Orgullo multideporte

Quien siga habitualmente las paranoias que traslado a esta buhardilla virtual sabe que no soy condescendiente prácticamente con nada. Tampoco reparto parabienes con facilidad, ni siquiera cuando hablo sobre las cosas o personas a las que más quiero. Como ejemplo palmario, no me tiembla el pulso a la hora de exponer los aspectos más negativos de mi ciudad, respecto a la que tengo un sentimiento muy especial y profundo. De hecho, son mucho más frecuentes los reproches que las alabanzas, como lo demuestran todas las entradas agrupadas en la categoría de Valladolid. Por desgracia, no me gusta el rumbo hacia el que navegan las gestiones de los responsables políticos, las instituciones públicas y privadas, ni tampoco el de gran parte de la ciudadanía.

Hace menos de tres meses escribí un relato en clave ficticia pero con muchos elementos reales, titulado “Lo que el complejo se llevó“, en el que criticaba con muchísima dureza todo ello y ponía especial énfasis en el desmantelamiento material y moral de los clubes deportivos de élite, que habían iniciado una caída en picado la cual parecía irreversible. Incluso proponía un par de líneas argumentales para el futuro que se avecinaba. Una, la de la destrucción definitiva a medio y largo plazo, que sinceramente tomé como el destino más plausible, y otra la de la regeneración, a través de la vuelta a las raíces, conectando de nuevo a los clubes de élite con su sustrato, su base, la cantera, esa gran olvidada, utilizando como instrumento para lograrlo la ayuda y el apoyo de los referentes veteranos y de la gente comprometida de la casa.

Aunque todavía es muy pronto para las sonrisas amplias y las euforias, las primeras impresiones transmiten que, por una vez, la evolución de los acontecimientos quiere quitar la razón a mis funestas previsiones.

Los clubes de Pucela han comenzado a reaccionar. Puede que aún con muchas carencias, es muy posible que todavía en una fase de pañales, es seguro que tarde, pero también estoy convencido de que han iniciado ese proceso antes de que la situación fuese irreversible.

El año pasado no sólo supuso un varapalo tremendo a nivel deportivo, por el descenso de categoría sufrido por los equipos de fútbol, baloncesto y balonmano masculino, sino que además trajo consigo la desaparición de este último, no tanto por ese descenso sino principalmente por la gigantesca deuda acumulada por la entidad. El Club Balonmano Valladolid, histórico y muy querido tanto en la ciudad como en casi todas partes de la geografía nacional, se fue al garete ante la incredulidad, rabia y lágrimas de sus más fieles seguidores, que jamás hubiesen pensado que aquello que ya había ocurrido en otros clubes les iba a tocar sufrirlo a ellos.

Nacho González, técnico del Balonmano Atlético Valladolid. (Imagen: Balonmano Atlético Valladolid):

Por suerte, como Valladolid es una ciudad con muchas personas decididas a apostar por el deporte, no tardó en iniciarse un nuevo proyecto, el Club Deportivo Balonmano Atlético Valladolid. Un club cuyo objetivo, por mucho que duela, es reemplazar el sitio del que no puede volver y que aún hoy en día se halla en pleno proceso de liquidación, aunque gran parte de los débitos probablemente se quedarán impagados y es complicado que los verdaderos responsables de la debacle paguen por el desfalco y despilfarro del añorado club y el engaño hacia aquellos que confiaron en ellos. Sin embargo, el nuevo equipo, con otros colores y otro escudo, ha empezado ya el proceso de reconquista de la masa social adepta al balonmano en Pucela. Consiguió comprar plaza en División de Honor Plata, la segunda categoría del balonmano español, y, con un presupuesto modestísimo, entregó la responsabilidad de capitanearlo y liderarlo al bloque de jugadores de la casa, muchos de ellos nacidos en Valladolid, reconocibles por todos, los mismos que tuvieron la desgracia de sufrir el descenso y desaparición, como Fernando y Ávila, entrenados por Nacho González, el técnico pucelano designado sucesor del laureado Juan Carlos Pastor, y completando el equipo gente joven, en su mayor parte de la cantera del balonmano pucelano. No se puede hacer mejor, ni en menos tiempo. El premio ha sido otorgado por la ciudad en forma de cifras: más de 1.500 abonados en apenas un mes.

