Las fieras de España

Cartel promocional de La Reina de España (Imagen: ecartelera.com).

Cartel promocional de La Reina de España (Imagen: ecartelera.com).

Sé que la palabra “fiera” rima con “reina” como unos zapatos marrones encajan con una falda negra, pero el ingenio me abandonó y no se me ocurría nada mejor. La Reina de España es la película de Fernando Trueba. Sí, la del boicot. ¿Que el tema aburre? Un rato largo, por eso yo aquí no pienso entrar en la polémica en sí, sino que voy a analizarla desde otro punto de vista, como me gusta hacer con casi todo.

Lo otro, lo de discutir con la testosterona subida a la última planta de las Torres Kio se lo dejo a las fieras. Las que siguen dividiendo España con su odio y su fanatismo.

Para los que aún no conozcan de qué va la cosa –¿queda alguien?–, simplemente resumiré la controversia. Fernando Trueba, guionista y director de La Reina de España, hizo unas declaraciones cuando recogió el Premio Nacional de Cinematografía el año pasado en San Sebastián en las que afirmaba que no se había sentido español ni cinco minutos y que siempre había pensado que, de haber una guerra, él iría con el enemigo. Luego, trató de matizar explicando que el adoraba este país y que lo había dicho en tono humorístico o irónico, pero nadie se lo creyó ni lo consideró.

Hay que decir que no sorprende, dado el carácter rencoroso de los españoles, dispuestos a hacer la cruz a cualquiera que hable de una forma determinada (no así curiosamente a individuos o empresas que explotan a trabajadores dentro y fuera del país, pese a que salgan retratados y puestos en evidencia en programas de audiencias millonarias, ya que eso no tiene fuerza emocional, no tiene vis dramática, no enfrenta a las dos Españas, es demasiado moderno y sentimentalmente lejano), pero también hay que admitir que las frasecitas que soltó Trueba fueron bastante desafortunadas.

Fernando Trueba. (Imagen: eltitular.es).

Fernando Trueba. (Imagen: eltitular.es).

Estas palabras fueron recuperadas cuando se estrenó el filme por determinados sectores tuiteros cuya única labor es expresar rechazo y negatividad hacia cualquier cosa que esté de actualidad o de moda, especialmente si atenta contra los supuestos valores tradicionales españoles, la marca España o el sentimiento patriótico. Así, se inició el intento de boicot hacia la proyección a través de las redes sociales. Los medios aseguran que funcionó, puesto que no llegó a los 400.000 euros en su primer fin de semana, muy por debajo de lo esperado.

Hecha esta pequeña introducción, tengo que decir que yo no he visto la película, y tenía más o menos decidido no verla. Hasta que he realizado mi propia labor de investigación sobre las razones que a mí me han impulsado a no pagar una entrada para su visionado y, en ese proceso, me he topado con que mis razones están posiblemente mal fundamentadas precisamente a causa de la propia polémica, aunque yo pensaba que esta no tenía nada que ver.

Me explico mejor. Además de que yo soy un consumidor habitual de cine español, tengo un recuerdo muy grato de La Niña de Tus Ojos, la precuela de La Reina de España. Se trata de una película respecto a la que guardo un especial cariño, una de esas que tienes en tu filmoteca de películas entrañables de clase media, que no son obras maestras pero en ocasiones te apetece verlas más que otras por el calado emocional que implican y las circunstancias en que las viste, en mi caso junto a mi familia siendo bastante crío.

De hecho, tan claro tenía que el largometraje de Trueba merecería la pena que ni siquiera pensaba realizar mi típico ritual cuando me enfrento a un estreno, que es básicamente consultar la página de Film Affinity, leer las críticas de los medios y la puntuación de los usuarios. Pero al final me decidí a hacerlo, más por curiosidad que por otra cosa. En cuanto a los críticos, no había tantas como otras veces, lo cual ya me llamó la atención, y en general no eran del todo buenas, aunque tampoco malas.

Sin embargo, la sorpresa mayúscula llegó cuando observé la nota de los espectadores, bajísima (4,4), tanto que me costaba recordar una cinta española con una calificación tan mala. Normalmente esos pésimos guarismos sólo los cosechan determinadas películas hollywodienses candidatas a los premios Razzie. ¿Pero un filme de un director prestigioso, secuela de una película bastante exitosa y que cuenta con un reparto de actores y actrices realmente notable, además de veterano? Desde luego, muy raruno.

Sin embargo, me dejé llevar por esa impresión negativa que extraje de los dos factores que más me suelen influenciar a la hora de realizar mis elecciones cinematográficas, mucho más que el argumento del largometraje, su género o el equipo de trabajo con el que cuenta.

Así seguí hasta que leí, escuché y vi en los medios lo del boicot, del que yo sorprendentemente ni me había enterado, pese a ser un usuario bastante habitual de las redes sociales. Entonces, opté por indagar un poco más. La película pasó de generarme indiferencia a producirme cierto morbo o curiosidad. Lo cual por cierto me hace plantearme si los acérrimos enemigos tuiteros de Trueba no han logrado el efecto contrario al que pretendían, dar publicidad a La Reina de España y hacerla remontar en la taquilla.

