Partidos fuera de la cancha (II)

En la primera parte de este artículo, me limité a poner sobre la mesa la realidad actualizada sobre la gestión económica e institucional del Club Baloncesto Valladolid, sin despegarme demasiado de la objetividad, como si hubieran sido los dos primeros cuartos de un partido de baloncesto, normalmente más tácticos y encorsetados, donde no se abren grandes diferencias, en los que a veces los equipos miden sus fuerzas, se estudian, se prueban, guardando sus mejores cartas para el tercer y cuarto cuartos. En esta segunda mitad del encuentro intentaré tirar de intensidad a base de opinión desde la línea de 6,75 (yo no dejo de ser un mindungui que, aunque pueda contar con cierta información, mira las cosas de lejos y se mueve por el perímetro), no sé si con más o menos acierto, e incluso probaré a vaticinar el resultado antes de que suene el pitido final.

Lo primero de todo es reflexionar sobre la motivación que ha llevado al Ayuntamiento a realizar el giro para algunos incomprensible en cuanto a su manera de abordar la “concejalía” del CB Valladolid. En mi opinión, el actual Concejal de Hacienda y Deporte, Alfredo Blanco, que además es presidente de la Fundación Municipal de Deportes de Valladolid, tiene un papel capital en ese cambio de actitud. Cabe pensar que las consignas de austeridad dictadas desde el Ministerio de Hacienda por Cristóbal Montoro también ha jugado un papel clave. Desde que el Confiscador de Rajoy llegó a la Moncloa, las cosas cambiaron, al menos en lo que los ciudadanos pueden ver, sentir y sufrir. Ya no se podía gastar a espuertas, había que recular, fiscalizar cada partida, revisar su ajuste a la legalidad que antes se había aplicado no ya de forma laxa, sino en modo blandiblú.

El alcalde de Valladolid Francisco Javier León de la Riva y el Concejal de Hacienda y Deporte Alfredo Blanco. (Imagen: Radio Valladolid Cadena SER).

Alfredo Blanco, cuya relación con el alcalde León de la Riva dicen que no ha sido demasiado fluida en los últimos tiempos, veía el CB Valladolid como una amenaza y no sólo fue el primer miembro del Ayuntamiento en desmentir públicamente la propiedad municipal del club, sino que sus pasos posteriores han ido muy en la línea de desvincular al Ayuntamiento de la entidad morada (y de distanciarse él mismo, tal vez temiendo que la futura liquidación del club le rebotase de algún modo). Al menos, de cara al exterior. Porque internamente, la realidad es bien distinta. El propio Óscar Puente, el candidato del PSOE a ocupar la alcaldía de la ciudad y aliado hasta hace bien poco de León de la Riva respecto a las decisiones del baloncesto, me dio la razón recientemente a través de Twitter, respondiendo a un comentario mío en el que afirmaba que desligar al Consistorio de la institución morada era harto complicado. Yo ahora añadiría que, a día de hoy, es prácticamente imposible.

Por eso, una de las principales propuestas de Izquierda Unida, el otro partido político con representación en el Ayuntamiento de Valladolid, en la que se solicita precisamente que ambas realidades dejen de estar identificadas, más allá de ser muy deseable para las arcas municipales, resulta casi inviable de llevar a la práctica. De hecho, en un reciente informe del grupo comandado por Manuel Saravia se detalla con precisión la identificación total entre la institución más representativa de Valladolid y su principal club de baloncesto, por mucho que se haya tratado de enmascarar creando entidades superpuestas, sobre todo la Fundación Baloncesto Valladolid, máxima accionista del CB Valladolid, y que está a su vez financiada y gobernada por el Ayuntamiento, que, como se recoge en el mencionado documento, es el empresario verdadero. No sólo por su propiedad a través de la Fundación, sino también por ser uno de los miembros del Consejo de Administración del club. Yo ya escribí detalladamente sobre esto mismo hace dos años para el medio digital VAVEL. Lástima que el artículo ya no esté disponible en la web. Es lo que implica ser un mindungui, supongo.

Representantes del Ayuntamiento de Valladolid durante la presentación de José Luis de Paz como presidente del CB Valladolid el 19 de septiembre de 2012. (Imagen: Valladolid Deporte).

