Dolores en diferido

Dicen que el peor padecimiento no es el que sucede inmediatamente al golpe, sino el que llega después, pasado un tiempo, como un recuerdo traumático del impacto. Acostumbra a quedarse toda la vida como molesta recidiva de la hostia y cada situación tensa que afecte a la parte en cuestión le hace renacer.

Claro que no siempre tiene por qué ser así. Hay veces que se cura del todo con rehabilitación, regeneración, concienzudos ejercicios, flexión y torsión, y sobre todo con voluntad. Pero ese “sobre”, amigo, es muy importante. Si no lo hay, ¡Ay, Dolores! Se quedan pa´ los restos del naufragio.

Lo más chungo es cuando te dicen aquello tan manido y recurrente de “ya verás, en frío te va a doler más”. Y a ti te dan ganas de espetar “en caliente” un buen shoryuken a la mandíbula del traumatólogo ad hoc.

Pero bien se sabe que es mejor controlarse, no sucumbir al arrebato pasional, olvidar sus beneficios atenuantes, y hacer las cosas con un poquito de alevosía. La planificación en esos casos es muy importante para defender que los daños se provocaron de manera culposa y nunca dolosa, o incluso, para sostener la propia irresponsabilidad e inocencia en la causación de siniestro. “Todo presunto” y a otros lamentos.

Craso error. Nunca hay que subestimar a los viejos males, a las antiguas migrañas. Esos dolores de cabeza siempre vuelven y te exigen el pago de una indemnización en diferido. Tú te justificas diciendo que lo haces en Defensa propia, pero parte de tu organismo se rebela. Al soldadito no le gusta que le pongan firme con la bragueta apretada.

Eso sólo acaba generando más dolores, de esos que prefieren que les llames Lola y a los que les gusta montar follón. Tienen mucha historia, aunque más que historia sea un poema. Les gustaba ser la niña de azul en el colegio de monjas, aunque acaban desagradándote como si fuesen la vieja verde. Tú te creías que tenías pomadas para esos dolores y remedios para toda clase de errores, pero ni siquiera tus recetas contra la desilusión te bastaron.

Lo peor es que el machaque sigue ahí por mucha simulación que hagas. Y no te vale ni destruir el disco duro. Esto está en la nube, como tú tantas veces, y no es todo falso salvo alguna cosa. Es dolor real. El destino se burla de ti.

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