionalidad, una cierta garantía de seriedad para el trabajador, un relativo respaldo si aparecían problemas. Cierto es que con la llegada de la llamada crisis económica y financiera el material para las actividades comenzó a escasear, pero el tijeretazo no fue determinante.

(Imagen: CCOO).

Después del verano de 2012 se produjo un peligroso período de incertidumbre, en el que peligró gravemente la continuidad del programa. La Consejería de Educación, que lo había asumido hasta entonces, alegó que era competencia de la Consejería de Familia, y esta a su vez hizo oídos sordos durante una buena temporada (de hecho, durante las vacaciones de Navidad de 2012 y Semana Santa de 2013 no se llevó a cabo el programa). En realidad, la Junta quería desprenderse de la actividad, algo que no ha de sorprender si se tiene en cuenta la mentalidad de los políticos españoles en los tiempos que corren. Todo aquello que sea deficitario para las arcas públicas y cuya existencia no sea fundamental para un número masivo de ciudadanos, se decide eliminar. En este caso, no pudo hacerlo, porque, sin ser masivo, el número de niños castellanos y leoneses que participan en este programa es muy grande y la presión de los padres fue elevada, aunque la estratagema bien le sirvió para rebajar la partida de gasto correspondiente. A partir de ese momento, la dejación de funciones de la Administración respecto a esta actividad, ya existente previamente, fue aún más patente.

Con la segunda empresa en discordia, es decir, la titular de la contrata en el curso 2012-2013, se degeneró un poco más y los recursos materiales fueron inferiores a los del año anterior. Además, se optó por no contratar a personal de limpieza específico, pretendiendo que fueran los propios monitores los que se encargaran de adecentar las instalaciones cada día.

Merece la pena detenerse en este punto. Hace pocos años hubiera resultado impensable que un monitor se viese obligado a dejar al grupo de niños que tenía asignado a otro compañero durante media hora o tres cuartos de hora para limpiar los aseos. Conviene pensar en la suciedad que pueden llegar a generar, a veces en cuestión de minutos, cientos de niños corriendo, jugando, almorzando, realizando manualidades, yendo al baño… No resulta muy difícil pensar en la inmundicia que podrían acabar albergando las instalaciones a lo largo del mes y diez días que dura el programa si no fuera porque los monitores y coordinadores doblan funciones, realizando aquellas que corresponden a otros profesionales. En especial, los váteres, lavabos y sanitarios en general requieren de continua atención y cuidado, ante los regalitos que puedan aparecer, cual inesperados presentes para la vista y al olfato.

Por otra parte y como todo oficio, la limpieza requiere el uso de sus técnicas particulares y no es lo mismo que sea llevada a cabo por profesionales que por personas que no lo son. Por fortuna para la empresa y la Junta de Castilla y León, la mayor parte de los trabajadores de ocio y tiempo libre tienen la facultad de la polivalencia en las venas y son capaces de ampliar funciones y aprender profesiones nuevas en poco tiempo. De esa forma, los monitores de este programa de conciliación en Castilla y León realizan desde el curso 2012-2013 dos trabajos en uno, obviamente por el mismo salario, que por cierto descendió respecto a lo que pagaba la anterior empresa.

(Imagen: El Norte de Castilla).

Pero si la situación del año pasado ya rayaba la explotación laboral, las circunstancias que han concurrido el presente año han superado todos los pronósticos y alcanzado cotas difícilmente previstas para los que llevan muchos años trabajando en este programa.

En primer lugar, la demora a la hora de realizar las contrataciones iniciales superó incluso esa norma española no escrita del dejar todo para última hora. Algunos trabajadores no conocieron la decisión de ser empleados en el programa hasta dos días antes de que este diera comienzo. Muchos habían llamado previamente para saber si iban a ser repescados (subrogación obligatoria según convenio) por la nueva empresa contratista (la tercera diferente en tres años distintos), pero la persona que cogía el teléfono optaba normalmente por no remitirlos a quienes llevaban el asunto y, con un escueto “déme su nombre y su teléfono” se les despachaba con paños fríos. No hace falta decir que la comunicación no era devuelta y las llamadas se repetían.