Con esta compleja maraña entretejida entre el órgano que representa al conjunto de la ciudadanía vallisoletana y la empresa del equipo de baloncesto morado, a veces insultante, otras veces escandalosa y la mayor parte de las veces tediosa, la situación que ahora mismo queda, fuera aparte de la lógica ruina económica del CB Valladolid (que por haberse puesto de manifiesto tantas veces y resultar tan evidente y notoria huelga ahora por mí parte explicarla), es la política.

Este club se ha convertido, ni más ni menos, que en un elemento de controversia entre partidos políticos (principalmente entre el Partido Popular e Izquierda Unida, pues en este asunto el Partido Socialista ha ido de la mano del PP, aunque ahora Óscar Puente denuncie la falta de transparencia de León de la Riva y sus acólitos sobre todo este farragoso asunto) y su futuro, aunque resulte surrealista hablar en dichos términos dada su miseria económica, depende exclusivamente de las decisiones políticas. En concreto, dentro de la coyuntura actual, el contexto de elecciones municipales, que están a la vuelta de la esquina, resulta clave. No en vano, y aunque IU lleva ya tiempo poniendo el grito en el cielo sobre este tema y cargando contra De la Riva and cía por su oscurantismo (aunque no tanto como yo, pero eso ahora ya da igual y además a nadie le importa), el hecho de haber publicado en este preciso instante su estudio de la cuestión, con conclusiones y sugerencias sobre su posible resolución, obedece a una estrategia claramente electoralista, sabedor el grupo liderado por Saravia de que es un tema tremendamente escabroso para el PP (e indirectamente para el PSOE), que le genera una imagen negativa de cara a la opinión pública (muy sensibilizada en los últimos años con el mal uso del dinero público) y que este proceso electoral es radicalmente opuesto a los anteriores, porque jamás ha existido una oportunidad tan propicia para desbancar a De la Riva (aunque el PP aún no le ha confirmado como candidato) después de tantas derrotas que la actual, ya no sólo debido al desgaste acumulado por el propio Javier León después de tantos años al frente y tantas polémicas superpuestas, sino también y sobre todo por el flujo de elevado descontento hacia la clase política tradicional que ha gestionado casi todas las instituciones del país prácticamente desde hace 40 años.

Alberto Bustos, María Sánchez y Manuel Saravia, concejales de IU en el Ayuntamiento de Valladolid, durante la presentación de su informe sobre el CB Valladolid en febrero de 2015. (imagen: Tribuna Valladolid).

Los mismos que curiosamente cumpliría el Club Baloncesto Valladolid el año que viene, 2016. ¿Los cumplirá realmente? Casi todos los aficionados al deporte pucelano se hacen esa pregunta. Voy a tratar de mojarme, aunque soy consciente de que la respuesta es complejísima y de que estoy jugando a ser adivino basándome únicamente en sensaciones e intuiciones, haciendo proyecciones a la vista de ellas, de los datos hasta ahora recopilados y de los actuales comportamientos de los actores interesados. Yo creo que, si León de la Riva vuelve a ganar las elecciones y sigue siendo alcalde de Valladolid –lo cual probablemente implicaría la salida de Alfredo Blanco–, tendrá manga ancha y se sentirá legitimado una vez más para hacer y deshacer en el club según sus propias convicciones, preferencias e intereses.

¿Cuáles son estas? Sigo pensando que el inefable edil se resiste a liquidar el CB Valladolid, ya no tanto por cuestiones emocionales y por intereses económicos como antaño –eran otros tiempos, el deporte daba dinero, había patrocinios, la construcción movía mucho dinero, había personas que no cabían en las instituciones públicas y que había que colocar en satélites que orbitaban alrededor de ellas–, sino más bien por una mera cuestión de practicidad. Creo que él sabe que no puede arriesgarse a continuar con la burda y retorcida estrategia de la desvinculación, iniciada por Alfredo Blanco más o menos en febrero del año 2013 y que él sorprendentemente decidió secundar, dando la callada por respuesta –a veces con tremenda soberbia, fiel a su estilo– a la mayor parte de las interrogaciones sobre el club que le han sido planteadas desde entonces, o incluso mintiendo –como cuando replicó ante una pregunta mía que el Ayuntamiento no había tenido nada que ver en la gestión económica del CB Valladolid.

Óscar Puente (PSOE), el alcalde León de la Riva y el expresidente del CB Valladolid José Luis Mayordomo, durante el acto donde se anunció la cesión del Pabellón Pisuerga por parte del Ayuntamiento al CB Valladolid. (Imagen: lainformacion.com).

