Europeos, bienvenidos a la Edad Media

Decía Carles Francino el pasado jueves en el comentario con el que introduce cada día La Ventana (Cadena SER) que tal vez hacía falta otra foto como la de Aylan, aquel niño sirio cuyo cadáver fue rescatado frente a las costas de Turquía en noviembre, para que Europa volviera a echarse las manos a la cara de pura vergüenza propia ante el asunto de los refugiados.

Como si Francino se hubiese servido de dotes proféticas, la instantánea no ha tardado demasiado en producirse. Esta vez no ha llenado portadas de periódicos, por causas que se me escapan, aunque intuyo que tienen que ver con una especie de pacto tácito entre los medios. Puede ser que no quieran mediatizar excesivamente la nueva tragedia, poniendo a menores como foco del horror.

También puede ser que me pase de profundo y se trate de una mera cuestión de hastío periodístico o, como tantas otras veces, de prioridades de agenda. El tema de los refugiados ya no es el principal asunto de interés, porque ya no vende tanto, genera demasiada pena y vergüenza entre los ciudadanos y resulta mucho más entretenido estar dando vueltas una y otra vez sobre las vueltas que le da a la cabeza el volteado Pedro Sánchez.

Como yo no estoy cansado del tema y lo que me cansa el cansino Sánchez, aquí os dejo varias fotos, que tal vez no hayáis visto todavía. Alguien pensará que soy un sensacionalista, y tiene todo su derecho, incluso tal vez tenga razón. Pero siento que debo subirlas. Por si pensabais ir a ver al cine alguna película de terror, os lo podéis ahorrar, esto da mucho más miedo. Están tomadas en la costa de Ayvacik (Turquía), donde ayer fueron rescatados 33 cadáveres tras naufragar la precaria embarcación en la que más de cien personas trataban de llegar a Europa.

Imagen: El Mundo

Hablando de filmes, tampoco hace falta buscar uno de época en la hemeroteca, porque este cuadro directamente nos retrotrae a la época romana. Adultos y niños que viajan hacinados como esclavos en una nave deplorable propiedad de las mafias y se ahogan en el mar, después de la preceptiva agonía. Imposible saber cuánto sufrieron en cada caso, queda a la imaginación del respetable que asiste al terrible espectáculo de forma telemática.

Este aspecto del soporte, de la forma en la que nos llegan las noticias y las fotos, es lo único propio de nuestra era. Todo lo demás suena a épocas muy, pero que muy antiguas, pero es actual. No sólo hablo de las miles de muertes en las aguas. La realidad que se encuentran aquellos que consiguen traspasar ese obstáculo o llegan por tierra a la descarnada Europa parece propia de la Edad Media. Lo detalló ayer con lujo de detalles el Diario El Mundo en un reportaje que recogía en letras un museo de comportamientos inhumanos con un toque de surrealismo grotesco que le haría a uno descojonarse si no fuera porque es real.

En Reino Unido, colectivos privados decidieron pintar de rojo las casas donde vivían los refugiados. Luego, decidieron obligarles a que llevaran pulseras del mismo color, marcándoles como si fueran yeguas maltratadas pasadas por el yelmo. Pero quién sabe si no seremos unos mal pensados y estos ciudadanos, haciendo gala de su humor británico, en realidad les dieron artefactos muñequeros luminosos para tenerlos identificados en la fiesta con barra libre a la que les invitaron. Lo que resulta difícil de precisar es qué clase de veneno se serviría en las bebidas. No, no me refiero al garrafón.

En algunos países como Alemania, Suiza y Dinamarca se les ha obligado a entregar posesiones de alto valor o dinero en metálico que superase una determinada cantidad para justificar la concesión de beneficios sociales. La medida recibió en Dinamarca el simpático bautismo de Ley Joya. Desde luego, una ídem. Claro que a lo mejor era un piropo encubierto hacia las mujeres solicitantes de asilo, exaltando su belleza de muchos quilates. Cuáles piedras preciosas debían despojarse de las suyas en un ritual metafórico.

Eso además explicaría por qué al parecer a algún refugiado varón se le fue la pinza y se puso brutote con varias chicas autóctonas, en venganza por tanto halago hacia sus mujeres. Puestos a pensar en clave medieval… Además, tampoco nadie se ha preocupado en ofrecer otro contexto que explique estas agresiones, así que quién me prohíbe a mí lucubrar hasta el absurdo. Simplemente se ha hablado de refugiados violadores actuando prácticamente en oleada, como si estuvieran coordinados. Para qué analizar, estamos en la puta Edad Media.