(Imagen: lagunaaldia.com).

Sin embargo, algunos afortunados sí consiguieron hablar con los que gestionaban el tema. En esos casos, la empresa se escudaba en la lentitud de la Junta a la hora de enviar las listas de los niños y niñas apuntados a la actividad. Conviene recordar que muchos de esos trabajadores son fijos discontinuos, pero no todos, y que para la mayoría de ellos su única esperanza de trabajar en verano reside en la contratación para este programa. Eso no quiere decir que no haya otras opciones abiertas, como los campamentos fuera de la ciudad u otro tipo de programas de ocio y tiempo libre, pero cualquiera prefiere trabajar en este programa, que se extiende durante cuarenta días y además se desarrolla en la propia ciudad. No obstante, ahí surgía la gran dicotomía, la duda entre esperar o buscar otra cosa (algo por otra parte nunca sencillo en un sector que todos los veranos cuenta con una demanda que supera ampliamente a la oferta, lo cual implica que muchos monitores se quedan sin trabajar).

Este proceso de contratación, que ya había tenido lagunas el año anterior con la empresa predecesora, llegó a un punto casi surrealista en junio de 2014. Para colmo, a algunos monitores se les comunicó que no se les podía asegurar trabajo durante todo el programa, ni tampoco confirmarles el horario (esto a casi todos), sino que su situación y condiciones podrían ir variando de semana en semana. Como de hecho así sucedió. De nuevo, la Junta de Castilla y León era la pantalla perfecta para la empresa, por su supuesta falta de puntualidad a la hora de enviarles las listas de participantes.

(Imagen: educa.jcyl.es).

Sin ánimo de quitar responsabilidad a la Administración, que es la principal culpable del desastre, resulta sorprendente esa justificación, habida cuenta de que los niños se inscriben en el programa bastante antes de que empiece. Cierto que puede haber modificaciones, debido a renuncias, reducción de semanas o, la situación contraria, prórroga. Por cierto, que este último aspecto merece un inciso: toda la despreocupación de la Junta a la hora de elegir a las empresas gestoras y controlar sus métodos contrasta con su tremenda rigurosidad en este aspecto, existiendo casos de padres que querían ampliar el período de permanencia de sus hijos y que se toparon con la negativa de la Administración por hallarse fuera de plazo, lo cual denota una inflexibilidad absurda y lamentable, si se tiene en cuenta que este servicio está concebido para facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar, y las necesidades laborales son imprevisibles y pueden variar de un día para otro –para muestra, el botón de la propia empresa adjudicataria.

En cualquier caso, las variaciones en el número de niños anteriormente mencionadas son mínimas y no impiden prever correctamente y con suficiente antelación el número de trabajadores que deben ser empleados.

Todo ese descontrol derivó en situaciones esperpénticas, como fueron la presencia de monitores durante una semana, o unos días o tan sólo una mañana, la desaparición repentina de alguno con el fin de semana de por medio o las modificaciones del horario de trabajo sin ningún tipo de sentido ni de coherencia, no proporcionales al aumento o reducción de los niños. Se comentaba entre bastidores en los centros, sobre todo los viernes, que había que disfrutar cada día con mayor intensidad que el anterior, pues nadie sabía si al día siguiente se volvería a gozar del placer de trabajar. Por desgracia, la vergonzosa idiosincrasia del mercado laboral español (más agravada en los últimos tiempos, pero siempre presente) ha causado que la mayor parte de la gente se haya acostumbrado a que el trabajo ya no es un derecho ni una necesidad, sino un bien de lujo, así que dentro de lo malo esos monitores se lo tomaban incluso con humor.

(Imagen: educa.jcyl.es).

