Diga 33

Diga treinta y tres si quiere comprobar la fortaleza de su mandíbula. La pronunciación del fonema vibrante siempre es una buena prueba de fuego para determinar el nivel de mantenimiento de la juventud en una boca. Que el tono de voz salga más o menos grave, ronco o incluso cavernoso es lo de menos (sólo les importaba a los médicos antes de que llegara la Sanidad de los diagnósticos en diferido). Siempre se puede achacar al tabaco o al whisky con hielo. La clave está en el vigor del sonido africado tr.

Después, el truco consiste en coger carrerilla y expresar en voz alta y de manera compulsiva el concepto treinta y tres para asimilarlo a multitud de realidades humanas y otras no tanto que nos rodean.

Treinta y tres son las canas que me he contado esta mañana al mirarme al espejo, especialmente clarividentes con posterioridad a la aplicación del champú. No sé si lo son tanto las ideas que salen a través de ellas, como haces luminosos que trato de proyectar a lo absurdo del mundo en derredor desde este cuarto mal iluminado.

Son treinta y tres las vértebras que componen mi cuerpo, compañero de fatigas y resistente a las mismas pese a lo plomizo de mi mente de camino cansado. Ando, cuento treinta y tres pasos, y la senda de las treinta y tres estrellas continua sin aparecer. Sólo las treinta y tres copas de árboles, cada vez más frondosos y atrincherados. Yo corro todo lo que puedo, pero nunca llegaré a la velocidad de treinta y tres por hora. Me falta el caballo y me sobran las riendas.

La densidad de la naturaleza urbana me asfixia. Son ya treinta y tres los edificios que me rodean y cada uno de ellos tiene treinta y tres pisos. En algunas de sus dependencias siniestras se cuentan treinta y tres mil euros al año. De ellas han salido treinta y tres llamadas protocolarias que han añadido hastío a mi vida.

Cuento treinta y tres decepciones. Cada una tiene su estilo, su calado, su impronta. Está la social, aquella del mundo que quiere máscaras y se refugia en la noche de la ignorancia, esa otra coral en la que devorasteis mi concepto de lealtad; pero ninguna como la que tú me brindaste, desde que corrimos agarrados de la mano unos días antes de Navidad. Don´t let me down; treinta y tres veces escuchada y otras treinta y tres cantada. Help!

Hay treinta y tres de mis poesías que he considerado buenas y muy buenas. Si inspiro, te dedico alguna más. En cualquier caso, ninguna se compone por treinta y tres versos perfectos, ni hay treinta y tres palabras auténticamente precisas y rotundas en el conjunto de ellas. Pero en ocasiones me sentí al leerlas más orgulloso que los treinta y tres mejores poetas de la historia.

Si bastara con treinta y tres balazos para eliminar a los causantes del dolor mundial, me pondría a practicar, tomando como diana el reflejo de mi rencor destartalado. De ese modo, un solo tiro mataría a dos pájaros. La destrucción no es matemática. Son bastantes más de treinta y tres las guerras que se dirimen cada segundo. Sin incluir aquellas en las que combates con tu arma de desprecio mortal.

Algunos jamás superaron el bucle infinito del treinta y tres periódico. Era el resultado que te hacía pensar en que habías cometido un error en el problema. Tu nota en el examen podía ser treinta y tres sobre cien. Yo nunca suspendí en religión, pero sí que me hubiera gustado ser el pirata cojo de pata de palo.

En el treinta y tres Hitler fue nombrado canciller, pero cualquiera recuerda que la corona de espinas cubrió la cabellera del nazareno antes de que llegara el verano número treinta y tres de su existencia. Mil novecientos treinta y tres años después el ayer se convirtió en un sueño y se apreciaron los sonidos del silencio, tal vez en la superficie de la luna. Hay quien dice que los rusos siguen en ella desde entonces. Creo que dentro de treinta y tres años yo mismo viajaré allí y me daré cuenta de que ya la conozco. Selene misteriosa y yerma.

Más de treinta y tres veces he escrito la palabra Castilla, pero no puedo ensanchar más la agonía que me invade por poseer su esencia. Si el Real Valladolid continúa la próxima temporada en segunda, sumará treinta y tres en esa categoría, mientras yo voy sumando treinta y tres sueños frustrados por las calles de una ciudad perdedora. Llego hasta la estatua de Felipe II, suena una canción de los Nikis. Me apresan en la Universidad por no saber de leyes. No saludo al león, prefiero fumarme un Celta Corto.

Cuando me haya despedido en condiciones, serán treinta y tres los reproches que he dirigido al cielo. Si es que hay alguien, que me perdone por el atrevimiento. Treinta y tres veces dan una cierta licencia. En cualquier caso, no os preocupéis. Saldré airoso una vez más, aunque me cueste conseguir otros treinta y tres muebles para esta solitaria Buhardilla. Apago las luces. Ya he hecho treinta y tres esfuerzos más de los que pensaba. Tranquilos, restos de mi esperanza. Mañana volverá la ironía.

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2 respuestas a Diga 33

  1. Tocayo dijo:

    Mis aplausos por este artículo, seguramente hayan sido treinta y tres palmadas

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