Serena Williams, una leyenda poco reconocida

Ayer comenzó el Abierto de Estados Unidos (US Open) de tenis, el último Grand Slam del año, con ese sabor especial del torneo neoyorquino, sus jornadas nocturnas y la pasión del público estadounidense. Esta edición tiene, como en cualquier otra temporada, muchos alicientes para los aficionados al deporte de la raqueta: conocer si Rafa Nadal recupera su mejor nivel de juego o al menos se acerca a él, si Roger Federer confirma su enésimo renacimiento y se convierte en el jugador más veterano en ganar un US Open, si surge alguien joven ya sea en el circuito femenino o masculino que haga temblar a las vacas sagradas, aparentemente inamovibles…

Serena Williams con gesto victorioso. (Imagen: mundo24.net).

Pero sobre todo este US Open 2015 es el torneo de Serena Williams. La expectación desatada en su país natal es tanta que ya se han agotado las entradas para la final femenina y la reventa de las mismas se está llevando a cabo prácticamente al mismo precio que aquellas que dan derecho a presenciar la final masculina, algo que nunca había ocurrido. Todo ello contando con que, si se cumplen los pronósticos, Serena estará en esa cita con la historia y consigo misma.

De ganar este campeonato, la menor de las hermanas Williams entraría a formar parte de un selectísimo club de leyendas, en realidad mitos, del tenis. Hasta tal punto de que sólo tendría una compañera en esa particular asociación de heroínas, Steffi Graff. La alemana es la única tenista que ha conseguido ganar en el mismo año natural los cuatro torneos más importantes del circuito (Australia, Roland Garros, Wimbledon  y Estados Unidos). Lo hizo en la temporada 1988, en la que además sumó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekin. Ningún tenista masculino lo ha logrado.

Serena Williams, con el trofeo que la acreditó como campeona del Abierto de Australia 2015 (imagen: almomento.net).

Todo un hito que Serena, salvo en lo relativo al dorado metal, igualaría en el caso de que se impusiera en el torneo de Flushing Meadows. Además, igualaría a la propia Steffi en títulos (22) alcanzados en Grandes durante toda su carrera y se quedaría a sólo uno de Margaret Court, la que más tiene de la historia (24), si bien no en la era Open. Por lo tanto, si el 12 de septiembre Serena es coronada triunfadora del US Open, agigantará su leyenda, que ya de por sí es antológica. Para completar este breve resumen de logros, baste decir que su mérito es mayor en tanto en cuanto se halla próxima a los 34 años y en buena lógica su forma física y su ambición deberían estar en pleno declive. Desafiando esta lógica del paso del tiempo, la norteamericana lleva dos años y medio sin apearse del puesto más alto del ranking. Casi el mismo tiempo ha transcurrido desde que perdió su última final en un torneo del circuito WTA. (Cincinatti 2013).

Pese a estos datos abrumadores, Serena Williams no ha alcanzado el reconocimiento que le correspondería, ni a nivel mediático ni entre los aficionados al deporte y al tenis en particular, al menos en España. Ciertamente casi todo el mundo la conoce y sabe que lleva muchos años dominando el tenis femenino —nunca de una forma tan aplastante como ahora—, pero sus logros se comentan muy de vez en cuando en los informativos radiofónicos o televisivos y ocupan un espacio muy breve en los periódicos tradicionales y medios digitales. Desde luego, mucho menor que el que se otorga a Roger Federer, Novak Djokovic o Andy Murray, los tres tenistas masculinos extranjeros que mejor palmarés ostentan en la actualidad. Rafa Nadal no es un ejemplo comparable, porque es español y posiblemente el mejor deportista que ha dado nuestro país en toda su historia.

Esto, que en parte encuentra su explicación por los graves defectos de visibilidad que el deporte femenino sigue teniendo en nuestros días, resulta gravemente significativo. ¿Por qué una tenista como Serena Williams, que posee aún más títulos de Grand Slam que Roger Federer y juega al mismo deporte que el suizo, no cuenta ni mucho menos con la misma atención mediática? No es mi intención entrar aquí a analizar la evidente discriminación de las mujeres deportistas en los medios de comunicación, aunque tengo pendiente desde hace mucho tiempo dedicar un artículo a ese tema, pero es evidente que este caso es paradigmático.

Serena, ante los micrófonos, en el Abierto de Doha 2013. (Imagen: Wikipedia).