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Román Montañez y Porfi Fisac

Como si se tratase de un efecto contagio, el Club Baloncesto Valladolid, probablemente una de las instituciones deportivas españoles donde peor se han hecho las cosas en los últimos años, ha querido seguir el ejemplo y se ha puesto manos a la obra para purgar sus numerosos pecados. No hay mejor manera de conseguir de nuevo la identificación con el abonado que propiciar la vuelta de Porfirio Fisac, un entrenador de la casa, carismático como pocos, además de capaz de reflotar la nave. El segundo pilar ha consistido en armar una plantilla tremendamente modesta, quizá la más humilde en la historia del descontrolado club de baloncesto morado, pero también probablemente una de las que más enganche puede crear con la masa social del baloncesto (con gente de la cantera y nacidos en Valladolid, veteranos de referencia muy vinculados al club –entre ellos el que perfectamente podría ser nombrado hijo adoptivo del CB Valladolid, Román Montañez– y jugadores nacionales con experiencia en la categoría).

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Daniel Astilleros, Edmond Koyanouba, Jonathan Arranz, Porfi Fisac y Román Montañez.

No se trata de un reto baladí el recuperar a la afición, pues ahora mismo la desconexión de Valladolid respecto a su principal equipo de baloncesto es demoledora, debido al cúmulo de despropósitos y desastres acumulados (sin olvidar la inestimable colaboración de la ACB, cuya estructura y normativa es la más demencial que posee cualquier entramado deportivo de los que existen en España), algo que ya expliqué muy detalladamente en las tres partes de mi artículo “El reparto de culpas en el CB Valladolid”. Sin embargo, si hay alguien que puede hacerlo ese es Porfi Fisac, con el apoyo de Román Montañez, Edu Sonseca, Sergio de la Fuente, Iván Martínez y, una vez más, la cantera, la base, los jóvenes, que no tienen la culpa de nada y son los llamados a construir el futuro junto a las vacas sagradas.

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Porfi Fisac y Sergio de la Fuente.

Por su parte, el principal club deportivo de la ciudad, el Real Valladolid, también va dando pasitos, eso sí con mayor lentitud, hacia este proceso de rerraigambre, perdón por el palabro. Siempre agobiado su presidente y dueño Carlos Suárez por las exigencias económicas, que requieren inexorablemente la consecución de objetivos deportivos, cuesta más en este caso dar cancha a los canteranos, pese a que este año tiene una oportunidad perfecta para hacerlo, con el filial en Segunda B (y realizando actuaciones brillantes), pero sí que se van dando pequeñas muestras. También es cierto que al equipo de fútbol, por lo demás bien construido según lo visto hasta ahora, le falta cierto carácter y la presencia de esos referentes que enganchen con la afición, cosa que le sobra al CB Valladolid sólo con la figura de Porfi.

Álvaro Rubio y Óscar González, dos de los capitanes del Real Valladolid. (Imagen: ABC).

En cuanto a los dos clubes de rugby, Hermi El Salvador y VRAC Quesos Entrepinares, poco tienen que hacer, salvo seguir con su filosofía de los últimos años y no permitir que el éxito o el afán de lograrlo les vuelva locos como pasó con sus hermanos mayores. El resto de entidades deportivas de élite de la ciudad, mucho menos mediáticas pero que llevan también el nombre de la ciudad por bandera, caso del Club Deportivo Valladolid Tenis de Mesa, el Valladolid Club de Esgrima, el Fundación Grupo Norte BSR Valladolid (baloncesto en silla de ruedas) o el CPLV (hockey línea), sobreviven al filo de la navaja, con tremendo sufrimiento económico, con muchas menos ayudas y con el mérito añadido de que aquellos que lo sostienen tanto en las tareas de gestión como en las deportivas no viven del deporte, sino que para ellos es una afición imprescindible. Pero, que nadie se olvide, también revierten en beneficio de imagen y económico de la ciudad.

