Guerras del siglo XVIII con armas del XIX

En España además de no cambiar, involucionamos. Como si fuéramos torpes, estúpidos, memos y además desfasados. El conflicto catalán es la mejor y al mismo tiempo la peor prueba de ello.

No me voy a pronunciar en este artículo sobre el tema de fondo, es decir, si la Generalitat está jurídica y políticamente amparada para celebrar la consulta independentista o, lo que es lo mismo, si el gobierno español se la debería permitir. Tal vez en otra entrada lo haga. Y, si no opino de eso, tema sobre el que puedo tener algún que otro conocimiento (tampoco muchos, pues toda persona llega a un punto en el que se da cuenta de que no sabe ni siquiera sobre sí misma), aún menos lo haré sobre los motivos legítimos, la razón o la emoción que pueda subyacer a la reivindicación soberanista catalana.

No. Hoy me gustaría hablar acerca de un tema del que también creo saber algo, aunque supongo que muchos pensarán que no tengo ni idea. Probablemente sea así, lo cual explicaría muchas cosas, pero como tengo el arrojo por costumbre, soltaré un ratito lo que me venga en gana.

La irresponsabilidad y la hipocresía de la mayor parte de los medios de comunicación generalistas de este país me deja cada vez más atónito. Su táctica de exaltación de los ánimos y las pasiones, de enervación del espíritu patrio, resulta tan abominable y repugnante que no entiendo por qué seguimos leyéndolos y, aún peor, otorgándoles cierto crédito. Tal vez sea porque su influencia, nos guste o no, es manifiesta. Y peligrosa. La cruzada que desde hace tiempo tienen entre ceja y ceja ha llevado a una deriva que, si no fuera por la trascendencia de las consecuencias, resultaría esperpéntica.

Me voy a fijar en el ejemplo concreto del diario El Mundo, ya que es el único al que periodísticamente tengo algo de respeto. Que la cabecera antiguamente dirigida por el ahora denostado Pedro J. Ramírez siempre ha defenestrado, denigrado y detestado con bilis al independentismo catalán no es secreto para nadie. A El Mundo le fastidia sobremanera, le hincha los genitales cosa mala, todo lo que huela a identidad diferenciada de los pueblos españoles, y más allá de eso, todas las cosas que supongan un peligro, una amenaza para el establishment, que el diario de Unidad Editorial defiende a capa y espada desde su fundación (aunque lo trate de compensar con sus descubrimientos de escándalos políticos, según ellos periodismo de investigación), sustentado en su sentido democrático del respeto al Estado de Derecho y al imperio de la ley, conceptos que salen muy bien cuando se dicen y entran muy mal cuando se tienen que aplicar.

Imagen aérea de la concentración durante la Díada 2014. (Imagen: economiadigital.es).

Sin embargo, una cosa es eso, que puede ser discutible, se puede tachar de cobarde y hasta de ir en contra del verdadero objetivo del Periodismo (cuarto poder, perro guardián, objetivo y veraz, y todas esas gaitas que uno escucha y no aprende en la carrera), y otra cosa bien distinta es caer en el ridículo y el sainete por el testarudo empeño en defender esa línea editorial, esos principios ideológicos que de por sí son muy loables, se compartan o no, pero que éticamente no admiten todo. Y aún menos el incurrir en burda manipulación.

Que se destaque a bombo y platillo en una portada de un diario de tirada nacional, el cual leen más de un millón de españoles todos los días y curiosean u hojean de pasada habitualmente o de vez en cuando un número indeterminado de personas, que los Mossos d´Esquadra están adiestrándose en tácticas militares ya de entrada sorprende. Pero, si uno escarba en el texto y en las páginas de ese número 9.026 de la citada cabecera, correspondiente al 8 de septiembre, se acaba indignando y cabreando. Según la información, “las fuentes cercanas a la propia Policía autonómica consultadas por este periódico ya han detectado al menos a dos de los integrantes de este grupo policial, que están realizando gestiones para adquirir un arma ajena a la dotación de la Policía autonómica (…). Según estas fuentes, estos integrantes utilizarían este nuevo armamento para realizar prácticas con los afines al rupturismo (…) incluso, los integrantes de este grupo cuentan ya con la colaboración de dos instructores, expertos en tácticas de guerra británicos”.