Sin embargo, la cuestión adquiere unos tintes verdaderamente machistas cuando uno baja al ámbito cotidiano y habla con la gente sobre el tema. Hay muchos que directamente reconocen que ven tenis masculino pero no femenino. Cuando se les pregunta la razón, no saben contestar. Simplemente no les atrae porque tienen la sensación de que es aburrido, ya que las chicas juegan peor y es menos interesante. Las dan menos fuerte, las colocan peor, no son tan precisas y corren menos. No es espectacular. Pero probablemente ninguno de ellos ha visto un solo encuentro entre dos tenistas mujeres desde los tiempos de Arantxa Sánchez Vicario o Conchita Martínez. Miento, tal vez vieron este mismo año la final de Wimbledon porque una hispano-venezolana, Garbiñe Muguruza, participaba en ella, por supuesto contra Serena Williams, y los periodistas deportivos españoles se encargaron de quitar la capa de invisibilidad con la que habitualmente cubren al deporte practicado por mujeres.

Sin embargo, las razones que más me espantan las descubro cuando escucho a alguno hablar específicamente sobre Serena Williams y confiesa que le parece “un tío disfrazado de tía”, que “tiene rabo”, que “se hormona” o alguna barbaridad sin fundamento por el estilo. Si fuesen Maria Sharapova o Ana Ivanovic las que se impusieran en los grandes eventos, a buen seguro que el tenis femenino ganaría adeptos entre estos simpáticos individuos, todos hombres, que opinan ese tipo de cosas tan elaboradas.

Serena Williams junto a Steffi Graff. (Imagen: tennisworldusa.org).

Por último, están los que ofrecen argumentos tenísticos para restar importancia a los logros de Serena Williams o rebajar su valor. Estos son los que más me interesa comentar. Principalmente son dos. Uno se centra en la falta de rivales de verdadero empaque con las que se ha cruzado Serena a lo largo de su carrera. El mal momento del tenis femenino, la falta de grandes estrellas y de promesas de futuro son causas con las se trata de sostener esa afirmación. En otras palabras, esta opinión defiende que Serena se ha encontrado con un camino mucho más allanado que el que tuvieron Martina Navratilova, Chris Evert, Billy Jean King o la ya mencionada Steffi Graff, por citar a algunas de las más grandes de la historia del tenis.

Aun respetándola, no puedo estar de acuerdo. Serena Williams lleva dieciocho temporadas en la élite del tenis mundial. En 1999, todavía en el siglo XX, que se dice pronto, ganó su primer Grand Slam. En un período tan prolongado por supuesto que aparecen competidoras fuertes y de gran nivel. Lo contrario equivaldría a afirmar que el tenis femenino lleva casi dos décadas moribundo. Para empezar, Serena —junto a su hermana Venus— se encargó de acelerar el ocaso de aquella generación dorada de principios de los setenta, de la que formaban parte tenistas tan brillantes como la propia Graff, Gabriela Sabatini, Mónica Seles, o “nuestras” Conchitas y Arantxa. También fue verdugo en muchas ocasiones de grandes tenistas nacidas en la segunda mitad de los setenta, como Jennifer Capriati, Lindsey Davenport o Mary Pierce.

Lindsay Davenport, Roger Federer, Serena Williams y Rafa Nadal. (Imagen: zimbio.com).

Después, surgió otra generación de jugadoras fantásticas, un poco más jóvenes que Serena, la mayoría aún en activo y algunas dando mucho todavía de que hablar, principalmente representada por Maria Sharapova. En cuanto a la siguiente hornada, de la que forman parte jugadoras nacidas a finales de los 80 o principios de los 90, también ha estado plagada de buenas tenistas, aunque es cierto que, exceptuando a Victoria Azarenka, su regularidad deja mucho que desear. Aparecen y desaparecen como el Guadiana de los primeros puestos y su rendimiento oscila mucho de una temporada a otra o incluso de un torneo a otro.

Maria Sharapova y Serena Williams, tras la victoria de esta última en la final de Roland Garros 2013. (Imagen: atlantablackstar.com).

Pero si hubiera que destacar a jugadoras excelentes, tan buenas como cualquiera de las grandes leyendas del tenis antes enumeradas, con las que Serena ha tenido que toparse a lo largo de su trayectoria, sin duda los nombres de las dos magas belgas, Justin Henin y Kim Clijsters, serían los primeros que se vendrían inmediatamente a la cabeza, además obviamente del de Venus Williams, la hermana de Serena, que fue la precursora del cambio que se produjo en el tenis femenino en cuanto a potencia de los golpes, contundencia del servicio y otros aspectos físicos.

