¿Lo que dice Pablo Iglesias va a misa?

Los que me leéis con frecuencia sabéis que últimamente detesto escribir sobre política española. Esta Buhardilla, que no hace tanto tiempo se veía decorada con lienzos podemitas, peluches riverescos, percheros socialistas y paragüeros peperos, se ve cada vez más libre de reflexiones acerca del Skaparate Nacional, que cantaban mis queridos paisanos Celtas Cortos.

En primer lugar, el tema me aburre. Reconozco que sufro una saturación de política, estoy estomagado y empachado después de todo lo que hemos tenido que pensar, escuchar, debatir y analizar en los últimos años, especialmente si uno se ha dedicado al oficio del Periodismo.

Por otra parte, la desconfianza y desilusión que me invaden son similares a la cara que esboza Neus Asensi en Torrente cuando Santiago Segura dice: “Ha sido el mejor polvo de mi vida”.

Estoy más quemado que la moto de un hippy, hastiado de escuchar discursos vacíos, mentiras adornadas de veneno verbal, requiebros retóricos para entronizar a la masa y contentar al adepto, y enfrentamientos entre gente de izquierdas que ayer nos ilusionó y hoy juegan a darse ganchos de derecha.

Me aburro de indignarme por la estafa económica, social y en la Administración de Justicia. Las miserias económicas de los parados de larga duración, las madres solteras que cobran menos del salario mínimo y cotizan por debajo de las horas que realmente hacen, las familias deshauciadas o los emigrados a la fuerza, esos aventureros de Báñez, me producen tanta empatía como sus dramas aburrimiento por la impotencia que me generan.

Han conseguido incluso aburrirme las torpezas de Rajoy o sus “presuntas” falsedades sobre la corrupción. Hasta Montoro me aburre, y además últimamente habla poco. Es dramático.

A todo esto, que no es poco, se une el hecho de que no me siento actualmente en disposición de aportar nada, transgresor, distinto u original, a todo ese marasmo de escombros políticos teledirigidos hacia la misma dirección, como si un remolino los hubiera absorbido, los diera vueltas en sus fauces y los dirigiera hacia el abismo común de la Nada perpetua. Y, con ellos, nuestro interés por sus peleas, confrontaciones, propuestas huecas y medidas a caballo entre lo inútil y lo cruel. En definitiva, su simpleza, falta de honestidad y ausencia de soluciones reales amenazan por aniquilar nuestra misma afición política.

Sin embargo, esta semana algo me ha despertado de mi letargo político. No podía ser otro que Pablo Iglesias, el político más polémico, incisivo y carismático que ha habido en la historia de la democracia española, algo que reconocen incluso los que le odian, que no son pocos. Su defensa pública de la proposición no de ley interpuesta por el Grupo Parlamentario de Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea que pide la supresión de la retransmisión de la misa de La Dos me pide a gritos una opinión.

Me resulta tan grotesco que en estos tiempos de incertidumbre social, económica y política a todos los niveles alguien polemice sobre una cuestión tan menor e intrascendente que cuando lo escuché me dieron ganas de reír. Me parece pírrico por parte de los que utilizan el grupo parlamentario para realizar propuestas propagandísticas que sólo tienen un matiz ideológico y que no redundan absolutamente nada en el bienestar diario de los españoles, pero todavía me parece más esperpéntico desde el punto de vista de los que organizan protestas masivas, reacciones airadas a través de las redes sociales y una indignación mediática abrumadora.

Yo no soy católico más que por educación no elegida. Pertenezco a la tradición de valores católicos por mera imposición, como muchos españoles, que no se sienten católicos pero tampoco pueden negar haber recibido y formado parte de esa corriente cuando no tenían edad para decidir por sí mismos.

Sin embargo, me importa un comino que se retransmita la misa a través de La Dos. Quiero decir, que ni me molesta ni me satisface, simplemente me da igual que se gaste dinero público en eso. RTVE gasta dinero público en hacer series de ficción, programas de entretenimiento o en comprar películas, y algunos de esos espacios probablemente son mucho más detestables que la liturgia y suponen un mayor derroche de dinero. Por no hablar de otro tipo de despilfarros que están en la mente de todos.