El Mundo portada 08-09-2014

En definitiva, que la tan rimbombante noticia es que hay dos policías que están haciendo prácticas de tiro por su cuenta con instructores militares, al parecer en connivencia con grupos independentistas. Aunque el dato fuese cierto, no merece una portada ni semejante espacio primordial, prioritario y preferente en el periódico. Pero es que además El Mundo le dedica a este tema el artículo editorial, donde pide al Ministerio del Interior que investigue dichas conductas.

Sin embargo, lo peor es el tratamiento, la forma de abordar la información, exagerándola y buscando la manipulación con todos los medios a disposición del, por desgracia, obsoleto Periodismo escrito. Para ilustrar la tan destacada exclusiva, una gran foto de un mosso equipado con todo el aparataje correspondiente a los entrenamientos… reglados, como el propio pie de foto reconoce. Pero hay más. En la primera página de la sección nacional debajo de las pertinentes columnas dedicadas a la noticia hay un despiece titulado “Un Ejército para la Cataluña independiente” si bien se aclara en el texto que la propia Asamblea Nacional Catalana y la Generalitat se desmarcaron inmediatamente del documento elaborado al respecto en su día y aseguraron que ese no era el objetivo de la sociedad civil ni el papel que debía desempeñar.

El Mundo pag. 4 08-09-0214Si uno observa en su globalidad la página, ve al agente con el fusil, el casco típico de las unidades de choque y apuntando a su objetivo, junto con el titular “Mossos independentistas, en entrenamientos militares”, y el destacado despiece justo debajo, con la referencia al ficticio ejército, la impresión es grande. A cualquiera que no analice demasiado se le ponen los pelos de punta y piensa que en Cataluña va a comenzar la Segunda Guerra de Sucesión Española, con reedición de La Diada (que, según los nacionalistas catalanes, es el origen de su lucha independentista), o al menos una nueva Semana Trágica de Barcelona (que nada tiene que ver con el catalanismo, sino con la lucha obrera). Incluso, siguiendo con este viaje hacia el absurdo, uno puede imaginar al observar El Mundo y otras cabeceras españolas que la prensa está gestando un escenario de agresividad y tensión parecido al que en su día derivó en La Gloriosa o Revolución de 1868, aunque el contexto no tenga nada que ver. En aquel levantamiento los diarios que estaban en contra del régimen de Isabel II tuvieron una influencia decisiva, con su labor de calentamiento de la opinión pública, por aquel entonces, burguesa, pues era principalmente este público el que leía los diarios antimonárquicos, dado el mayoritario analfabetismo del pueblo llano. Ahora la táctica es exactamente la misma pero la masa destinataria mucho más amplia (no tengo tan claro si menos iletrada, sea adinerada o no).

Sin embargo, quiero pensar que también es menos efectiva, ya que, como el propio El Mundo destacaba curiosamente hace no demasiados días, una encuesta reflejaba que “sólo” el 16% de los españoles estaría dispuesto a participar en una intervención militar para defender el propio territorio. Tal vez la intención de El Mundo, la cual he de confesar que desconozco, sea reunir un mayor número de adeptos, ir creando un caldo de cultivo, al más puro estilo de los diarios decimonónicos españoles como El Imparcial, para concienciar a los españoles de que la consulta sobre la independencia de Cataluña es una amenaza para la paz en el conjunto del Estado.

Para la paz, sí. Resulta surrealista sólo enunciarlo, pero parece ser que eso es lo que piensa El Mundo (aunque no lo diga abiertamente y lo disfrace con el concepto estabilidad del Estado) y al menos el 16% de los españoles y españolas. Porcentaje que quizá vaya en aumento. Como señalé antes, si no fuera por la peligrosa potencialidad de la movida en sí, lo cierto es que produce hasta hilaridad por lo ridículo que suena. Que una sola persona esté dispuesta a alzarse en armas y a pegar tiros porque un territorio quiera independizarse de otro en el mal llamado Primer Mundo es irrisorio, pero demuestra que la civilización humana tiene una capacidad de aprendizaje cuanto menos limitada, por no utilizar otro epíteto. Repito que no entro aquí a valorar la legitimidad de los independentistas catalanes ni cual debería ser la reacción del gobierno español, a la luz del ordenamiento jurídico o de la inminente sentencia del Tribunal Constitucional. Porque esos son temas menores al lado de este otro que medios de comunicación como El Mundo han puesto encima de la mesa sin que nadie se lo pidiera. Hablamos ni más ni menos que de la paz.