Pienso que De la Riva, que de tonto no tiene un pelo de los pocos que pueblan su cabello, sospecha o incluso tiene la seguridad –al igual que en el fondo la tiene Blanco– de que haga lo que haga, cualquier proceso jurídico incoado por abogados competentes y sustanciado por un juez mínimamente sensato y razonable acabaría desembocando en una sentencia que reconocería la responsabilidad del Ayuntamiento respecto a la deuda del club, que ahora mismo nadie sabe muy bien en cuánto está exactamente cifrada, debido a todos los vaivenes que se han producido recientemente –el pago del Fondo de Ascensos y Descensos por parte de ACB, los líos de las subvenciones antes comentados, etc.–, pero que ascendía más o menos a siete millones de euros según los últimos datos que se dieron a conocer sobre la misma hace meses y que ahora podría rondar los cinco millones y medio.

Cuantioso palo para el peculio municipal, que repercutiría en todos los vallisoletanitos y vallisoletanitas de a pie, pese a lo cual la ciudadanía generalmente parece pasar bastante de este tema. Cuando el alcalde suelta sandeces machistas sobre su convivencia efímera e incómoda con mujeres en un ascensor causa mucho más rechazo popular que si deja un agujero económico a la ciudad por la pésima y enrevesada gestión de una empresa deportiva en la que nadie jamás le mandó meterse, el desvarío de su política urbanística o los tejemanejes en las modificaciones del Plan General de Ordenación Urbana. Ni de lejos justifico lo primero, que es obviamente lamentable y censurable, pero sinceramente me  parece mucho más grave –y perjudicial para Valladolid– lo relativo al CB Valladolid, que es un auténtico escándalo y un cúmulo de despropósitos, un ejemplo tan perfecto del daño que pueden hacer los políticos cuando se ponen a jugar a empresarios (en este caso además de una sociedad anónima deportiva, con todos los condicionantes emocionales y de repercusión mediática que tiene implícitos) aplicando sus parámetros de Monopoly, ignorando la realidad que subyace por debajo, o aún peor, importándoles un comino la misma.

Otra hipótesis que se puede dar es que el PP gane las elecciones pero el alcalde no sea León de la Riva. No creo que en ese caso cambiase mucho el escenario respecto al descrito en el primer supuesto. Sea quien sea el primer edil, la actuación respecto al club seguirá siendo probablemente muy similar a la sustanciada en los últimos años: seguir alargando su agonía, continuar gestionándolo a las espaldas de la ciudadanía, en la sombra, desde despachos a media luz situados en el edificio consistorial, cruzando los dedos para que aparezca un gran mecenas o se produzca algún tipo de milagro económico que salve contra todo pronóstico a la entidad. Proseguir la eterna huida hacia adelante, término que se utiliza mucho por los periodistas deportivos de estos lares para definir el comportamiento histórico de los directivos del CB Valladolid. No obstante, yo creo que sólo es achacable al Ayuntamiento, que es quien controla y ha controlado absolutamente todo en la institución morada.

(Imagen: Promecal).

Pero claro, podría suceder que el PP perdiera las elecciones y el próximo alcalde de Pucela no fuera ni De la Riva ni ninguno de sus afines –sinceramente me cuesta creerlo, aunque sin duda la inminente cita electoral es la más complicada que el PP ha tenido en esta ciudad desde los tiempos de Bolaños, predecesor de Javier León–. En ese caso, la actitud a tomar en relación a la entidad de baloncesto debería ser coherente con la que se reclama desde la oposición. Es decir, si el PSOE gobernara y a tenor de las últimas declaraciones de Óscar Puente, se deberían buscar fórmulas para la viabilidad futura del club,  estableciendo un convenio que garantizara las subvenciones y actuando con transparencia desde el Ayuntamiento, reconociendo abiertamente que es el dueño de la institución y que por tanto ha de intentar salvarla. Además, en base a las propias palabras de Puente, sería necesario desbloquear desde el Ayuntamiento el proyecto de la parcela colindante al Polideportivo Pisuerga y ceder la explotación del futuro negocio que allí se establecería al CB Valladolid.

