La roña de Mr. Wonderful

En los tiempos que corren, odiar a algo o a alguien está más de moda que ser fan o apasionado. Ya no te digo nada dentro del terruño del Estado rojigüalda, donde es más popular el deporte de detestar que el fútbol. En el futuro de Hispania XXII, si es que llegamos, será más practicado aborrecer algo que jugar a la petanca digital en los ratos en los que no se tenga que trabajar para complementar la pensión de supervivencia del Estado.

Dicho lo cual, que quede claro que yo no soy hater respecto a nada. Ni siquiera hacia Montoro, y eso que encontraría más consenso que opinando favorablemente sobre los pechos de Blanca Suárez o los pectorales de Hugh Jackman.

Pero reconozco que lo de Mr. Wonderful me supera y siento hacia su filosofía un asco consistente sin necesidad de introducirme las falanges en las faringes.

La vida imaginada por esta corriente de mensajes siempre positivos ante cualquier adversidad no sólo es simplista o vacía de cualquier reflexión. Lo más peligroso es que este proyecto, que nació como una campaña de diseño gráfico ideada en tierra ibérica (concretamente por Ángela y Javi, una pareja de Barcelona a la que hay que reconocer el tremendo mérito a nivel de marketing y difusión), supone dar un lavado de cara sin cambiar la esencia a aquellos valores ochenteros y noventeros que nos metieron en la chola a través de la educación y que ahora inundan la sociedad por medio del entretenimiento. Ver para creer.

Aquella frase de “si te lo propones, puedes conseguirlo todo” se ve levemente modificada por “lo único imposible es aquello que no intentas” o “si puedes soñarlo, puedes hacerlo”. Esto es una falacia del tamaño del falo de un senegalés de dos metros. Mucha gente sueña miles de cosas durante toda su vida, se empeña en lograrlas, lucha lo indecible, mantiene una buena actitud y sin embargo no consigue su objetivo, ni siquiera teniendo talento.

Porque la mayor parte de las cosas que queremos en la vida no dependen únicamente de nosotros. Es más, ni la mitad de ese éxito o fracaso depende de uno mismo. Existe una sociedad, principalmente censora, hermética y cerrada, una ley restrictiva, unos parámetros establecidos e incontrolables, y un sistema de recompensas y castigos que nada tiene que ver con el de inspiración cristiana que nos venden.

Nos creemos que hemos evolucionado mucho, que la globalización, el desmonte de la fe en lo intangible, la tecnología, la guerra contra el tabaco y la defensa de los animalicos nos han hecho sabios, racionales y juiciosos. Pero no es así, de hecho pienso que en muchos aspectos hay una clara involución. Cada día hay más límites, prohibiciones y cortapisas. Muchas de ellas invisibles. Algunas sofisticadas, encubiertas. Otras más burdas que nunca. Hay más puertas abiertas que antes, pero en contrapartida las cerradas que aparecen se multiplican por dos.

Por eso, ni mucho menos basta con intentarlo o con perseverar. No es suficiente con ser currante y bueno en lo que haces. Es puro optimismo de ocasión que no tiene los pies en el suelo y fuente de creación de una sociedad de frustrados, de personas que no saben gestionar la decepción. Eso es lo que se consigue con la proliferación de esos mensajes.

Yo propongo otro, que es “intenta todo lo que esté en tu mano y acepta lo que no dependa de ti”. Esa es una filosofía realista. Pero claro, no resulta tan aparente ni resultón. Es como comparar al pibón de la discoteca que baila Despacito moviendo las caderas con su amiga discreta que no sonríe y bebe su copa con seriedad porque piensa que la canción es un excremento sonoro y que la apetecería estar cantando un tema de los Suaves con letra deprimente de mujeres envejecidas, seres solitarios y vidas perdidas.

Por desgracia, esas realidades jodidas a las que alude Yosi en sus canciones son más reales que las vidas perfectas. Porque los tiempos son malos, malísimos, como dice otro de los mantras ñoños de Mr. Wonderful. Y por mucho que a renglón seguido se añada que “la pasión, el trabajo y las buenas ideas triunfan, aquí, ahora y en la China”, lo cierto es que uno puede estar lleno de creatividad, de ganas y de capacidad, pero si está en un entorno complicado o en situación de precariedad económica, la pasión y su mente preclara tienen tanto valor para el mundo que le rodea como un libro de bolsillo de Corín Tellado.

Parece como si hubiera una especie de incitación encubierta al autoempleo, como si detrás del credo wonderfula estuviera el gobierno de España, que anima a todos a tener iniciativa empresarial para que bajen las cifras del paro y se rellene el socavón de la Seguridad Social.

