España es un Belén

País que pasó de vestir de maniquí a ser el reino del mannequin challenge. Foto fija congelada como una instantánea en negativo jamás revelada. Eterno Belén viviente sin movimiento ni más tensión que la oscilación del viento despedido por un viejo ventilador.

En esta estancia no cabe un alfiler, pero sobran agujas, sudan las figuras de madera y huele a muebles de supermercado sueco.

Mira a los Reyes, ni Magos ni de Oriente, luchando por llegar al portal web salvador del embargo por Hacienda. Suelta Herodes desde el castillo una carcajada propia de Golum cavernario, después de saquear todas las huchas de los niños.

Dos pastorcitos, uno con coleta y otro gafapastas, se pegan junto a un molino de electricidad autogestionada cuyo propietario tiene sin embargo que pagar a Iberdrola. Las ovejas se quedaron en el redil, junto a los puercos y los burros, hastiadas de tanto duelo trashumante.

Las aguadoras llevan el cántaro vacío y roto de tanto ir a la fuente. Cibeles y Canaletas esperan ser recalificadas para gloria de los astros del balón. Del Manzanares, seco de pena, nace el camino que lleva a este Belén, donde las lavanderas se esfuerzan por dejar la ropa blanca.

Dicen que hay una estrella que lleva a un pesebre, pero en realidad es el rastro que queda de la pirotecnia. Aquí, en esta detención sin arte, los petardos se tiran pero no explotan y salen más caros que los cohetes al cielo del Mesías.

El niño tiene pañales naranjitos de mercata, procedentes de la sobreproducción pakistaní de Zara. María tuvo que quitarse el velo al pasar por el Estrecho, y cuando la patera llegó a Ceuta, se vio obligada a pedir asilo y cambiarse el nombre a Dolores.

José, indignado mientras chupaba un puro, pidió explicaciones a un ángel que siempre vivía en el paraíso fiscal y se justificó diciendo que los romanos habían subido los impuestos.

Entonces, cuando ni los más viejos de lugar lo esperaban, alguien se movió y rompió el contenido viral. Sólo se escucharon unos mugidos que bien podían sonar como La Internacional o como la sevillana de Los del Río. Nadie se atrevió a asegurar si fue la mula o el buey.

Luego, todo volvió a la normalidad y las lucecitas rojas y amarillas de los chinos recuperaron su monótono patrón.

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