2015 dedicado

Escribir un artículo de final de año siempre me resulta complicado. Máxime cuando se trata de este 2015 de gelatina, que no hay por dónde cogerlo, que ya se nos escurre como la grasa sucia recién salida de un carburador viejo.

Un compendio de los acontecimientos principales que han acaecido en estos 365 días que ya expiran al ritmo de petardos prohibidos, humo barato y bombas políticas me resulta inviable. Durante todo el año he intentado hacer un reflejo de mi pensamiento y sensaciones ante un año tan complejo que yo definiría como “el del casi”.

Casi cambia el gobierno del Estado Español, casi se segrega una parte de su territorio, casi se ha iniciado una Tercera Guerra Mundial,  casi dejamos morir de hambre a millones de personas, casi nos hemos cargado el planeta del todo en este invierno disfrazado de primavera, pese a cumbres y pantomimas grandilocuentes. Cambio climático, cambio político, cambio de estatus mundial. Todo en versión anticipada, como si hubiera un fin de era pero la anterior se resistiera. Me temo que la que viene no es mejor, sino peor, pero no quiero pecar de agorero.

Tampoco me resulta sencillo hacer un resumen de mi año. Sería como matar al toro en el último momento. Prefiero perdonarle la vida y dejar que el animal campe salvaje a sus anchas. Está banderilleado, picado, castigado, mareado, pero todavía vivo. Que su agonía la pase como quiera en estas últimas horas de incierto tufo a euforia machacada y represión que sueña con eyacular.

Precisamente por eso, por huir de la trascendencia, en esta ocasión voy a acudir a lo fácil. A hablar de otros, a dedicar este año a tres personas que han significado mucho para mí. Me quieren bastante, aunque no soy quien para decir si son las que más me quieren. Me han ayudado mucho, pero no sé si son conscientes de ello. Han sido muy importantes para mí, pero tengo claro que no se han dado cuenta. De ahí su valor. En realidad, aunque individualizo, representan un sentimiento que en ocasiones se ha colectivizado y extendido a otros. Pero ellos son los embajadores de esa emoción.

A ti, amigo mío, que supones el punto de ancla de mi vida pasada y presente, siempre con vocación de futuro que ambos queremos con variaciones inmovilistas. A veces niños, otras viejos y siempre demasiado adolescentes. En el barrio de la infancia, en la plaza donde siempre llega el crepúsculo, mirando tras las vallas, a los recreos que nos perdimos. Tenemos corazón de águila, pero nunca fuimos héroes. Deseamos ser comisarios, pero nos faltaba maldad. Gracias por ser el clavo ardiendo al que agarrarme tantos domingos de resaca emocional y algunas veces física.

A ti, alumna predilecta, my lovely and sweet student, teenager que ya eras woman antes de tus dieciocho recientes, que encarnas a esa generación que me salva de la quema cada día. Que me devuelves al tiempo de los juegos sin competir, a la época donde celebraba los triunfos y no me importaban demasiado los fracasos. Nuestra banda sonora construida entre gramática rota por Izal. Siempre el mío Her heart, pero ahora más yours. Gracias por ser mi trankimacin tantos martes de ansiedad y el cierre agradable de mi semana en el tiempo del ocaso, cuando el sol se cansaba de iluminarme y el Verbum se encendía en nuestras conversaciones.

A ti, hermano, que eres mi quebradero de cabeza y recompones mi corazón cuando menos me lo espero. Que tienes la capacidad de resurgir de las cenizas de tu hastío para aportar ese algo que desconoces que tienes. Parecía que nada cambiaría, que seguiríamos desarmando el puzzle, pero al final volvimos a ser las dos piezas que encajaban, en el tiempo de nuestra prórroga preferida, cuando tocaba que Kobe lanzara su último Big Shot emulando el último vuelo de Michael. Un año más, no nos podrán parar. Gracias por hacerme un poquito de caso cuando te dije que fueras el de los videos vacacionales. Ya llegará la felicidad, aunque sea de mentira.

A todas las demás personas que poco o mucho me acompañasteis en este 2015, incluso a los que no estuvisteis en absoluto, os dejo este epitafio de Last Christmas. Ya se ha ido el sol, pero tal vez vuelva a salir mañana. Mientras tanto, Feliz Año desde mi apolillada Buhardilla.

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