Algo estaba pasando

Otro fin de semana comienza en Occidente con la noticia de personas muertas a manos del terrorismo islamista. La ola de calor sofoca más que la asfixia moral a la que está sometida cierta parte del mundo. Mientras los medios de comunicación se hacen eco multitudinario de la matanza de turistas europeos en Túnez y de la decapitación de un francés, se reserva un pequeño espacio para comentar que en Kuwait también el ISIS ha sesgado veinticinco vidas. Esto ocurrió el viernes pasado, pero podría ser aplicable a muchos otros días, de ahí el uso del tiempo presente.

No creo que exagere si digo que la guerra declarada por parte de los grupos terroristas que aseguran abrazar al Islam es una de las dos peores noticias que ahora mismo recorren el planeta y tampoco creo que dramatice mucho si comento que es probablemente una de las dos peores situaciones de conflicto a las que se ha enfrentado el mundo civilizado en su conjunto desde hace muchas décadas, tal vez desde la Segunda Guerra Mundial.

La otra, bastante relacionada, es la crisis de refugiados, de perseguidos políticos, de maltratados por las guerras, el hambre, la miseria, las rivalidades tribales, el racismo, el machismo, la xenofobia, el racismo y la trata de seres humanos. Todos estos aspectos son distintas caras del poliedro de las desigualdades económico-sociales, que, lejos de irse paliando, han ido sosteniéndose en el tiempo, consolidándose e incluso aumentando en determinadas zonas de la Tierra.

No podemos decir que esto no lo esperáramos. Es un poco ingenuo echarse las manos a la cabeza, escandalizarse ante la masacre de personas en un hotel, el secuestro de niñas en Nigeria, el degüello de periodistas o el estallido de cuerpos en los mercados de Oriente. Esto se veía venir.

Algo estaba pasando. Se estaba cocinando el odio en los fogones de la podredumbre, la ignorancia, la incultura y la falta de oportunidades. Supuestos mesías portadores de un credo de liberación fueron adueñándose de esa situación tan vieja como el mundo pero mucho más polarizada en los últimos tiempos.

La historia siempre se ha escrito con las tensiones entre pobres y ricos, de acuerdo, pero la novedad ahora estriba en que hay multitud de personas que se encuentran a caballo entre la hambruna, la indigencia más absoluta o la miseria devastadora por un lado y la desesperanza, desilusión, frustración, sentimiento de engaño, por el otro. Las personas que entienden en algún punto de su razonamiento que el mundo les ha jodido y hay que volverse contra él, sin importarles a quien se llevan por delante, ya sea pobre, rico o aspirante  a uno de los dos estados.

Pero nos equivocaríamos si sólo nos quedáramos en esta parte de la radicalización paranoide. Que a nadie se le olvide que vivimos en una sociedad enferma que genera la animadversión incluso entre personas que conviven en situaciones similares. Entonces, ¿cómo no va a provocar esa misma sociedad un sentimiento de hostilidad extrema en personas que se ven a sí mismas en el lado débil de la cruenta balanza del mundo?

Un elemento de medir magnitudes que ni siquiera es totalmente científico, sino que está trucado por los mismos que inventaron el sistema de los contrapesos. Ese que dice que para que una mitad del mundo viva medianamente bien la otra  ha de ser desgraciada. Ahora ni siquiera vale esa premisa, se pone en cuestión, lo redefinen esas aves carroñeras que se acabarán llevando el pasto infernal que dejen tras de sí los brazos mutilados, las cabezas cortadas y los cuerpos baleados.

Posiblemente si me está leyendo algún experto en historia de las religiones, ciertos analistas del problema en Oriente Medio o cualquier especialista en conflictos internacionales, esté poniendo una expresión burlona, mezcla de condescendencia y desprecio al observar la simpleza de mi opinión. Admito que lo es, que este periodistucho que siempre fue escritor acostumbra a bajar hasta los problemas cotidianos para explicar las grandes taras del mundo y a culpar a Occidente de casi todo.

Echar toda la mierda sobre asesinos desalmados que se dedican a trocear o sesgar vidas de forma indiscriminada no soluciona nada, no tiene ciencia alguna y es demasiado fácil. Si hablásemos de cuatro fanáticos que se dedican a llevar a cabo una cruzada imposible admitiría ese argumento. Pero cuando hay personas que se unen a ellos procedentes de todas las partes del globo, cuando esos mismos seres humanos pierden por completo la mínima perspectiva humana y no les importa un carajo hacer que una niña de tres años vuele por los aires o que un viejo lisiado acabe dando de comer a los buitres del desierto, no me valen las infantiloides y tontas evidencias.

Necesitamos darnos cuenta de algo más. De que esta mierda de mundo que hemos creado hace aguas por todos los lados y nos lleva a destruirnos entre nosotros. A que gente que nació de una madre y fue querido en su niñez como cualquier español de clase media-baja se ha convertido en un demente sanguinario que empuña cuchillos y rasga cuellos. ¿Por una mera cuestión religiosa? ¿Por qué el espíritu de la Intifada sigue muy vivo? ¿Porque existe una pretensión de que el Imperio Musulmán frustrado siglos atrás vuelva a dominar el mundo y a aplicar rígidamente sus dogmas interpretados de la forma más rígida y extrema? Eso se lo contáis a otro. Yo prefiero escribir  lo que considero que es verdad, aunque sea más difícil de aceptar.

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