Si por el contrario la candidatura más votada fuera la de Valladolid Toma la Palabra, que aúna a Izquierda Unida, a Equo y a representantes de diferentes colectivos ciudadanos, con Manuel Saravia como cabeza de lista, entonces eso significaría probablemente que se trataría de encontrar un camino jurídico para denunciar las malas prácticas en cuanto a la utilización del dinero público destinado al CB Valladolid, tal vez incluso llevando a los tribunales a los anteriores presidentes y altos cargos directivos de la institución morada o exigiendo responsabilidades al propio grupo municipal del PP por su gestión, todo ello en aras de minimizar el daño para el Ayuntamiento y con el objetivo a medio plazo de desvincular a este del club, que inevitablemente acabaría desapareciendo, pues la única razón por la que sigue vivo es por una mera cuestión política.

Asamblea de la agrupación política Valladolid Toma la Palabra. (Imagen: Tribuna Valladolid).

No tengo la certeza de que todas estas posibles situaciones se acabarían realmente produciendo, pero lo que sí les puedo decir a todos los que se hacen aquella pregunta antes formulada relativa a lo que ocurrirá con su club de baloncesto es que la resolución del enigma en gran parte depende del resultado de las elecciones municipales del próximo mes de mayo. Eso lo tengo clarísimo. Más allá de eso, no puedo afirmar categóricamente que el club se vaya a liquidar en verano de 2015, como algunos periodistas de la ciudad adelantaron categóricamente hace algunos meses. No tengo datos ni información al respecto y sinceramente creo que nadie, tal vez ni el propio León De la Riva, está en condiciones para responder de forma rotunda a esa cuestión que se plantean los aficionados.

En realidad muchos llevan planteándola recurrentemente, aunque cada vez con más intensidad, casi desde que este club comenzó a dar sus primeros síntomas de desastre económico, y para eso habría que remontarse a la época en la que Valladolid aún no tenía multicines en centros comerciales. Para ser honestos, ya era ruinoso antes de que el Ayuntamiento se hiciera cargo de él, lo cual probablemente pone aún más en tela de juicio aquella decisión. Pero también, con la misma franqueza, hay que decir que la gestión del gobierno de León de la Riva, directamente o a través de las diferentes directivas que han pasado por el club, no sólo no ha servido para que mejorara esa situación, sino que la agravado considerablemente. Es la triste idiosincrasia de la identidad morada, a la que por otra parte muchos queremos hondamente porque significa mucho en nuestra vida lúdica y emocional y ha estado siempre presente en nuestras ilusiones, deseos, aspiraciones, sentimiento de identificación con nuestra ciudad y, sobre todo, nuestra pasión por el baloncesto.

Y es que no quiero terminar esta exposición sobre la politización vergonzosa del Club Baloncesto Valladolid sin recordar que, pese a los tremendos vicios que lo han corroído con el paso de los años y a la perversión de su objeto principal, esto es un equipo de baloncesto con jugadores, entrenadores, médicos, fisioterapeutas, delegados y personal administrativo detrás. Sin olvidar a su cantera y a la propia afición, cada vez por desgracia más exigua (y eso no es culpa de De la Riva, ni del Ayuntamiento, ni de los directivos, sino del carácter desapegado y a veces muy ingrato de esta ciudad), que considera al CB Valladolid como parte destacada de su tiempo de ocio. Tampoco quiero dejar de referirme a los acreedores del club, y no precisamente a la Hacienda Pública y a la Seguridad Social, que no hacen otra cosa que representar supuestamente los intereses del conjunto de la ciudadanía, sino de aquellos sujetos individuales, ya sean personas físicas o jurídicas, que han visto como el Ayuntamiento (utilizando al CB Valladolid) defraudaba la confianza que habían depositado en la institución morada, algunos de ellos precisamente sabedores de que el Consistorio estaba detrás. ¿Qué puede haber más rastrero que iniciar la travesía figurando como el timonel visible cuando aparentemente las cosas van viento en popa para después esconderse entre las crujías del navío, dejando a otros testaferros toda la responsabilidad de pilotar, cuando la tormenta se desata y el barco, llevado por las olas, llega desvencijado a las costas de las que partió, donde esperan sobre la arena con gesto cabreado los financiadores del viaje?