En cuanto al asunto de la limpieza, desinfección y retirada de mugre, heces y otros residuos en los colegios, no sólo se prosiguió con la senda iniciada por la anterior contratante, sino que además se alargó. En esta ocasión, los monitores tuvieron que encargarse de dichas tareas desde el principio, incluyendo la última semana de junio, cuando todavía hay profesores en los centros, terminando las evaluaciones y entregando las calificaciones. Pese a que todavía estaba allí el personal de limpieza ordinario, que actúa durante el curso académico, se negó por dictamen de la empresa a limpiar las zonas ocupadas por el programa de conciliación (todas, salvo aquellas donde se sitúan las aulas). Es inconcebible que en un centro escolar público, dependiente de la Junta de Castilla y León, se haya llegado a tal situación, propia de una pelea entre estudiantes post adolescentes que comparten piso. La casera, en este caso la Administración Pública, sólo se preocupó de pagar el alquiler a la empresa arrendataria (aquí se invierten los papeles, para regocijo de algunos). A tenor de su actitud, le hubiera dado igual que se hubiera montado una bacanal en sus instalaciones o que la naturaleza y uso de las mismas hubieran variado de colegio a vertedero. Algo que no sucedió debido a la honestidad, tolerancia y profesionalidad de la inmensa mayoría de los coordinadores y monitores.

Por si todo esto fuera poco, la nueva adjudicataria ideó una táctica de ahorro que hubiera causado la admiración del mismísimo rey de la ingeniería del recorte pa´ el bote, el ministro Cristóbal Montoro. En un alarde de astucia, se vistió como un acto de cumplimiento y respeto de la legislación, en beneficio de los trabajadores: se comunicó a los coordinadores de los centros que cada monitor debía cogerse obligatoriamente los tres días de vacaciones a los que tenía derecho. A la postre, la estrategia le saldría rana.

(Imagen: adelantobanezano.com).

En efecto, el Estatuto de los Trabajadores señala en su artículo 38 que las vacaciones no podrán ser compensadas económicamente, que es lo que se hace con bastante frecuencia en este tipo de trabajos de duración determinada, en los cuales parece absurdo tomarse tres días de descanso y se prefiere percibir tres días de salario a mayores una vez que se finiquita el contrato. Es verdad que eso contraviene la norma, pero la finalidad de la parte empleadora con esta medida no era subsanar ese incumplimiento, sino aprovechar la coyuntura para aligerar gastos de personal a cambio de cargar con más trabajo a los empleados. La empresa pretendía ahorrarse ese dinero (cantidades sustanciales, si se tiene en cuenta el número de monitores que trabajan en el programa) y no contratar sustituto alguno para esos días de ausencia del monitor titular, sino que el grupo de niños sobrante debería ser asumido por el resto de compañeros (es de suponer que al menos pensaba respetar el ratio monitor/niños legalmente establecido, aunque eso nunca se sabrá).

Al final, las protestas procedentes de los diferentes centros y sobre todo la negativa de un número importante de monitores a solicitar dichas vacaciones, hicieron dar marcha atrás a la concesionaria, a la que no le quedó más remedio que pagar en la liquidación esos días de asueto no disfrutados, como se ha hecho siempre en este programa. Que las motivaciones de la empresa distaban mucho de la preocupación por respetar los derechos de los trabajadores al descanso quedó patente cuando se informó a los coordinadores de que la regla de las “vacaciones forzosas” no era extensible a ellos, porque resultaban “imprescindibles”. El objetivo era el ahorro puro y duro, a fin de maximizar sus beneficios, pese al ínfimo presupuesto detallado en la propuesta que la compañía presentó a la Junta de Castilla y León.

Algo que por otra parte no hubiera resultado muy complicado si se tiene en cuenta el gasto en el que incurrió la empresa para adquirir material destinado a talleres diversos, indispensables en un programa como este. Fue tan ridículo que los monitores tuvieron que hacer peripecias para sacar dichas actividades adelante, lo cual consiguieron con buena nota debido a su habilidad para hacer entender a los niños que tenían que compartir el material hasta el infinito y más allá. Y, cuando ni aún así era posible, lo hicieron comprando utensilios básicos, como cola, lápices, pinturas, cartulina o rotuladores, y pagándolos de su propio bolsillo. Lo nunca visto.

(Imagen: portaldetuciudad.com).

