El Francotirador Eastwood no fija objetivo

Vaya por delante que Clint Eastwood es uno de mis directores de cine comercial favoritos. Muy pocos en Hollywood han conseguido facturar películas de tanta calidad en las últimas décadas como este venerable señor que como actor fue el pistolero preferido e idolatrado por varias generaciones. Luego Eastwood se hizo mucho más artista, se empezó a rodar a sus propias órdenes y logró varias obras maestras, sobre todo en la pasada década.

Sin embargo, me parece que su película más reciente, El Francotirador, naufraga estrepitosamente y supone un gran borrón en su excelente filmografía. No porque la película sea mala, ya que resulta notable en varios de sus aspectos y, de no ser por el trasfondo ideológico que encierra, que sin duda requería otro tipo de película, podría haber sido uno de los grandes trabajos de Eastwood. Hay que decir que para muchos críticos sí lo es, pero como yo no soy crítico y probablemente no tenga ni idea de cine, me fijo en otros parámetros bastante alejados de los puramente cinematográficos para hacer ese juicio.

Cartel promocional de El Francotirador (American Sniper), de Clint Eastwood. (Imagen: http://www.lr21.com).

En mi opinión, toda película debe de perseguir un fin emocional. Sin embargo, no alcanzo a adivinar cuál es el de American Sniper, aunque la única sospecha (nada evidente, esa es la verdad) que uno adquiere después de visionarla es la de que en realidad la finalidad de Eastwood es justificar la guerra de Irak y ensalzar el valor y el heroísmo de los soldados norteamericanos que participaron en ella.

El filme está tratado con una frialdad documental en casi todas sus escenas. Incluso en aquellas correspondientes a la vida del personaje fuera del escenario bélico, donde en teoría hay más carga dramática por el sufrimiento de su mujer, existe una especie de pátina neutra, un extraño mutismo emocional, como si Eastwood se hubiera transformado en una corresponsal de guerra al servicio de una agencia de noticias, obligado a constatar los hechos de forma totalmente aséptica. “El francotirador disparó muchas veces y mató otras tantas. Posteriormente volvió a Estados Unidos, donde se encontró con que su mujer estaba disgustada, lloraba y le pedía que dejara la guerra”. Algo así valdría para transcribir en palabras lo que Clint Eastwood pone en imágenes.

Si la intención del veterano director norteamericano no ha sido la meramente retratista, desde luego a su francotirador le ha salido el tiro por la culata. No hay emoción por ninguna parte, el personaje (muy bien interpretado por Bradley Cooper) no consigue transmitir ni un mínimo nivel de empatía, es imposible identificarse con él. No por el hecho de que sea un pistolero del siglo XXI que participa con ahínco en una guerra que violó las normas de Derecho Internacional. Las virtudes morales o la carencia de ellas no determinan en absoluto la capacidad de un personaje para conectar con el espectador. Hay múltiples ejemplos en el cine de caracteres malignos, despiadados e incluso detestables que han logrado ese magnetismo con el espectador, aunque levanten repulsión u odio. Con buscar en la cartelera actual basta. Hay una excelente película llamada Ex Machina, cuyo visionado por cierto recomiendo encarecidamente, donde no aparecen precisamente personajes que sean ejemplares para la humanidad, y sin embargo su historia crea emociones de todo tipo y establecen el necesario vínculo con el que se sienta en la butaca a verles desfilar.

Bradley Cooper en una escena de El Francotirador. (Imagen: http://www.jotdown.es).

Además, en el caso que estoy analizando es difícil catalogar la bondad o maldad de Chris Kyle, el hombre cuya historia real se narra en El Francotirador. Creo que ahí estriba el gran problema.  El Chris Kyle que Clint Eeastwood muestra en la pantalla parece un simple mecanismo de matar perfecto, que sigue las órdenes con completa pulcritud y absoluta eficacia, una especie de máquina muy bien programada que no flaquea moralmente en ningún momento. Está convencido en cada uno de los 132 minutos que dura el filme de que su tarea es servir a su país militarmente, proteger al pueblo norteamericano, especialmente a su mujer y a sus hijos. No hay conflicto ideológico de ningún tipo, ni siquiera en los pasajes que se desarrollan en Estados Unidos durante los “recesos” del guerrero Kyle.

Tampoco es que haya una clara defensa de la guerra desde el punto de vista de las causas que la motivaron. Simplemente existe y Chris Kyle tiene que estar allí, pues es su obligación como patriota y es condenadamente bueno haciendo su trabajo, hasta el punto de que le apodan “Leyenda”. Eastwood juega a la ambigüedad y hace un matemático trabajo de reportero de guerra neutral, pero no de cineasta. Incluso en los títulos de crédito finales se pone de relieve el afán documentalista del realizador cuando se dedica a mostrar las imágenes reales del funeral de Estado que se le hizo a Kyle, donde se multiplican las banderas yankees cual plaga de mosquitos en verano.

Chris Kyle. (Imagen: http://www.salon.com).

Hasta tal punto resulta poco interesante lo que le ocurre al personaje que refleja Eastwood que uno no siente ni una pizca de pena por él, ni siquiera por su familia, cuando acaba la película y se conoce el trágico desenlace, pero lo que es aún peor, no es capaz tampoco de generar el sentimiento contrario: alegría o al menos alivio por la desaparición de un asesino (con uniforme y amparado por un Estado, pero eso es lo que era Kyle). Uno se queda igual que estaba. No hay sensación de que se cometiera una injusticia contra su persona, ni tampoco de que se llevara a cabo algo así como una poética y justa venganza, aun siendo ejecutada por una mano que no perseguía tales fines. No. Simplemente se muere y ya está. Como la guerra para Eastwood. Estuvo ahí y punto. No creo que la culpa sea del infortunado protagonista real de la película, pues seguramente él tenía mucho más que ofrecer a nivel emocional, para bien o para mal, de lo que muestra Bradley Cooper al recrearle. Tampoco es culpa de este último, que como he dicho realiza una gran interpretación. Es responsabilidad de Eastwood y del tono que imprime a la película, del absurdo espíritu inocuo y vacío con el que la viste.

Clint Eastwood y Bradley Cooper durante el rodaje. (Imagen: http://www.rpp.com).

En definitiva, el laureado director norteamericano yerra completamente el tiro en esta ocasión, demostrando que no basta con tener buenas habilidades profesionales y aplicarlas con esmero a la hora de fabricar un producto. Eso bastaría para una labor material, puramente científica o técnica. Pero no cuando se habla de cine, de arte. Hace falta algo más. Hubiéramos necesitado al Clint Eastwood que nos maravilló al contar la historia de una boxeadora que solicita la eutanasia (Million Dollar Baby), la vida del político africano más famoso de todos los tiempos (Invictus) o los turbios acontecimientos generados a raíz del dramático asesinato de una adolescente (Mystic River), por citar sólo tres de sus grandes obras. Esperemos que ese Eastwood vuelva pronto.

Desmonta tu arma, limpia sus componentes, revisa el punto de mira y dispara de nuevo, Clint. Recuerda tus viejos spaguetti westerns, donde no fallabas ni un tiro.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en cine, Cultura y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s