Imagen de un partido entre el Hermi El Salvador y el VRAC Quesos Entrepinares en los campos de Pepe Rojo. (Imagen: Tribuna Valladolid).

Tranquilos, que no se me ha olvidado. He dejado intencionadamente para el final al Club Deportivo Balonmano Aula, el equipo de balonmano femenino de la ciudad. Y lo he hecho porque su caso me parece el más loable, admirable y, por desgracia, también injusto, de todos. Aunque dedicaré un artículo en profundidad a hablar del deporte femenino español, este caso local me parece un ejemplo evidente de la discriminación absoluta y en ocasiones incluso desprecio que sufren las deportistas de este país. Aquí sólo me limitaré a decir, dado el contenido positivo de esta entrada, que la entidad del barrio de Pajarillos lo está haciendo todo y aún un poco más, y que los únicos que tienen que mover ficha aquí son las instituciones y, más que ellas, los ciudadanos y en particular los aficionados al deporte de Valladolid, que no acaban de dar el espaldarazo definitivo en cuanto a crecimiento de masa social que estas chicas y los que están a la sombra de ellas merecen. Ni el CB Valladolid, ni el Real Valladolid ni el Balonmano Atlético Valladolid están en la máxima categoría. El Aula Cultural sí. Pero su número de abonados es mucho menor a lo que la lógica demanda. Y juegan muy bien. Y ganan. Algo no cuadra. Dejémoslo por el momento aquí.

Plantilla 2014/2015 del Aula Cultural. (Imagen: Club Deportivo Balonmano Aula).

Acabada la particularización y confiando en que todo lo comentado no se quede en agua de borrajas, hay que hablar de un proceso general de reconstrucción que están llevando a cabo los clubes, sabedores de que la temporada pasada supuso un fiasco sin precedentes y un palo tremendo a la credibilidad, por el mal hacer de los tres hermanos mayores. Tradicionalmente no ha habido un buen entendimiento o al menos no siempre lo ha habido, entre los clubes de la ciudad. A diferencia de Barcelona, que es la única ciudad que se le puede comparar a Valladolid en cuanto a deporte de élite (salvo por el hecho evidente de que todos los clubes de Valladolid tienen en conjunto un patrimonio económico ridículo en comparación con el principal de la Ciudad Condal), no existe una entidad mayoritaria y preponderante que aglutine casi todos los equipos, como sucede con el F.C. Barcelona (y que me perdonen los seguidores del Espanyol). Cada club de Valladolid tiene su idiosincrasia particular y ha sido tradicionalmente complicado compatibilizar los intereses de todos, aunque los aficionados siempre teníamos la sensación de que en ocasiones no se comprendían por cerrazón y cabezonería.

Este mal, al igual que el de la falta de vinculación con las raíces, también se está tratando de forma acertada. Y es aquí donde hay que enganchar con la labor de la principal institución pública de la ciudad. El Ayuntamiento, cuyo papel de garante en esta tarea es fundamental, también ha entendido que había que tomar cartas en el asunto para frenar la degeneración del deporte de élite.

DSC_0105Precisamente fue en el Consistorio donde se presentó la semana pasada el carnet multideporte, una iniciativa que nos sorprendió a todos los periodistas deportivos y que la mayoría aplaudimos, pese a que, como toda acción novedosa, tiene sus desaciertos y puntos mejorables. Este año sólo se concibe como proyecto piloto, de ahí que la edición sea muy limitada, tan sólo 150 carnets. El que lo adquiera (350 euros es el precio) tendrá derecho  a presenciar todos los partidos que jueguen como locales el Real Valladolid, Club Baloncesto Valladolid, Club Deportivo Balonmano Atlético Valladolid, y los dos equipos de rugby. Los representantes de los cinco clubes flanquearon en la presentación del nuevo producto al alcalde León de la Riva, que esta vez estuvo muy correcto y moderado, en su papel, restando mérito al Ayuntamiento y atribuyéndoselo a los promotores. Especialmente a Juan Vela, presidente de la Fundación Baloncesto Valladolid, que fue, según manifestaron los presentes, el ideólogo de esta arriesgada y totalmente pionera oferta deportiva, respecto a la cual no constan precedentes en ninguna parte del mundo, como señaló Rian Butcher, vicepresidente del Chami (Hermi El Salvador).

