Retorno a ninguna parte

Esta semana el Ayuntamiento de Valladolid ha ofrecido los datos que reflejan el balance del Programa Retorno del Talento en su primer año de vida. Sin entrar en pormenores y aunque seguramente yo no sepa hacer cosas mejores, el resultado es tan ridículo que casi parece todo un insulto que alguien se vanaglorie por él. 17 vallisoletanos que en su día emigraron han vuelto a la ciudad a través de esta iniciativa, por otra parte muy loable, propuesta en su momento por Sí Se Puede Valladolid, la marca de Podemos en la capital del Pisuerga.

Es verdad que este tipo de políticas hacen mucha falta y hay que agradecer al actual equipo de gobierno del Consistorio pucelano el que esté intentado hacer cosas en este sentido. En 2017, dotó al programa con 500.000 euros y para el año que viene piensa destinar idéntica cantidad, que sin ser un presupuesto para tirar cohetes, tampoco es despreciable.

Pero una cosa es reconocer ese esfuerzo meritorio y otra negar la mayor. El problema que existe en Valladolid y en la mayor parte de las ciudades de Castilla y León es otro bien distinto. De las zonas rurales mejor ni hablar, porque ya se encarga de hacerlo la Junta de Castilla y León, por obra y gracia del Señor Herrera y sus acólitos, perpetuando el abandono, la despoblación y la miseria de opciones de vida desde hace demasiados años.

En efecto, en los grandes núcleos de población de la castigada y dejada de la mano de Dios Castilla y León el mal es mucho más de base. Casi nadie retorna, con programas específicos o no, porque simplemente apenas hay oportunidades laborales interesantes. Y entre las pocas que hay, prácticamente ninguna ofrece una proyección realmente potente a largo plazo para aquellos que tienen metas profesionales altas (no hablo sólo de remuneración).

Esto no quiere decir que aquéllos con mente más funcionarial o que tengan objetivos menos ambiciosos, esto es, personas que se conformen con un trabajo más o menos estable y permanente que les permita vivir sin excesivos apuros ni demasiada exigencia lo tengan más fácil. Si de por sí ese tipo de concepto laboral está en España cada vez más en entredicho, en estos lares tampoco abundan los puestos de trabajo de ese tipo. Pocos son los que lo consiguen y aún los que lo hacen, tienen casi siempre la Espada de Damocles del cierre de la empresa en cuestión sobre su chepa.

Porque sí, en esta tierra se siguen destruyendo empleos. Muchos. Continuamente hay noticias en este sentido. Esta semana, sin ir más lejos, el anuncio del cierre de la planta de Gamesa Siemens en Miranda de Ebro, que implicará el despido de 133 trabajadores. A la inversa, el desierto. Muy pocas empresas fuertes se instalan en la región y, si hablamos de compañías en sectores de futuro, con capacidad de inversión, investigación, desarrollo social o medioambiental, dan ganas de echarse a llorar.

Pero de todo esto, volviendo al punto inicial relativo al regreso al hogar pucelano, nada hablaban las noticias de los diarios locales que las publicaron a toda página. Se limitaron a fusilar la rueda de prensa del Ayuntamiento, aportando la información que se les proporcionó y sin aportar ni un solo pero o matiz.

Es cierto que sí hablaban del número (escandaloso) de personas que se han ido de la ciudad (pero nada comentaban de los que lo habían hecho en el mismo año 2017 al que se referían los resultados), utilizando el tiempo verbal pretérito (el mismo que debió emplear, deduzco, el Concejal de Hacienda y Promoción Económica Antonio Gato), como si el período de la crisis financiera hubiese sido un compartimento estanco del desastre, algo así como asegurar que la peste sólo se propagó entre una fecha y otra, siendo imposible su contagio de esta última en adelante.

De hecho, el tono de todos los textos que leí iba en esa línea de la recuperación, intentando transmitir la idea de que la fuga ya había sido erradicada y por tanto sólo cabía ya la vuelta a Pucelandia, aunque fuera a pasitos cortos. No se irán más, pero retornará todo perro pichichi, poco a poco, volviendo con su rabito a mear a orillas del Pisuerga y las ardillitas que se piraron volverán paulatinamente al Campo Grande para cruzar de rama en rama su frondosa vegetación. Qué arcadia tan maravillosa nos espera.

Puedo entender que la corporación municipal esté interesada en ofrecer a la ciudadanía datos positivos que justifiquen la apuesta realizada. Es su labor, por mucho que se les pueda reprochar su conformismo y autobombo. Pero no me cabe en la cabeza que periodistas consolidados y los directores a los que sirven sus piezas no tengan una mínima capacidad crítica, sin necesidad de entrar en juicios de valor o de opinión, simplemente realizando una simple labor de contraste y una búsqueda de otros argumentos o aspectos relativos a la cuestión.

Tantos los políticos como los periodistas tal vez deberían preocuparse por indagar en la verdadera realidad de la juventud vallisoletana. Qué piensan, cuáles son sus expectativas y metas, qué esperanza tienen respecto a su futuro.

Descubrirían tal vez con estupor que prácticamente cualquier chico o chica desde que alcanza la mayoría de edad (algunos si son maduros incluso antes) se ha planteado marcharse de la ciudad. Casi todos han asumido que tendrán que buscarse la vida fuera. En una capital autonómica donde residen más de 400.000 personas si tenemos en cuenta el alfoz, eso resulta cuanto menos impactante, aunque pienso que el mejor adjetivo para definirlo es dramático.

Si bien cabría analizarlo en otro espacio, no creo que sea ninguna barbaridad afirmar que Valladolid es una ciudad pensada para la gente de mediana y avanzada edad. Su oferta de ocio y cultural, de por sí no demasiado extensa, y sus infraestructuras y servicios públicos están orientados mucho más a padres con niños o a los abuelos de estos que a adolescentes y jóvenes.

Son los universitarios venidos de otras tierras los que mantienen la llama… Pero sólo durante el curso académico. En verano se comprueba la verdadera realidad, aunque siempre nos quedarán los dos fines de semana de las Ferias y Fiestas de la Virgen de San Lorenzo, cuando los miembros del amplísimo ejército de emigrados siguen pasándose por aquí a tomar un Ribera o un Lorencito y colapsan las calles como si no hubiera mañana, para después marcharse y dejar tras de sí algo de dinero y mucha nostalgia.

Pero no pasa nada. Seguiremos vendiendo humo y asegurando que Pucela es tierra de oportunidades a la que casi todo el mundo va a acabar regresando. Al menos, hay 17 personas “talentosas” (¿acaso los vallisoletanos y vallisoletanas no talentosos no tienen derecho a volver?) que desde el año pasado me pueden llevar la contraria. Ojalá no tengan que largarse de nuevo. Suerte.

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