Será que en Siria, Irak, Afganistán y otros lugares con guerra no tenían tiempo de meterla… Claro, que yo tampoco la meto mucho y no me dedico a violar. Ni siquiera viviendo en plena Edad Media, que igual estaría mejor visto ya que yo no soy un refugiado. Si resulta que tienes cara oscurita, hablas como si tu garganta estuviese añusgada y te acercas a una piscina pública, te prohíben la entrada, como pasó en la localidad alemana de Bornheim, no vaya a ser que se te empine más de la cuenta viendo a las occidentales. Incluso se detuvo a un iraquí en Bélgica por una supuesta agresión sexual a una menor, aunque, como luego se demostró, en realidad la salvó de ahogarse. Tal vez a la misma hora alguna niña siria, pakistaní o eritrea se ahogaba en el Mediterráneo.

Se ha recuperado la grandeza de la Guerra Santa. Hemos reaccionado a la Intifada que proponen los locos del Estado Islámico, Daesh o cómo cojones haya que llamarlo. Lo que ocurre es que nosotros lo hacemos a la europea, muy civilizaditos, con leyes, normas y mala hostia burocrática. Por ejemplo, en Eslovaquia o República Checa anuncian que no aceptan musulmanes como quien pone el cartel de “no animales” en cualquier tasca. En Bulgaria quieren dar ejemplo y optan por no discriminar por motivos de raza, sexo o religión. Así que todos a tomar por culo. La policía los mete unas buenas hostias y les manda a perros enrabietados. Y, si no hacen caso, sale a calentar Stoichkov y les propina unas buenas coces.

Más sofisticados son los daneses. Ha inventado una dieta especial anti-inmigrantes de confesión musulmana, introduciendo la albóndiga en todos los menús de colegios, institutos y otras instituciones públicas. Ellos directamente buscan el chantaje al estómago, que como se sabe puede llegar a ser el órgano más sensible del cuerpo. Un matrimonio puede llevar meses sin follar cuando llega la hora de la luz en la mesilla, pero es capaz de aguantar siempre que llene bien el buche el resto del día.

Los niños musulmanes acogidos en régimen de asilo por Dinamarca se enfrentan a un dilema moral: o comen cerdo, algo que les prohíbe su religión, o pasan más hambre que Carpanta. Ya que se dice que los árabes se propasan con las cristianas, si yo fuera una teenager de Dinamarca no me acercaría a un adolescente refugiado, no vaya a ser que descargue su apetito por otro lado. A no ser que la muchacha en cuestión tenga la libido como el personaje interpretado por Alicia Vikander en La Chica Danesa, pues la pobre se quedó sin albóndigas, salchicha y demás derivados porcinos a la vez. En ese caso, agradecerá tanta pasión viril.

En este escenario tan medieval no falta ni la hoguera, en remembranza rancia a la cruel y asesina Inquisición, muy medieval aunque se fundara a finales del siglo XV y tan mala como hoy en día lo es el Estado Islámico. En varios países, por ejemplo en Suecia, ha habido incendios de albergues donde se acogía a refugiados. El fuego como elemento purificador de almas, sin duda pensarían los alegres nazis responsables de la travesura. Si Hitler lo está viendo desde el infierno, se estará relamiendo de gusto y sentirá una pizca de envidia por no haber podido vivir este momento formidable. ¿Os imagináis que hubiera hecho un tipo con su carisma e inhumanidad en las circunstancias actuales, con tantas posibilidades de difusión de su discurso gracias a la tecnología y tantos medios bestias a su alcance?

Que sí, que supuestamente hemos evolucionado desde entonces, que la sociedad es mejor y más crítica, que no se nos manipula con tanta facilidad, que ahora tenemos el voto, la palabra, la expresión, Internet… Sí, sí. Mirad las fotos. Esa es nuestra evolución. ¿Qué nosotros no somos culpables de esas muertes? ¿Qué son los gobiernos que no hacen nada y discuten sobre cuotas y demás mandangas? ¿Y quién ha puesto ahí a esos gobiernos, eh? ¿Quién ha votado a los ultranacionalistas Ley y Justicia en Polonia o al extremista de derechas Viktor Orbán en Hungría? ¿Quién ha encumbrado en las elecciones regionales francesas a la xenófoba Le Pen?

En España, somos mejores, claro. Sólo tenemos en funciones al PP, que de esto, como de tantas otras cosas, no sabe ni contesta. Seguro que a la pobre Rita Barberá la traicionó algún ex chófer de origen marroquí que rezaba mirando a La Meca desde la azotea de la sede pepera, con todo el caloret dándole la espalda. Eso lo explicaría todo. Sucios musulmanes. Jodidos refugiados. Herejes. A la hoguera. Hay que quemarlos a todos como si fueran los discos duros de Bárcenas. Malditos sean.

Yo ya me he comprado el caballo, la espada, la armadura y el escudo en el mercata del Estadio Zorrilla. Pero en vez de exigir la deportación de inmigrantes, utilizaré métodos más de esta época que vivimos, la Edad Media, como el derecho de pernada o la esclavitud. En mi señorío hace falta mucha mano de obra gratis. Les diré: bienvenidos a Europa.

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