Retransmisión de una misa en La Dos. (Imagen: eldiario.es).

Yo no he visto en mi vida una sola misa en La Dos, pero he leído que hay 300.000 personas de media que la ven, supongo que la mayoría gente mayor y con limitaciones físicas. Bien por ellos. Tienen suerte. A mí también me gustaría que se retransmitieran partidos de la NBA en abierto, los Grand Slam de Tenis, documentales de música o conciertos clásicos de rock y no tener que elegir entre pagar o quedarme sin verlos, pero la vida es así de dura. Me alegro por los ancianos, que tienen en ese sentido más potra que yo y pueden ver la ingesta de la ostia y la lectura del Santo Evangelio según San Marcos sin soltar un céntimo mientras que yo me tengo que rascar el bolsillo para ver los crossover de Kyrie Irving.

Dicho lo cual, si se consideran las cosas desde un punto de vista puramente jurídico, la polémica es estéril porque sólo una de las partes tiene razón. La formación morada propone ni más ni menos que cumplir con lo establecido en el ordenamiento jurídico. España es un Estado aconfesional y laico. Ninguna religión ha de gozar de protagonismo o especial trato de favor a través de los canales públicos.

Es cierto que, por lo que he leído, en La Dos también hay emisiones dedicadas a los cultos judío, evangélico y musulmán, pero ocupan un tiempo mucho menor. Esto es totalmente lógico por la especial importancia del catolicismo en España, pero hay que recordar que el ente público no debería guiarse por los criterios de audiencia, sino por los de interés cultural, pluralismo político, servicio de información al ciudadano, etc.

Precisamente La Dos es una cadena de televisión que representa perfectamente ese espíritu. Es, con diferencia, el canal con mayor calidad en cuanto a sus contenidos. Documentales, programas culturales, películas independientes y clásicas, conciertos de grupos minoritarios o pertenecientes al circuito menos comercial… Por desgracia, su audiencia raramente pasa del 2,5% de cuota de pantalla diaria y prácticamente nunca llega al 3%.

Eso me llevó a pensar que en realidad Pablo Iglesias en realidad buscaba un objetivo completamente diferente al soltar su proclama de apariencia nimia y algo infantil. Con su sermón en contra de la celebración televisada, Iglesias perseguía subir el número de parroquianos de La Dos.

La misa tuvo un récord de audiencia espectacular, sobrepasando el millón doscientos mil televidentes y alcanzando un share del 20%. Ese día la segunda cadena de RTVE marcó un máximo diario en este 2017, llegando hasta el 3,2%. Si Iglesias buscaba atraer nuevos feligreses hacia La Dos, la táctica ha sido impecable. De ahí que en sus posteriores declaraciones siga erre que erre con la supresión del rito eclesiástico, confiando en que el efecto perdure.

A lo mejor, algún día de estos incluso le da por referirse a Los Conciertos de La 2, los de Radio 3, a Saber y Ganar, La Aventura del Saber, Grandes Documentales o Versión Española. Igual hasta a algún milloncejo de españoles les daba por verlos, e incluso les gustaba o se sentían medio enriquecidos. De momento, parece que su estrategia es menos directa.

Así las cosas, y siguiendo esta hipótesis, se puede decir que realmente Iglesias ha actuado como los propias curas en la misa. Ha soltado su homilía, su rollo macabeo, sus fieles lo han aguantado estoicamente y, tras varios bostezos, un par de rezos y las típicas respuestas automáticas para complementar lo dicho por el líder, han decidido comulgar a su manera, reconciliándose con su yo interno pecador.

Han recordado que existe La Dos, palabra que además se parece mucho a ‹‹Dios››. Iglesias se ha tomado el traguito de vino en la eucaristía se ha chuperreteado los labios, se ha limpiado la perilla con una servilleta del altar y ha soltado una sonrisa beatífica de satisfacción al final. “Compañeros de Podemos. Podéis ir en paz”.

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2 respuestas a ¿Lo que dice Pablo Iglesias va a misa?

  1. Alberto E dijo:

    El principal problema de España, sin duda…
    No es extraño que alguien que se cree Dios quiera retirar el culto a la competencia.
    Amén en todo lo que dices.

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