En Vanity Fair, niegan rotundamente que el intento de sabotear la película sea el causante de sus malos resultados comerciales. Asegura este interesante artículo que los medios interesadamente han amplificado la polémica sin ningún tipo de rigor, ya que el impacto y difusión de la campaña de boicot a través de las redes sociales es muy escaso entre el público potencial de La Reina de España. Que los motivos por los que los espectadores la han rechazado es el escaso interés de la temática, del género costumbrista español, de la comedia folclórica y de las películas ambientadas en la época franquista.

Que la gente joven no quiere ver esa clase de filmes. Que busca otro tipo de cosas cuando va al cine. Que Trueba está pasado de moda y esta película también. Que La Niña de Tus Ojos sólo funcionó entre jubilados y personas de edad avanzada, pero no ha tenido un buen envejecimiento y por eso su secuela es un fracaso entre las generaciones herederas de aquéllas que acogieron la primera parte.

Aun reconociendo que el texto lleva parte de razón en lo referente a la falta de criterio de los medios de comunicación y su escaso cuidado a la hora de tratar la información sobre la película, difiero bastante en cuanto a su minusvaloración del impacto de los trending topic y de las disputas online y sobre todo, discrepo mucho respecto al trasfondo que intenta transmitir su autor.

Cartel de

Cartel de “La Niña de Tus Ojos”. (Imagen: Film Affinity).

Empezando por lo segundo, ya que en el otro punto está el meollo de la cuestión y me alargaré más, hay que decir que yo soy una persona joven interesada por el cine que hace Trueba y como yo habrá otros tantos, no sé si muchos o pocos. No me gustan las teorías que etiquetan los productos culturales para destinarlos a un público u otro por sus características. Ese reduccionismo me parece equivocado y contrario a lo que debería ser el arte en general. Además, creo que el género de la comedia costumbrista ha sido muy importante en la historia del cine español, es algo propio y como tal ha de ser puesto en valor ante cualquier generación.

En cuanto a lo primero, el que ha escrito el artículo incurre en el error de acotar el potencial de las redes sociales a las personas que efectivamente retuitean un determinado contenido o utilizan un hashtag determinado. El impacto y el potencial de alcance es infinitamente mayor, sobre todo por vía indirecta.

Está claro que este boicot se hizo viral y que ha influido en la recaudación de “La Reina de España” de forma directa, aunque en este caso muy limitadamente (en esto le doy la razón al autor del texto, pues muchos de los que participan en este tipo de campañas de boicot están predispuestos de antemano) y sobre todo indirectamente, por ejemplo, y aquí quería llegar, en las bajas calificaciones que los usuarios la han otorgado en Film Affinity, Sensacine y otras páginas dedicadas al Séptimo Arte.

Para confirmar esta idea, he examinado con detenimiento tanto dichas notas como las críticas de los internautas en Film Affinity. Las segundas, a las que no suelo prestar demasiada atención, ya son bastante concluyentes. De las 15 que hay, 10 dan un aprobado, un notable o un sobresaliente a La Reina de España, y las otras 5 la catean, lo cual no es un ratio demasiado pobre ni desde luego explica ese 4,4 general.

Por eso, es preciso analizar las puntuaciones. Hay una ingente cantidad de “unos”, que son los que explican que la cinta suspenda a ojos del público que participa en la página. Está claro que, salvo casos determinados en los que el producto sea aberrante o pésimo (dudo mucho que éste sea uno de ellos), un “uno” se otorga a algo a lo que se tiene especial inquina por motivos ajenos a su calidad artística. Es una calificación extrema, basada en motivos viscerales. Basta con que 50 o 60 de los “saboteadores” tuiteros hayan votado para tirar tan abajo la nota y condicionar, de manera indirecta, a muchas otras personas como yo.

Hay veces que una masa de haters u odiadores (¿por qué el castellano es tan limitado a veces en cuanto a la sustantivación de los adjetivos?), por pequeña que sea, puede perjudicar muchísimo a una persona, empresa o producto. Para ello, obviamente, tiene que haber un caldo de cultivo previo.

Y en España de esto andamos sobrados, especialmente cuando el que vomita su odio es la España heredera del nacionalismo franquista, formada por los que opinan que llevar una pulsera con la bandera, ponerse la mano en el pecho o cantar lorololorolo cuando suena el himno, asegurar con fervor que hay que utilizar mano dura para proteger el propio territorio y proclamar a los cuatro vientos “soy español, español, español” cuando gana la selección ya te convierte automáticamente en mejor español que otros, que es la que ha tomado la iniciativa en este caso. Ojo, no digo que las actitudes descritas sean malas, buenas ni todo lo contrario, simplemente digo que no significan nada por sí mismas.

