Carta al 2014

Querido 2014:

Supongo que ya me conoces, de modo que me ahorraré las presentaciones. Espero que no te moleste que te escriba una despedida provisional –no me cabe duda de que volverás recurrentemente a nuestra memoria–. No lo hago por fastidiarte ni por hacer leña del árbol caído, simplemente se trata de una mala costumbre mía el dramatizar todo, incluso la muerte táctica, que no real, de un año escurridizo como tú.

Creo que mereces más parabienes que tu predecesor, no porque contigo se haya recuperado el optimismo huero de esta España tendenciosa; aún menos estriba el motivo en el hecho de que el planeta haya sobrevivido un año más contra todo pronóstico y pese al ser humano.

No, la razón es bien distinta, estimado 2014 que ya pides la extrema unción. A diferencia del desolador paisaje que trajeron tus predecesores, tú has sabido encontrar un recoveco entre tanta tragedia griega y quebrar la execrable y lastimera monotonía que nos invadía. No me atreveré a tildarlo de esperanza, pues en cuanto a fe suelo andar sin blanca, pero al menos admitiré tu vocación de generar una inquietante sensación de cambio.

Entre tus fauces, que siguieron devorando de hambre a los niños de África, de desesperación a los inmigrantes, de intemperie a los desahuciados, de impotencia a los dependientes, de angustia a los enfermos o de intolerancia a los perseguidos políticos –como hicieron cualquiera de tus anteriores hermanos–, se vislumbró por el camino que llevaba a tus complejas entrañas algo parecido a un corazón que palpitaba con ritmo irregular; alejándose de la sincronización perfecta y cruel del ritmo que marcaba el metrónomo a las baterías tocadas por el resto de tu parentela, ya fenecida, cuya herencia, no obstante, sigue aquí, como la de los reyes que abdicaron, las duquesas que no se despertaron al alba y los presidentes de bancos que se pusieron las botas.

En esa desacompasada anomalía, España ha vuelto a ser dos que se pelean, esta vez sin armas, la del podemos y la del mejoraremos, la de los discursos que suenan a misa de iglesias comunistas y la de las falacias repetidas desde los púlpitos católicos de siempre. Aunque el bipartidismo cambiará de piel y color, hay una ficción de tercera vía, como si todo se lograra partido a partido.

El pueblo español despertó de su letargo político durante tu corta vida, 2014, aunque no se despejaron las incógnitas de las generaciones Y y Z. Ecuaciones que tal vez jamás tengan resolución, resacas que dejan las políticas de garrafón y las mentalidades de licores mezclados.

En tu Nochevieja volveremos a brindar, como cada año, entre gritos y pitos, todos los españolitos, haciendo por una vez algo a la vez (una hora menos en Canarias), pese a que tu singular osadía en comparación con tus últimos hermanos mayores estuvo a punto de írsete de las manos. Poco faltó para que tu último día fuera el primero de la historia en no disfrutar del polvo mágico entre la Puerta del Sol y la Plaça de Catalunya, pero amantes y andantes siempre se acaban imponiendo a marineros y soldados.

Desmemoriado 2014. Diremos adiós a los que ya no están en tu último suspiro de vida, en tu postrero halo, pero no nos acordaremos de aquellos que nunca estuvieron. Siempre invisibles y anónimos, como los muertos por las dos criaturas más horrendas que has engendrado durante tus doce meses: el ébola y el ISIS. Otros monstruos te los dejaron en adopción y ni siquiera ese trabajador social contratado por una empresa privada que algunos llaman Dios te entrevistó para saber si cumplías los requisitos; por ello no se te puede culpar más de la cuenta por amamantar a los maltratadores, los ladrones de vidas principales más intereses, los herreros de almas cuyo fundido forja a las suyas famélicas, los de gatillo fácil o los que siempre pegan gatillazo, entre otros seres del Averno con rostro de ángel.

Mientras te vas extinguiendo entre champán, uvas y alquitrán, echaremos la vista atrás para hacer balance de nuestros pecados y aciertos; ganarán por goleada los primeros para el exigente, triunfarán los segundos para el condescendiente.  Más de estos últimos hay en España, que is different como los villancicos de los cantautores, la Guardia Civil, el 21% de IVA Cultural, las películas dobladas, las pantallas de plasma y la burbuja del deporte. Entre tanto balón pinchado, surgieron las mujeres para recordarnos (hombres ególatras y presuntuosos) a lo largo de tus cincuenta y dos fines de semana que sin la droga del aplauso y el veneno del dinero también se puede llegar al éxito.

Ten por seguro que no miento, año de fracasos masculinos; que nos lo digan a los que habitamos a orillas del Pisuerga –sin olvidar al Esgueva–, allí donde el morado se tiñó de negro. Sólo hubo victoria en las aulas culturales y en los campos donde se comían quesos y conejos, mientras Zorrilla escribía sus peores versos y en las huertas que en su día fueron del Conde Ansúrez se cambiaba de cultivo con lágrimas saliendo de las mangueras que las regaron.  Entretanto, desde la Plaza Mayor se siguieron escuchando rugidos improcedentes, pero sigue siendo el león rey de esta jungla asfáltica tan alejada de lo tropical.

Desconcertante 2014, te vas expulsándonos todo el frío que conservabas dentro de tu calendario de estaciones revueltas y desorden climático. Algún día la Tierra nos lo hará pagar y tal vez no seamos tan interestelares como tú has pretendido. Ceuta fue estrella en la ficción patria y protagonista en la realidad; pese a la vuelta de Torrente, el personaje del año fue un tal Nicolás. Los indies españoles fueron por fin independientes y alguno se volvió a acordar del rock, pero, como dijo Melendi, ya no quedan canciones como las de Extremoduro y Evaristo siempre será La Polla y el rey de la baraja. Por lo menos, hiciste que los niños cambiaran el caballo coreano de tu odioso hermano 2013 por el Happy hollywoodiense que cantaba su villano favorito, aunque la felicidad no sea más que una ilusión infantil.

Viejo año 2014, espero que le digas al nuevo 2015 cuando se disponga a abandonar el útero de vuestra madre la historia que no sea tan veleidoso y prostituto como tú. Pídele de mi parte que  camine con lealtad por las páginas de la crónica humana y sobre todo que entienda que cuando se dicte sentencia sobre su causa preferirá haber tenido la justicia de su lado antes que al Derecho.

Por mi parte, expirante 2014, poco más que añadir que no haya dicho ya en este cuarto alborotado y revoltoso como tu exigua existencia. Tal vez por eso, ahora que te vas y te observo en todo tu conjunto, te tenga respeto aunque hayas traído muchas cosas que no me gusten. Que venga tu hermano pequeño  con salud para todos, no sólo para los míos, unos gramos de tolerancia y un chute de raciocinio bajo el brazo, que el dinero llega menos cuanto más lo pedimos. En cuanto a mí, te encargo un último recado, antes de que los estertores jadeantes no te dejen pensar con claridad: dile a 2015 que me haga a imagen y semejanza de los niños que me quieren y me dé la astucia y sabiduría necesarias para enseñarles a querer el mundo sin hacerse a su imagen y semejanza.

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