La Buhardilla de Álber cumple un año

No llevó demasiado bien cumplir años. Siendo sincero, lo llevo terriblemente mal. Por eso no me resulta fácil constatar, aunque sea a través de líneas y no de palabras, el primer aniversario de mi traslado a esta Buhardilla. Tras estos primeros trescientos sesenta y cinco días, tengo que admitir que mi estancia en ella ha tenido momentos cambiantes y no siempre el hábitat que se respiraba en este cuartito me ha resultado igual de respirable. Digo estancia con toda la intención, pues sólo en ocasiones se ha acercado a una verdadera residencia y mucho más habitualmente ha sido hotel en el que pernoctaba o al que me llevaba mis placeres durante los días más agobiantes del mundo exterior. Estos, no obstante, siempre me han tratado como a su chapero de usar y tirar. Me fío de ellos más por puro interés espiritual que guiado por la auténtica convicción. Y eso que no soy de los que les gustan follar por follar.

A lo largo de estos primeros doce meses no ha habido un ritmo regular en lo que se refiere al amueblamiento de esta Buhardilla. Es bastante complicado realizar una mudanza en condiciones cuando la legislación laboral sólo te permite un día libre. Así, todavía quedan multitud de huecos libres en esta alcoba mucho más grande de lo que parece a simple vista. Supongo que eso no es malo, pues significa que dispongo de suficientes espacios, en la mente y el espíritu, que rellenar por lo menos durante otro año más. Bien es cierto, si soy honesto, que también ha habido instantes de amontonamiento descontrolado de enseres y objetos de poco valor, que impedían la entrada de nuevo mobiliario. No sé si muy a mi pesar o a pesar de mí, encontré el arrojo para arrojarles más allá de la claraboya. No obstante, aún me quedan algunos artilugios de poca monta y demás cacharros incómodos de los que probablemente me da pena desprenderme.

Pero sin duda el mayor problema al me enfrento actualmente y con el que me seguiré topando durante el próximo año de alojamiento en esta habitación, es la ubicuidad del contenido que acumulo. Nunca se me dio bien el orden ni tampoco el establecimiento de prioridades (qué lo vamos a hacer si soy mente de letras y bastante poco exacto para casi todo), y eso trae sus problemas. Por una parte, hay demasiadas mesillas que no están al lado de la cama, no son prácticas, no me pillan a mano cuando quiero dar la luz y leer un libro que me proporcione el reposo necesario para pensar. Los escritorios están demasiado alejados de las sillas y con bastante frecuencia me resulta complicado sentarme tranquilamente a poner las ideas en orden. Me faltan cajones para guardar tanto como siento y sin embargo me sobran superficies lisas, pues apenas poseo objetos que apoyar sobre ellas.

El Periodismo es ciencia social y como tal requiere demasiado tiempo para cultivarla, pero la literatura es un arte y es imprevisible, huye de métodos, depende de la inspiración del momento. Aquí encuentro el segundo gran inconveniente de esta Buhardilla. Hay demasiado contraste entre las cosas que componen su mobiliario y decoración y no sé si eso resulta muy estético. Uno se puede encontrar con sofás clásicos tipo Chester al lado de otros modernistas con forma de L; cuadros cubistas junto a otros renacentistas; lámparas barrocas (aunque de estas no hay muchas) tapando la luz a otras mucho más discretas. He instalado armarios con poca capacidad para guardar la ropa que estaban destinados a albergar, mientras que hay otros que adolecen de otro defecto: están demasiado abiertos y se cuelan residuos en ellos, aunque esto último no me importa tanto. Siempre supe que me arriesgaba a la exposición cuando creé este espacio virtual. Sin embargo, también he escuchado a algunos de los pocos visitantes asiduos a esta alcoba decir que a veces tiendo a cerrarles la puerta en las narices cuando más interesante está la película que se emite desde mi vieja tele de cubo. Me acusan de que apago, pongo la carta de ajuste, los echo educadamente y me echo a dormir sin soñar.