Pero aún más despreciable resulta que en este caso muchos de esos pequeños mecenas formaban parte de la propia tripulación, grumetes incautos que se embarcaron y acabaron siendo lanzados por la borda, aunque algunos aún siguen en cubierta. Y es que nadie sufre con mayor crueldad en sus carnes el indecente trato del Ayuntamiento y su cobarde modo de dirigir el velero que los actuales trabajadores del CB Valladolid. Desde sus jefas de prensa hasta el último de los jugadores, pasando por el propio Porfi Fisac, que por cierto es el máximo culpable de que no haya habido ahogamiento colectivo esta temporada en las traicioneras aguas del Pisuerga.

Porfirio Fisac, actual técnico del CB Valladolid. (Imagen: Tribuna Valladolid).

Ese es el mayor drama. Al final, hablamos de personas ninguneadas, olvidadas, arrinconadas o directamente desterradas. Que el propio Ayuntamiento de una ciudad, supuestamente encargado de velar por el bienestar de todos sus residentes, máxime cuando son trabajadores de una empresa de su propiedad, sea el principal responsable de tal desvergüenza, produce repugnancia, resulta infame y crea una sensación de desamparo y de impotencia terribles. Empleados no ya en situación precaria, lo cual al menos podría resultar soportable pese a las estrecheces, sino trabajando en un régimen de voluntariado de facto desde hace muchos meses. Nóminas impagadas que se amontonan cubiertas por un polvo que no ensucia los impolutos sillones, las paredes revestidas de obras pictóricas o el suelo decimonónico de la Casa Consistorial. Salarios adeudados que en algunos casos no superan los 300 euros al mes. Jugadores de la actual plantilla que han tenido que ser auxiliados por otros compañeros con situación algo más desahogada o por el propio Porfi Fisac. Incluso el presidente Sunil Bhardwaj invitó a su casa a dos de ellos para que pudieran comer en Navidad, algo que finalmente pudieron hacer gracias a la colaboración de los responsables del UVA Ponce Valladolid.

Sunil Bhardwaj, actual presidente del CB Valladolid. (Imagen: El Norte de Castilla).

Y, mientras todo esto sucede, el Ayuntamiento se dedica a mirar para otro lado, a perderse en sus vericuetos jurídicos, en sus propias contradicciones históricas en cuanto a la gestión de este club y a negar la mayor, la de que él es el principal responsable de la miseria económica a la que ha abocado al club y por ende a todos los que trabajan en él. Sólo un poco de humildad, un poco de sinceridad por su parte, bastaría para aliviar mínimamente a la gente que depende del CB Valladolid. Ya no voy a ser tan osado de pedirle un rescate extraordinario –que en realidad es a lo que debería estar obligado moralmente, ya que siguen jugando con la mentira de que no lo están jurídicamente, falacia que espero que algún día se desmonte–, pero al menos se agradecería una pizca de honestidad y comprensión, aunque fuese en forma de promesa paternalista. Un escueto gesto, una rueda de prensa en la que se comprometieran a resolver esos problemas, que tienen nombre, apellidos, cara y corazón, resultaría a todas luces insuficiente, pero al menos sería algo, un mínimo paso.

Pero la actitud del Ayuntamiento va en una dirección diametralmente opuesta a esa que demanda el mínimo sentido ético. Por eso, desde este sitio donde por suerte aún soy libre para decir lo que pienso, sin estar sujeto a los dictados de ningún grupo político, sin participar en ninguno de los partidos del CB Valladolid que se juegan fuera de la cancha, hago una reclamación que no es ni mucho menos la popular ni la mayoritaria. Mientras muchos ciudadanos y bastantes periodistas piden a gritos la disolución inmediata del Club Baloncesto Valladolid, para que no siga generando más deuda ni más sangría de dinero público a las arcas municipales, yo me uno al carro de Porfi Fisac para defender exactamente lo contrario. Donde otros dicen que lo mejor para que continúe habiendo baloncesto de élite en la ciudad con aspiraciones de volver a la maldita ACB –la perla codiciada que tanta codicia generó y a la que tantos codiciosos e irresponsables se aferraron para herir de muerte al club– es la liquidación de la entidad morada fundada en 1976 para crear un nuevo club, al estilo de lo que se hizo con el balonmano el verano pasado, yo sostengo la idea opuesta.

Porfi Fisac. (Imagen: El Norte de Castilla).

