Tu década prodigiosa

Veinte años no es nada cantó el ídolo del bisabuelo que no conociste. La mitad fue mucho para mí porque tú me sumaste días.

Dos lustros, la matrícula de honor de tu pequeña persona, el premio extraordinario de haberlos pasado a tu lado.

Naciste cuando me debatía entre papeles y suicidios mentales. Monitorizado antes de monitorizar. En la primavera de Pablo Moro, unos meses antes de mi primer verano norteño.

Viniste al mundo cuando parecía un poco menos loco que ahora. Hubo un fracaso y un éxito con bola de por medio, mientras algunos lanzaban balones fuera que les rebotarían en la cara.

Me abriste la sexta planta, yo que jamás había pasado de la quinta y me dejé parte de mi vida en la tercera. Conocí la magia de los pasillos donde resonaba eco de contracciones y se proyectaban dilataciones de esperanza.

Niña arrugada, rojiza, negro el vello y esos ojos que no quería ver llorar, abandonaste la placenta del olvido y salvaste el cordón umbilical de mi memoria.

Niña habilidosa, con cada paso prematuro que diste nos enseñaste a caminar.

Niña feliz, alegría a borbotones hecha coletas, hada de la energía.

Niña fantasiosa, trenzas de imaginación, que tu campanilla te guíe siempre.

Niña fotogénica, bendición para los álbumes, musa de mi emoción musical en imágenes.

Niña nerviosa, cabra montesa, exasperabas pero te queríamos hasta la exasperación.

Niña ingeniosa, la favorita de la curiosidad, la elegida del conocimiento, evidencia de salto evolutivo, concesión a la indisciplina, azote a la atonía vital.

Niña cariñosa, cada abrazo que me has dado compensa tanto vómito interior, cada beso tuyo me aplaca el desastre.

Niña guapa, dos tramos de escaleras crujientes, impaciente de ver tu sonrisa de rellano que me iluminó tantas tardes oscuras de invierno.

Niña precrisis, tu infancia en tiempos de aguantarse las ganas y tirar de recursos. Creces entre el golfo del pasado y el estrecho del futuro.

Entre medias, te salva el presente honesto de quien obró tu prodigio. Gracias a ellos, nunca te faltará cura y defensa en la guerra que vendrá.

Llegarán años de granos, complejos, ofrecimientos tentadores, dudas generacionales y proposiciones irresistibles.

Tu paladar discernirá lo envenenado de lo nutritivo, lo amargo de lo dulce, lo salado de lo insípido. Añadirás el propio condimento de tu sabor y cocinarás el plato perfecto para tu vida.

Serás lista entre los bárbaros, inteligente entre los fanáticos, aprovecharás las grietas de sensatez y pasión que se abran en las carnes de los muros.

Tal vez se libren luchas para las que ni tú ni nadie estaréis preparados. El horizonte es un cabrón teñido de sangre inocente.

Recordarás recuerdos de lo que te digo, cuando solo sea testimonio mudo del ciberespacio.

Idiota presuntuoso y narcisista, te imagino buscándome en esta Buhardilla, que será zona cero, destino de misiles, mosaico de bombardeos, huella de destrucción, excusa para el ensañamiento.

Niña adorada, entonces te reirás del miedo y de sus malditos, me regalarás otra década milagrosa. Nos veremos en aquella playa del norte, después de que la nieve del tiempo haya plateado mi sien.

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