Las dos hermanas más famosas de la historia del tenis, Serena y Venus Williams. (Imagen: radiorumba.fm).

Precisamente este aspecto constituye el núcleo del segundo de los argumentos que se emplean para negar que Serena Williams pueda ser considerada al mismo nivel que las Graff, Navratilova o Evert. Se dice que su juego se basa excesivamente en el físico, en la fuerza de sus raquetazos, en el servicio y no tanto en su calidad técnica. Que “es fea de ver”. Esto en el fondo encierra un pequeño matiz machista, porque a un hombre cuyo tenis se base en esos mismos parámetros, véase Pete Sampras o, por citar un ejemplo más actual, Jo-Wilfried Tsonga, jamás se le achaca tal defecto. Al contrario, es visto como una virtud, aunque siempre hay puristas que alaban más la plasticidad y el estilo de Federer.

En base a ello, algunos dicen que, si Serena Williams hubiera coincidido con una Navratilova o una Graff en su apogeo, no habría logrado tantos triunfos. Pero aseguran que casi todas las jugadoras actuales son planas, juegan a pegar palos y, en ese terreno, la más potente siempre es Serena. A este razonamiento cabe oponer que las anteriormente citadas Clijsters y sobre todo Henin no formaban parte de esa corriente, eran de la vieja escuela, jugadoras de exquisita técnica, elegantes, dotadas de una grandísima calidad en el manejo de la raqueta. Y Serena Williams acabó prevaleciendo sobre ellas. También se lesionó, también tuvo un gran bajón por diversas circunstancias, estuvo prácticamente retirada del circuito al igual que las belgas y que otra grandísima tenista de su generación, Martina Hingis —Serena llegó a caer al puesto 139 del ranking—, pero, a diferencia de ellas, no sólo volvió a la cima, sino que mejoró ostensiblemente su rendimiento. Fue aún mejor de lo que había sido ella misma.

Serena y Justin Henin en el Abierto de Roma 2002. (Imagen: Youtube).

Por otra parte, no está de más mencionar que Serena Williams, al igual que su hermana Venus, tuvo muchas más dificultades, obstáculos y barreras para llegar a ser lo que es hoy en día. A diferencia de la inmensa mayoría de tenistas de fama, hombres y mujeres, ella procede de un ambiente tremendamente conflictivo, pobre, de marginalidad, concretamente el barrio Compton de Los Ángeles, una de las zonas más peligrosas de la ciudad. De hecho, una de sus hermanas, Yetunde, fue asesinada muy cerca de las pistas donde las jóvenes Serena y Venus aprendían a pegar los raquetazos que luego las harían célebres. Así que tal vez incluso habría que otorgar un mérito extra a la carrera de Serena respecto a la de otros mitos.

Pese a todo ello y a que estamos en un momento histórico del tenis femenino por la gesta épica que la menor de las Williams está a punto de alcanzar, su leyenda no es debidamente reconocida ni difundida, al menos en el país de la bandera rojigüalda. Como consuelo para Serena, le queda que en Estados Unidos sí es un auténtico icono al nivel de los grandes deportistas del país y sobre todo su grandísima fortuna, a todas luces inmoral, como sucede con muchos otros deportistas, en el contexto de desigualdad social que vive el Planeta. Pero esta excesiva valoración de su éxito sería objeto de otro análisis que nada tiene que ver con el reconocimiento en el sentido en el que he tratado de considerarlo en este artículo.

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2 respuestas a Serena Williams, una leyenda poco reconocida

  1. Iluminalo dijo:

    Joder, pero tu no repasas lo escrito? Cuantas meteduras de patas en una misma nota. Así va el país.

    • alber4 dijo:

      Hola, suelo repasar lo escrito bastantes veces, de hecho, pero a veces me puedo despistar. Por ello, quizá este artículo concreto no lo revisé lo suficiente y confieso que ahora mismo tampoco lo he hecho ni cambiado nada. Así que para que veas que no soy tramposo, te dejo que seas tú quien me señales los fallos. Si me gusta presumir de algo, es de humildad, así que ayúdame a mejorar. Gracias por leerme. Un saludo.

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