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Juan Carlos Sánchez-Valencia (Atlético Valladolid), Juan Vela (CB Valladolid), León de la Riva (alcalde), Carlos Suárez (Real Valladolid), José Antonio Garrote (VRAC) y Rian Butcher (El Salvador).

Bien es cierto que resulta complicado encontrar otra ciudad con las características de Valladolid en cuanto a su tejido deportivo. Como ya he dicho, el caso de Barcelona no es comparable, porque es el Barça con sus diferentes secciones quien acapara prácticamente todo el deporte de elite de la ciudad. Por cierto, el F.C. Barcelona no tiene ninguna oferta multideporte de este calado, y eso que allí resultaría mucho más sencillo al pertenecer todos los equipos al mismo club.

En definitiva, quiero poner el énfasis en los múltiples aspectos positivos y transmitir a quien me esté leyendo el optimismo y la ilusión que me genera el que se haya conseguido llegar a ese acuerdo “en la casa de todos”, como dijo De la Riva, para sumar fuerzas y no restar.

DSC_0094Eso sí, no todo puede ser miel en el mundo de las abejas y también hay grietas en el panal y defectos en el transporte del polen. El fallo más clamoroso fue la no inclusión, teóricamente por olvido y no por discriminación voluntaria según reveló Juan Vela, del ya citado Club Balonmano Aula Cultural. Resulta incomprensible que un equipo que se encuentra en División de Honor, en la máxima categoría posible, no forme parte de esta iniciativa, la cual sigo diciendo que es fantástica, pero que podría haber sido majestuosa. Las explicaciones de José Antonio Garrote, presidente del VRAC, sobre el límite que había que poner en cuanto al número de equipos para que económicamente resultara viable la iniciativa, fueron muy peregrinas. Al menos, Juan Vela se disculpó por el supuesto olvido. Incluso el alcalde, conocido mundialmente (y no es una exageración, es que sale en el New York Times) por sus comentarios de tinte machista, estuvo mejor que ninguno de los asistentes cuando sugirió la participación del Aula en los beneficios del carnet, recibiendo la parte a la que renunciaba el Real Valladolid. No hablaré más de este tema aquí, porque como antes he anunciado llevo mucho tiempo preparando un artículo a fondo sobre el tratamiento del deporte femenino.

Existen otros fallos en la iniciativPresentación carnet multideporte_CBValladolida de menor importancia y más discutibles, como el hecho de que el abonado de un solo club pueda sentirse ofendido por no haber podido acceder a la oferta cuando decidió pagar su carnet individual (hay abonados del Real Valladolid que pagan más de 350 euros y el abono de Tribuna Baja del CB Valladolid supera los 200 euros). Sin embargo, y dejando al margen el grave error cometido respecto al Aula Cultural, creo que son muchos más los puntos positivos y el acierto de la propuesta que los lunares y lagunas.

DSC_0104La sensación que tuve el otro día dentro del Ayuntamiento fue de orgullo. No sólo por estar presente como periodista en el anuncio de algo tan novedoso, sino por esa sensación de singularidad, de personalidad propia de mi ciudad, por fin aunada y no disgregada de forma esquizofrénica, pero sin perder las especificidades de cada club. Una característica única de Valladolid a la que contribuyen no sólo los protagonistas directos de la iniciativa, sino el conjunto de la ciudad.

Sin embargo, llegados a este punto hay que decir que son precisamente los ciudadanos los que han de reaccionar y sumarse al carro de la regeneración, a la inversa de lo que sucede en política. En Valladolid se arrastran varios años de desapego con respecto al deporte de la ciudad. El deterioro de la situación económica ha influido, pero puedo asegurar con conocimiento de causa que no es determinante en este ámbito. Hay mucha gente que sigue teniendo posibles para pagar un abono deportivo (multideporte o individual) y ha dejado de hacerlo, porque ahora prefiere emplearlo en otras cosas (por ejemplo elige gastar 15 euros al mes a un operador televisivo).

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Edu Sonseca e Iñaki Martín.

