Relatos mínimos (por Carmen Carrión Ordas)

Una vez más, ella lo ha conseguido. La proeza de colarse en mi Buhardilla, descolocar algunos muebles, pulir la superficie polvorienta, desmontar unos cuantos esquemas en cuanto al orden de los enseres, utensilios y demás menaje que pululan por los rincones de este cuarto.

Me refiero a Carmen Carrión Ordás, una escritora que, tal vez porque no se considera a sí misma como tal, brilla con luz propia en las obritas literarias que construye, pequeñas en lo que a su extensión física se refiere pero enormes en cuanto a su contenido emocional. Justo hechas a la medida de esta Buhardilla.

Por ello hoy mi tradicional entrada dominical se la reservo a ella, por segunda vez en la corta vida de este espacio virtual. La primera fue el pasado 26 de mayo, con aquella Respuesta de una valiente que me ganó por su osadía.

Directamente desde el corazón y apuntalando las sensaciones con palabras perfectamente escogidas, maravillosamente encadenadas, Carmen ha escrito estas líneas maravillosas que ella titula simplemente Relatos mínimos y que transcribo a continuación en cursiva. Se merecen un sitio mucho más prominente que esta modesta alcoba, pero ya sabemos que no corren tiempos fáciles para los que hacen arte. Y ella, aún sin ser consciente de ello, es una auténtica artista. Tal vez porque no lo sabe, por eso lo es de verdad, sin pretensiones, sólo con sinceridad y sencillez.

Espero que disfrutéis sus creaciones tanto como yo.

I

Me asomo, la luz entra y cae plomiza, suspendida, dibujando todo en tonos translúcidos. Oigo ecos de sonidos encerrados que discurren a lo largo y ancho parándose en su descendimiento inevitable mientras adquieren una tonalidad especial.

Puedo intuir la vida; unas veces alargada, como las sombras del humo que se diluye de un cigarrillo que alguien fuma apurado.

Triste como ese leve tarareo que discurre entre las bisagras de una ventana sin cortinas, más cerca del lamento que de una canción.

Olvidada, como alguna prenda descolorida y pinzas desarmadas que nadie acaba de recoger nunca.

Perdida, como las miradas que no miran, se fijan clavadas en puntos infinitos de la fachada.

Huidiza, como la curiosidad que merodea entre la persiana medio bajada, buscando las complicidades fuera que no encuentra dentro.

Doliente, como los pájaros que aparecen grisáceos en el fondo, intentando alzarse hacia las alturas.

Incómoda, como la oscuridad que esconden las ventanas siempre cerradas en sí mismas.

En cambio, otras veces, puedo intuir la vida; alegre, como la radio encendida con las canciones de moda.

Vital, como su rostro dorado cuando nos saludamos asustados.

Agradecida, como la silueta de tu cuerpo tras la cortina.

Y sigo asomada y comprendo que la vida se refugia sobre sí misma, en su sinsentido, en todo lo que escondemos, en lo que yace tapado oliendo a podredumbre. Se rocía con deseos, con propósitos que al final mueren por hacerse cobardes.

II

Me fui de allí enredada entre las ramas de los árboles, balanceando mi cuerpo entre las pocas hojas que caían al helado asfalto. Sin más compañía que la noche y tu recuerdo humeante en mi cabeza fría. Me supo a poco tu presencia, hubiera tomado otra, más solos, hasta más tarde. Te di un beso largo inocente de mejilla, hundido en tu barba espesa de algodón al rozarme. Pero no sé, quizá las ganas, me hicieron cobarde. Siento que el rastrero perro callejero meara en mi puerta, contigo delante. Hubiera entrado en tus ojos, pero solo me atreví a mirarme. ¡Qué falta de inercia la mía…!. Me enroqué con la torre, ni siquiera fui capaz de darme la vuelta y mirarte. No fumo, sospecho que lo sabes, pero te hubiera robado el humo encerrado en tus labios para escribirte versos en el aire.     

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2 respuestas a Relatos mínimos (por Carmen Carrión Ordas)

  1. @caordas dijo:

    Querido Álber:

    Mis relatos no encuentran mejor cobijo que tu entrañable Buhardilla.

    El calor cercano, en el que los sentimientos se fraguan lentos, tus palabras sabias que adornan las paredes y la valentía de ser tu mismo impregnándolo todo… hacen imposible que mis relatos encuentren mejores vistas. Las alturas dan perspectiva.

    Por eso una vez más, te doy mil veces gracias, y podría dártelas de nuevo esta tarde y mañana. Que alguien entienda tus sentimientos hechos palabras es algo tan inexplicable… que lo único que consigue es derribarme y despojarme de mi misma, haciendo sentirme fuerte y poderosa a la vez.

    No dejes de escribir nunca.

    Un abrazo fuerte,
    Carmen.

    • alber4 dijo:

      Aunque ya te lo he dicho por otra vía, tenía pendiente responderte también por aquí, querida Carmen. Eres una escritora con mayúsculas, aunque en este caso sea de relatos mínimos, pero la extensión es lo de menos cuando la calidad y la profundidad son tan grandes. No te sientas tan sorprendida, es algo que merece tu obra y también tú por tener esa sensibilidad especial. Yo no he hecho nada, sólo darte un modesto espacio para que se muestre lo que haces, algo a lo que todo el mundo que es capaz de escribir como tú debería tener derecho. Por desgracia, ni mucho menos es siempre así Un beso grande. Álber.

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