En el caso del que estoy hablando, lo tenían muy fácil. Además de sus declaraciones, Trueba es un director habitualmente aficionado a criticar con dureza el franquismo en sus películas. Aunque no la he visto, La Reina de España no es una excepción, más bien todo lo contrario, por mucho que sea una comedia.

Hay algunos que consideran que este tipo de cine es todavía de trincheras, pese a que simplemente escoge como contexto una época de la historia española y ofrece una determinada visión (lo que viene a ser el arte, en definitiva) y considera que es humillante o inapropiado que este tipo de producciones reciban subvenciones públicas. No puede haber nada más equivocado ni más dictatorial que establecer límites ideológicos a la promoción cultural del Estado, ya de por sí bastante deplorable históricamente, y más desde que gobierna Mariano Rajoy. Por cierto, el 90% de la financiación de La Reina de España es privada.

Claro, que el otro lado, el de la izquierda casposa y dispuesta a entrar al trapo de la confrontación bélica cada vez que surge la oportunidad, tampoco se queda atrás. A raíz de este asunto, han convertido a Trueba en la causa perdida que hay que defender con uñas y dientes, en el símbolo que representa la defensa de la República censurada, ahora de facto y no jurídicamente instituida, en el adalid de la libertad de expresión.

No se dan cuenta de que esa afición por crear bandos y resucitar el revanchismo en cuanto tienen ocasión es un enemigo para la izquierda en la que algunos creemos. La que ve mucho más preocupantes las hostias que les dan los antidisturbios a gente pacífica en manifestaciones, los deterioros en la salud o incluso las muertes por retraso diagnóstico, el recalentamiento de la tierra, la sequía y la deforestación, la precariedad de periodistas, investigadores y profesores, entre otros, y los indigentes acampados en cada esquina, incluso con grados bajo cero.

Estos que van de progresistas a muerte por alzar la voz contra el boicot de La Reina de España deberían darse cuenta de que hay muchos más artistas que necesitan de su protección, porque se encuentran en una situación desesperada. Espero que escucharan al actor Carlos Olalla y a su madre Cristina contar en La Ventana hace algunas semanas que se ven obligados a pedir en el Metro para llegar a fin de mes y que ni mucho menos son una excepción, y los defiendan con la misma vehemencia.

También confío en que lleguen a ser conscientes de que hay miles de músicos en este país que apenas pueden vivir de la música o lo hacen de una forma miserable, pese a que tienen una calidad exquisita y ofrecen el alma en cada concierto, y a pesar de que las condiciones de estos recitales a veces son pésimas, principalmente por culpa de la legislación, pero también de la falta de interés de los agentes privados y/o culturales.

Me gustaría pensar que son conscientes de las dificultades la mayor parte de las veces casi insalvables que encuentran los proyectos culturales, independientemente de su calidad, para salir a la luz, y aquí incluyo desde exposiciones de fotografía hasta novelas, pasando por películas de bajo presupuesto o representaciones teatrales independientes.

Ni los recursos públicos o privados, ni la difusión de los medios, ni la educación artística de la sociedad española, ni el apoyo de los agentes del sector, ni por supuesto la normativa, ayudan. Todo lo contrario, perjudican bastante. La Reina de España, a fin de cuentas, es una privilegiada, porque tiene a A3 Media detrás, a un director ganador de Oscar y a la actriz española por excelencia de Hollywood, además de un gran elenco detrás.

Una escena de La Reina de España. (Imagen: La Vanguardia).

Una escena de La Reina de España. (Imagen: La Vanguardia).

Fernando Trueba poco tiene que ver con aquel mundillo de artistas (folclóricos o titiriteros, que diría despectivamente algún miembro de la derecha) que he descrito, muchas veces sumergidos en la invisibilidad, o bien refugiados en el maravilloso mundo de La 2 de Televisión Española o de Radio 3, sin duda los mejores medios audiovisuales que existen en España. Hay que cruzar los dedos todos los días para pedir que a Montoro no se le cruce el último cable que aún no se le ha cortocircuitado y decida recortar (todavía más) las partidas presupuestarias correspondientes a RTVE.

En definitiva, que todo esto demuestra que en España seguimos en el eterno ciclo de las disputas espurias y estériles, dividiéndonos en frentes tomando como excusa cualquier cosa y obviando el fondo de la cuestión, que es el auténticamente relevante y al que nunca hacemos caso. Esta España congelada y enfriada que nunca avanza y siempre se queda como una foto finish imposible de resolver. Da igual que miremos a la época de Isabel La Católica (película interpretada por el personaje de Penélope Cruz en la película de marras), a la de Franco (en la que se ambienta La Reina de España) o a la actual. Seguimos comportándonos como fieras irreconciliables.

A veces me pregunto si no es puro postureo, si no necesitamos mantener esa pose para sobrevivir y darnos un sentido como país. En una cosa le doy toda la razón a Trueba: si montamos un pollo así por una simple comedia, cómo vamos a ponernos de acuerdo en asuntos de mayor calado. Ah, por cierto, Feliz Día de la Constitución (de 1978).

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