Por último, en esta colección de reproches hacia mi propio habitáculo, tengo que confesar que, tras haber tenido mucha constancia en cuanto al mantenimiento de este cuartito, en los últimos meses he permitido que se apolillaran determinados muebles, y ni siquiera he tenido la pericia de cubrirlos con un plástico. Podría defenderme diciendo que mis salidas al mundo exterior han sido más largas y exigentes que antes, pero también es verdad que necesitaba dedicar más tiempo a mi revuelto baúl de los recuerdos que a esas estanterías tan bien dispuestas para soportar el peso de lo más incómodo y pesado, de aquello que la mayoría no quiere ver a pesar de que sean muchos quienes lo padezcan. Esa decisión me ha hecho pagar un precio bastante alto y el número de curiosos ha descendido ostensiblemente, a la gente no le interesa demasiado el aspecto bohemio y algo descuidado que ha adquirido esta alcoba. Mentiría si no dijera que echo de menos aquellos momentos de aglomeración inesperada que se produjeron curiosamente justo cuando mayor número de intromisiones externas sufrí (incluso con amenaza de palos allá por los primeros meses, cuando esta proyección virtual de mí mismo estaba recién parida), pero al final la cabra tira al monte y me interesan más los libros que los periódicos, aunque en ambos casos se mantiene un patrón común: cualquier cosa procuro hacerla con música de fondo, que se cuela en cada rincón, en todas las esquinas, por minúsculas que sean.

Y con estos simples párrafos completo la celebración de mi primer cumpleaños abuhardillado. Tal vez alguien se sienta decepcionado por la poca claridad de esta entrada, en la que quizá se esperaba que hiciese un listado o resumen de las cosas que he escrito durante este año, incluso estableciendo rankings y cosas parecidas; o directamente desazonado al comprobar mi poco gusto por el triunfalismo o las alabanzas, incluso cuando el asunto es tan personal. Les pido perdón, pero cada uno es como es y siempre he pensado que es mejor reconocer lo mejorable y dejar que lo mejor te lo digan los demás, si es que lo hay. En este caso, espero que sí. En cualquier caso, por poner una pequeña nota de color a esta onomástica algo grisácea, cederé un poco a la vanidad para rematar esta entrada y me diré a mí mismo que no es fácil mantener en los tiempos que corren un espacio propio durante un año sin que te desahucien de él, así que por ese lado me siento orgulloso. Y tal vez la atmósfera que respiro a diario hubiese estado mucho más viciada de no haber existido.

Por lo que a esto último respecta, gracias a los pocos que habéis contribuido a que este lugar fuera un poco más habitable durante este su primer año de existencia. Para los demás, repito casi las mismas palabras que utilicé cuando inauguré La Buhardilla de Álber: todos estáis invitados a mirar, pero hay que ganarse el derecho a entrar.

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6 respuestas a La Buhardilla de Álber cumple un año

  1. Vota y Calla dijo:

    Enhorabuena, Álber. Yo cumplí el añito hace poco, y he de reconocer que hice uno de esos rankings que tan poco te gustan, espero que no me lo tengas en cuenta 😉

    No es fácil mantener nada durante un año, así que aunque sólo fuera por eso (que hay muchos más motivos) deberías sentirte satisfecho. Por mi parte, mentiría si te dijera que te leo siempre, pero también si afirmara que no te leo nunca. ¿Qué te he podido dejar en la buhardilla? ¿Un pequeño salvamanteles? En cualquier caso, ¡a seguir!

    • alber4 dijo:

      ¡Mil gracias! Créeme que soy consciente de que me lees y me has dejado en este tiempo algo mucho más valioso que un salvamanteles. Aunque a veces mi Buhardilla sea un poco desastrosa, en el fondo sé diferenciar quien la mira de puntillas y receloso de quien lo hace con verdadero interés y cariño ;).

  2. Otro Álber dijo:

    Felicidades por tu primer año de vida en la buhardilla. Como bien dices, un hogar desordenado y caótico, pero también brillante y acogedor, que no admite hipotecas de ningún tipo y donde vive un loco sin miedo a ser desahuciado.

    • alber4 dijo:

      En fin, tocayo, qué puedo decirte que no te haya dicho ya en persona, salvo reiterarte las gracias por estas y todas las demás palabras que me has ido dejando durante este primer año de vida. Un abrazo.

  3. @caordas dijo:

    ¡Hola Álber!:
    Puedes sentirte más que orgulloso de este precioso refugio que has creado. Confieso que te leo siempre, aunque no suela hacer comentarios.
    Es cierto que ser uno mismo se paga muy caro, pero la satisfacción que se siente es incuantificable. Así que te animo a que no dejes de seguir haciendo habitable tu buhardilla.
    ¡Enhorabuena y felicidades!
    Un abrazo,
    Carmen.

    • alber4 dijo:

      Como bien sabes, tú eres una de esas pocas personas a las que he dejado entrar en mi Buhardilla durante este primer año y eso deja bien a las claras lo importante que eres para este refugio virtual. Supongo que te habrás encontrado mencionada sutilmente en este artículo onomástico, agradeciendo como siempre tus consejos, halagos y críticas siempre constructivas. Besos.

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