Me quedé sin 2016

Languidezco junto a este 2016 preguntándome que habrá primado más, mi deseo de perpetuarme o su anhelo por destrozarme. A pesar de la encarnizada batalla, creo que emito un breve gesto triunfal cuando suenan las campanadas. Los cuartos quedan demasiado lejos.

No me atragantaré en la ingesta de uvas con dedicatoria. Me cuesta pensar en una docena de seres por sí mismos fundamentales en estos 366 días. Algunos viven de mi pasado y otros se alimentan de mi presente con sobras de mi inmortalidad. El futuro se quedó en el andén.

No hay muchos trenes que pasen por esta estación término de 31 de diciembre helado en las instantáneas de nuestra retina lagrimosa. Es una pena que todavía no nos haya visitado la niebla para encontrarles la excusa a nuestros ojos difuminados. El agua se nos queda en caudales de sequía.

El desierto de nuestras emociones encuentra oasis inesperados, como una carretera tejana que se topa con un pueblo de la América profunda. Hay una perspectiva bisiesta que nos alargó un febrero anunciador de primavera y una Olimpiada alojando el sueño de que nos colgábamos medallas. Nos quedamos despiertos de madrugada.

Al final, hubo fracaso y éxitos de mi equipo femenino, mientras el sexo masculino se me atrofiaba en una suerte de carrera de obstáculos. Los superé lo mejor que pude, enmascarado por el mundo, pero cuando los jueces vieron mi llegada me impidieron subir al pódium. Demasiada photo finish para tanta imagen finita. No sé cómo quedará su veredicto.

La decadencia del mundo en cámaras prestadas arruinó las memorias SD en Lesbos y destrozó el alma de los carretes otro año más. Mientras, el puto y el tramposo se jugaban Siria al Strip Poker. Fuera de la mesa, otros trataron de boicotear la partida amañada, tapándose la vista con un turbante antiorgías. Pero no se quedaron sin balas de repuesto.

Yo tuve alergia al polvo, pero no faltaron eyaculaciones para compensar tanta precocidad en el congreso de mis diputados eunucos. Mis ciudadanos, unidos, podemos aunque no ganemos, aunque no es mi socialista el más popular. De nada sirvió repetir mis elecciones, no conseguí investir al óvulo imaginario de mis emociones. Me quedé sin papeletas y la urna era demasiado estrecha.

Amplia ha sido la lista de espera de mis consultas públicas. No tuvimos otra opción que acudir al consejo privado de un centro sanitario que pasa el cepillo al Estado. Este año ha habido más enfermedades ocultas con efectos retroactivos que retrasos diagnósticos. La salud se ha quedado subastada en manos de los bróker del destino.

No nos ha bastado todo el  2016 para aprender que los muertos anónimos de este país ya no figuran en fosas comunes, sino en los recibos impagados de las eléctricas y en las camas de hospital. España, mujer maltratada entre los visillos de una sociedad que no quiere ver. Y el velo que aún nos queda por correr.

Al ciego que me cogí más de una noche clandestina se le iluminó la vista con confesiones tardías despendoladas. Mientras tanto, yo seguía aguardando una palomita de la mañana que detuviera la caída de mi libido. En ese trance entre el amor que no apareció y el deseo que se fugó, siempre quedo a la espera de ti.

Preservado dentro del frigorífico donde ahuyento los virus de la razón, de vez en cuando he arriesgado el corazón más allá de lo que dictan las fecha de caducidad de un Petit Suisse rancio. No llegué al desfase de la fiesta de las salchichas, pero conseguí prescindir de los productos sectarios de marca blanca. Todavía queda mucho pan que descongelar.

Gracias a mis niños, me he criogenizado un año más, aunque la nieve a veces me traicioné por las esquinas. En la cumbre blanca, ella, la que me regaló su década prodigiosa antes de que me cambiaran la hora. Mi adolescencia se resistió a ceder su pubertad 12 meses más, con sus 12 causas en forma de mis salvadores de la Generación Z. Y en la cima, ella, mujercita de trazos rebeldes que hace tiempo se quedó con mi amor utópico.

Ahora, cuando la niebla ya cae y el espíritu de mis venas se ensancha ante la última muestra de decadencia de este 2016, me niego a tomar la copa de cava y a soltar un brindis al 2017 sin antes exigirle una promesa: da a cada uno lo que se merezca y reserva las injusticias para las plazas de las urbanizaciones muertas. Deja que crezca el verde donde sólo hubo verdes. No bromees con humo como tu padre, que ya no cuela. No te quedes conmigo. Ni con mi aire.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Reflexiones y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s