Es verdad que todos los desastres y las equivocaciones que se han cometido en el seno de los clubes de élite han contribuido a ese cierto desafecto, muy pronunciado en el caso del CB Valladolid, increíblemente poco acusado en el Real Valladolid (pese a que se lo ha ganado con creces por su pésima gestión deportiva durante la era Suárez, al menos cuando el equipo ha estado en Primera) y fulminante en el caso del extinto Balonmano Valladolid (el último año de su existencia el descenso de aficionados fue enorme, aunque probablemente ni siquiera de no haber sido así se hubiera evitado la debacle), si bien en este último caso parece felizmente irse recuperando la confianza con el nuevo club, por sólo hablar de los tres deportes tradicionalmente con mayor masa social en Valladolid. Pero si bien puede ser lógico que la gente este harta de acudir a Pisuerga después de los ridículos baloncestísticos del año pasado, no debería ser una situación perpetua, sino que los pasos dados por el equipo morado deberían invitar al optimismo. Sólo la presencia de Porfi, la apuesta clarísima por la cantera, las raíces y el espíritu ambicioso debe hacer que la gente vuelva, y eso de momento no está sucediendo. Claro que menos entendible resulta la pobre presencia de aficionados en Huerta del Rey para presenciar los partidos del Aula Cultural, si bien ahí, como ya he indicado en varias ocasiones, probablemente entren otro tipo de connotaciones relacionadas con el deporte femenino de las que trataré en otro artículo. Está a punto de alcanzar la cifra de 600 abonados, lo cual es un logro para una entidad a la que hace sólo dos años no conocía prácticamente nadie, pero aun así es muy poco en comparación con lo que están logrando, una victoria detrás de otra, contra rivales superiores teóricamente a ellas y en la máxima categoría del balonmano femenino español, lo nunca visto en Valladolid.

DSC_0098Habrá que esperar para ver cómo evolucionan los acontecimientos durante esta temporada que no ha hecho nada más que arrancar y en el caso del baloncesto ni siquiera eso (algo demencial, pues la competición finaliza en mayo, pero ese es otro tema). Espero que los aficionados al deporte de Valladolid, aquellos que realmente pueden permitírselo y llevan años desencantados, vuelvan a confiar en estos proyectos y se den cuenta de que en esta ciudad tan maltratada en muchos órdenes, incluso a nivel de imagen, aún tenemos una cosa por la que podemos sacar pecho y que es solamente nuestra y nadie más tiene. Y sobre todo para que esos padres y madres que acostumbran a poner mucho más interés cuando salen el Madrid o el Barcelona de fútbol por la tele sean conscientes de que es mucho mejor que sus hijas y sus hijos aprendan a gritar, ya sea en un estadio de fútbol, en un pabellón o en los campos de rugby de Pepe Rojo, un grito común a todos ellos, con fuerza y con un sentimiento que en el fondo a todos nos sale de dentro aunque a veces lo olvidemos: “¡Pucela!”

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4 respuestas a Orgullo multideporte

  1. Alberto E. dijo:

    Magnífico repaso del deporte vallisoletano. Desconocía la existencia del “carnet multideporte”, pero me parece una de las iniciativas más brillantes de la historia deportiva de la ciudad, ya era hora de que alguien (léase instituciones públicas o las propias entidades deportivas) se pusieran de acuerdo para aprovechar el tremendo potencial de la diversificación deportiva de Valladolid. Esperamos ese artículo sobre el Aula Cultural.

    • alber4 dijo:

      Mil gracias, tocayo, aunque ya te lo dije en persona, pero he reparado que me restaba decírtelo por aquí como mandan los cánones de esta Buhardilla. Sigue cocinándose el artículo sobre el deporte femenino. Un abrazo.

  2. Juan dijo:

    Yo he adquirido uno de estos abonos, soy el número 1 jeje. Habían salido muy poquitos, supongo que ya estarán agotados.

    • alber4 dijo:

      Gran decisión, Juan, aunque me temo que tienen un poco de cacao con lo de la compatibilidad de horarios y es un tema que deberían mejorar, y mucho. Muchas gracias por comentar.

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