En mi opinión, este club tiene que sobrevivir como sea y pagar lo que debe, como repite Porfi en muchas comparecencias de prensa. Es una necesidad de la ciudad y no sólo por su historia, sino sobre todo de cara a los ciudadanos, vallisoletanos y de fuera, que se han visto perjudicados por la gestión de sus dirigentes. No sólo económicamente, sino también en cuanto a su ilusión y expectativas, que ahora se ha recuperado gracias a la voluntad de sus trabajadores –también incluyo a la actual directiva, pese a sus fallos– y a la fantástica labor que se realiza desde sus categorías inferiores hasta su primer equipo, donde hay un técnico irreemplazable y unos jugadores que se dejan la piel en cada partido pese a no cobrar un duro desde hace meses.

A los vallisoletanos se nos llena mucho la boca cada vez que hablamos de nuestra nobleza, fidelidad y de nuestra honradez. Pues bien, el Club Baloncesto Valladolid es una oportunidad clarísima para demostrarlo. Salvar a este club es una obligación que va más allá de lo deportivo e incluso de lo emocional. Es una cuestión de valores, esos que tan poco abundan en los últimos tiempos en las altas esferas pero que aún son capaces de representar pequeños grupos, como en este caso el equipo dirigido por Porfi Fisac y los demás miembros que forman parte de la familia del CB Valladolid.

Actual plantilla, cuerpo técnico y presidente del CB Valladolid durante la presentación del patrocinador MyWiGo. (Imagen: elminutouno.es).

La desaparición del club, el pufo que quedaría detrás en forma de millones de euros de deuda, la traición que se generaría hacia los trabajadores (ahora mismo voluntarios) y su lucha por mantener viva la entidad, hacia los entrenadores de cantera, hacia los niños que van a entrenar y a jugar con toda la pasión que puede caber en sus pequeños cuerpos, hacia los aficionados aún fieles, aunque no sean muchos, que siguen creyendo en esos colores y en ese alma colectiva que les ata a un sentimiento y a una ciudad, significaría una falta de lealtad, de humanidad e incluso de sentido común tales que pesaría sobre la conciencia colectiva de esta ciudad. Exactamente igual que pesará para siempre la disolución del Club Balonmano Valladolid y su deuda de un millón y medio de euros, la cual probablemente jamás se pagará.

Pero el caso del CB Valladolid es aún más grave y también distinto. Porque no se trata de una empresa privada por mucho que tenga esa apariencia jurídica. Es una entidad de todos los vallisoletanos, como decía Francisco Javier León de la Riva cuando aún era valiente y no se escondía detrás de las vallas de sus obras. Esto lleva inevitablemente a poner sobre la mesa una realidad absolutamente alejada de las cuestiones inmateriales que antes he defendido. En realidad, lo más práctico y juicioso para Valladolid es mantener abierto el CB Valladolid y tratar de sanearlo, aunque cueste tres, cuatro, cinco o diez años y tenga que penar por la LEB. Pagando sueldos bajos y estableciendo condiciones muy modestas, pero pagando. Porque de lo contrario, la maquinaria judicial, capitaneada por Hacienda, la Seguridad Social y los acreedores, acabará conduciendo al mismo fin pero con peores consecuencias si cabe para las arcas municipales.

León de la Riva se alza en el palco del Polideportivo Pisuerga. (Imagen: El Día de Valladolid).

En otras palabras, el daño ya está hecho y no se puede reparar, por mucho que Izquierda Unida piense lo contrario –en todo lo demás sí coincido con ellos–. Ahora, toca asumirlo e intentar que no sea mayor. Hacer recuento de errores, acopio del buen juicio que hasta ahora ha faltado, carga de humildad por parte de todos –desde el alcalde hasta el último de los aficionados– y ponerse a trabajar para conseguir que el CB Valladolid sea sano y sostenible en el tiempo.

El siguiente paso obligado sería detectar a todos aquellos que han alentado, contribuido, alimentado u ocultado maliciosamente la catástrofe económica de este club maltratado y maldito. No basta con expiar las culpas, eso es labor del universo católico. En la sociedad civil se pagan. Y en este club hay muchos que deben pagarlas. Algunos con creces. Pero eso no me corresponde a mí, de la denuncia a través de mis palabras no puedo pasar. Carezco de las pruebas que seguramente tengan otros y sobre todo del poder de influencia. Como he dicho antes, yo sólo soy un mindungui. Y los únicos partidos que he jugado en mi vida, con más pena que gloria, han sido sobre cemento o parqué.

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