El Mundo entrevista a David FernándezTengo que decir que no se me han rasgado las vestiduras con la actitud del número 9.026 de El Mundo, pues estoy acostumbrado a observar sus excesos sobre el tema catalán. Recuerdo por ejemplo hace bien poco una entrevista (bastante buena, por cierto) que le hicieron a David Fernández, portavoz del partido catalán de izquierdas la CUP (y, por cierto, también periodista). En el titular se destacaba, atribuyendo la frase a Fernández, “España funciona a base de bares, camellos y farmacias”, lo cual automáticamente, a golpe de vista y teniendo en cuenta la identidad del entrevistado, podría conducir a algún que otro español contrario a las reivindicaciones independistas catalanas a odiar directamente al personaje sin leer una sola línea de la entrevista.

Pero si por un casual uno hace el tremendo esfuerzo mental de gastar cinco minutos en hacerlo, cae en la cuenta de que la frase está completamente sacada de contexto, pues lo que el diputado catalán responde a la pregunta de si son el alcohol o la droga el pegamento que une España es, literalmente: “Puede ser un factor común de aglutinación, igual que compartimos tantas otras cosas. Baco unifica mucho. También es verdad que en términos socio-sanitarios y en un contexto de crisis, el alcoholismo y otros males tienen mayores niveles de incidencia. Como decía un amigo, esta sociedad funciona a base de camellos, bares y farmacias, hablando de su función ansiolítica y con una perspectiva crítica”. Es decir, que el portavoz de la CUP lo que hace precisamente es hablar de factores comunes entre Cataluña y el resto del Estado español, pero El Mundo destaca una frase sobre una contestación mucho más elaborada a una pregunta que de por sí está dirigida hacia una connotación negativa de España (incluyendo Cataluña, como reconoce Fernández) y para colmo manipulando las palabras del entrevistado, pues él habla en términos globales de “esta sociedad”.

David Fernández, portavoz de la CUP. (Imagen: que.es).

Un síntoma más de la obsesión enfermiza que tiene el diario dirigido por Casimiro García-Abadillo de perseguir y degradar a todo lo que signifique independentismo catalán.

Tampoco causa sorpresa. A fin de cuentas, El Mundo nunca ha ocultado que es liberal, capitalista y patriótico; esto último quizá no en un sentido tan rancio como sucede en otros casos, véase La Razón o el ABC, sino más bien al estilo de aquella prensa política española del siglo XIX, la cual bebía de ese espíritu pasional, algo cargado y dramático, con toques de exageración puestos al servicio de la defensa del Estado (entendido por cada periódico de una forma diferente) en cuanto a su unidad y al respeto de las instituciones; en el escenario presente aquellas que son teóricamente democráticas y constitucionales.

Por desgracia, parece que el Periodismo centralista español olvida que, muy por encima del patriotismo, está la responsabilidad, la prudencia y la moderación, características fundamentales y que no son incompatibles con la información veraz. Yo no niego que la noticia sobre los mossos sea publicable (doy por hecho que está bien contrastada), pero hacerlo de esa manera raya la falsedad y es, como decía, muy irresponsable y bastante temerario.

Resulta verdaderamente cómico que en el mismo número de El Mundo en el que se denuncia la militarización de “al menos dos” Mossos d´Esquadra también se critique la utilización propagandística de los medios de comunicación en Cataluña por parte de la Generalitat, al otorgar subvenciones desproporcionadas a los mismos. Sin negar esta realidad, que es bastante vergonzosa (y el caso de TV3 es un criminal ejemplo de información parcial, sesgada y puesta al servicio de unos intereses partidistas con todo el despliegue manipulador posible, hasta el infinito y más allá), no puede hablar de control del poder aquel que vive controlado por la idea misma del poder… En este caso el de la sugestión, la creación de una opinión pública determinada a cualquier precio y el manejo de las conciencias. Para mantener el enfrentamiento, la dialéctica virulenta y la dicotomía violenta entre ideas, base misma del éxito del Periodismo más detestable, aquel que no puede vivir sin la polémica artificiosa de las ideas retorcidas y exageradas.

Que reflexionen los buenos profesionales que hay en El Mundo sobre si quieren seguir haciéndole el juego a sea quien sea el que impone esa detestable forma de crear estados de opinión… No sea que se les vaya de las manos y se conviertan en verdaderos estados de guerra. Por muy ridículo que suene.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en España, Periodismo y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s