Se produjeron escenas grotescas, como la presencia de unas tijeras para un grupo entero de casi veinte niños, dos lapiceros para cada x número de niños, el trasiego por las diferentes aulas para tratar de conseguir una cinta de celofán o el racionamiento extremo de cartulinas. Circunstancias que no llegaron a provocar la ruina de la actividad ni fueron en detrimento de la calidad del servicio prestado a los niños gracias a la experiencia de los trabajadores, que supieron capear el temporal con matrícula de honor, aunque el bochorno y la rabia, como la procesión, iban por dentro. Es preciso recordar que se trata de una actividad desarrollada fuera del curso académico, por lo que los niños no tienen que traer su propio material escolar, ya que el mismo ha de ser proporcionado por los organizadores de la actividad.

(Imagen: redciudadrodrigo.com).

Pero el espíritu husmia de la empresa, gozosa del ominoso consentimiento de la Junta de Castilla y León, alcanzó tal nivel que ni siquiera se les proporcionó a los trabajadores suficiente material de limpieza, lo cual obligó en no pocas ocasiones a mirar con lupa la dosis empleada de producto desinfectante para los baños o de lejía. Hace falta tener un sentido del humor propio del mejor Berlanga (o directamente mucha desfachatez) para exigir la realización de unas funciones que no son inherentes al trabajo de un monitor y encima no darles los medios adecuados.

Por todo lo expuesto, queda perfectamente claro que el riesgo de catástrofe en el que incurre la Junta de Castilla y León al conceder low cost (en nivel extreme) la gestión de una actividad tan importante y capital para los menores es elevado. Sin embargo, la Administración y la propia empresa no corren ese peligro a ciegas. Conocen perfectamente que los verdaderos valedores del programa de conciliación son los trabajadores que acaban logrando un rotundo éxito año tras año, ayudados por unos niños que ponen todo de su parte, se entregan al máximo a la diversión y al entretenimiento, siempre con una pizca de ganas de aprender cosas nuevas y aportando todo su compañerismo y solidaridad.

(Imagen: La Gaceta de Salamanca).

Los responsables de la Junta saben esto, conocen perfectamente que es tremendamente raro que haya quejas por parte de los padres. Muy al contrario, los niños suelen salir encantados y con ganas de repetir, sobre todo los que llevan ya varios años. Por eso, los responsables de la Administración duermen tranquilos y no tienen miedo a que la poca competencia y los escasos recursos organizativos y económicos que destina la empresa a la que ha contratado arruinen la actividad. Apuestan sobre seguro al confiar en el bloque de monitores de siempre y en su confianza y complicidad establecidas a lo largo del tiempo con unos niños predispuestos a dar hasta su última gota de alegría por hacer de la actividad una experiencia memorable.

Ese es el único motivo por el que la actividad, que tiene ya muchos años de existencia, volvió este año 2014 a encandilar a los que participaron en ella, y la razón por la que lo seguirá haciendo en los años siguientes, si a la Junta no le da el día menos pensado por eliminarla, cosa que sin duda desearía hacer con tal de ahorrarse la subvención a la baja con la que la cofinancia.

La mayor ironía que atraviesa de costado esta realidad es que la mayor beneficiada de este programa de primera necesidad para la ciudadanía es una empresa privada (por obra y gracia de los poderes públicos, empeñados en privatizar la esfera pública, como en tantos otros ejemplos que se dan en el territorio español, con la embustera excusa de que así será más eficiente). Una compañía que en realidad ni arriesga ni aporta prácticamente nada, más allá de sus uniformes llamativos.

No le hace falta, sabe que otros lavarán la imagen de su servicio. Poco les importa que no sea mérito suyo, mientras hayan hecho caja. Tampoco a la Junta, cuya única obsesión es cuadrar las cuentas y poder seguir mintiendo a la ciudadanía con esa milonga de que la reducción de gasto público no afecta a las políticas sociales (vomitada por la mayor parte de las Administraciones Públicas españolas). Lo lamentable es que podrán continuar con ese discurso mientras otros sigan recogiendo los excrementos de sus falacias.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Castilla y León, Educación y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s