Sin embargo, alguien debería decirles a los chicos que se creen esas patrañas que no todos valen para ser sus propios jefes ni para tener un negocio, que tampoco hay nicho de mercado para todos, por muy maravillosas, “te lo juro por Snoopy”, que sean sus ideas, y que incluso habiéndolo puede haber factores ajenos a ti que te hagan acabar en la lona como si el mismísimo Mayweather te hubiera soltado un gancho de derecho.

Y no, tú no puedes con todo, por mucho que los de la campaña del Señor Maravilloso te diga que es así. Hay veces que estás jodido, muy jodido, y necesitas apoyo. De los demás, de la sociedad, de las instituciones. Y no lo encuentras. Y te puedes hundir. Porque hay mucha gente que se hunde y otra que tira para adelante y no. Y los que tocan fondo no son peores por no poder con todo. Son humanos, débiles, vulnerables. Y no tienen por qué avergonzarse de ello. Simplemente necesitan ayuda. De los que les quieren o de gente profesional. Y no pasa nada porque no puedan con todo. De hecho, nadie puede con todo. Nadie.

Aunque por supuesto, los wonderfuleros también tienen un antídoto mágico. Te animan a cambiar tu forma de ver las cosas, porque de ese modo, las cosas cambiarán. Más o menos te invitan a mirar la realidad con unas gafas 3D o de realidad virtual. O quién sabe, tal vez sea un mensaje subrepticio para fomentar el consumo de cristal.

Este portento recetado por los “tú siempre positivo, nunca negativo” a lo mejor les vendría muy bien a las personas violadas o que sufren palizas continuas por parte de sus parejas. Quizá les serviría para no ver los moratones o los desgarros vaginales o anales. Qué extraño que ninguna de ellas lo haya usado aún, deben ser gilipollas perdidas y no saber que existe el milagro wonderful, más efectivo para rellenar las carencias que los sujetadores wonderbra.

Y si aun así las cosas siguen más chungas que los de la banda del Kung Fu, Mr. Wonderful también tiene la respuesta. Llegamos al culmen, al sumun de la memez de “todo es maravilloso y todo tiene solución, o sea”. “Si la vida te da la espalda, tócale el culo”. Vaya, pues yo el otro día lo hice y me soltó una hostia que me dejó la cara girando como si fuera un spinner. Debió ser que ese día se había hecho caca encima y estaba incómoda.

Lo más grave no es que este tipo de consignas las lleven supuestos adultos y que se las crean a pies juntillas, incluso hasta el punto de reprocharte que no los apliques tú, acusándote de estar afectando a sus putos chacras con tu energía negativa. Lo más peligroso es la cantidad de niños y adolescentes que tienen por padre espiritual al tal Señor Wonderful. Habría que denunciarle por acoso de menores, pues está presente en sus agendas, cuadernos y estuches. A todas horas ven esas paridas y crecen pensando que así es la vida, de colorines y tan fácil de voltear como una botella de agua en un bottle flip challenge.

Al final, esta absurdez infantiloide es el reflejo de la sociedad que estamos construyendo. Hasta tal punto lo estamos banalizando todo que corremos el riesgo de que las nuevas generaciones sean incapaces de enfrentarse a los problemas, que sean eunucos emocionales. Que no maduren porque crean que la realidad se compone siempre de “cosas no aburridas para ser la mar de feliz”. Un ideal tan ridículo como falso. Hay multitud de aspectos en la vida de una persona que forman parte de la rutina y del “aburrimiento”, y esa felicidad que venden es de trapo, está vestida de era 3.0. pero en el fondo es chusca, de mercadillo.

Es como si la crisis brutal que ni se ha ido ni se irá nos hubiera dejado una especie de resaca esquizofrénica. Nos refugiamos en un bienestar anímico impostado y falso, como si fuera una nueva religión, para compensar lo jodidos que estamos. No queremos mirar a la realidad y permitimos que nos embauquen con chorradas de autoayuda barata en forma de eslóganes prefabricados.

Lo más lamentable es que esto ni siquiera les garantiza a los que pertenecen a la secta wonderfulanos que su espíritu vaya a estar arriba durante mucho tiempo, como una de esas viejas canciones de dance progresivo que se agotaban después del subidón. Y es que las personas que más creen en Mr. Wonderful son las más frágiles y las más cambiantes en su humor cuando reciben reveses. A poco que rascas en el Señor Maravilloso, sale roña. Es un pensamiento sucio, viciado y pestilente.

Deberíamos importar otro tipo de principios para nuestras vidas. Por ejemplo, el ser racionales, juiciosos y equilibrados. Saber cuándo tener los pies en la tierra, cuándo hay que levantarlos y cuándo hay que aterrizar lo más dignamente posible. Eso es la sabiduría y el optimismo moderado y real. Pero implica un mayor esfuerzo que decirle a la gente que le dé palmaditas en los glúteos a la vida.

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