Errejoneo visto desde la barrera

Muchos están viviendo estos días una especie de orgasmo con efectos retardados. Lluvia de esperma y de fluidos diversos para celebrar la fractura en el partido político al que gran parte de la población española se dedico a odiar y a perseguir prácticamente desde su nacimiento.

El éxtasis colectivo del conservadurismo y la cizaña mediática del lado oscuro de la derecha española, encabezada por Eduardo Inda, Francisco Marhuenda, “los moderados de Antena 3” y ese diario llamado El Mundo que algún día hizo algo parecido a periodismo de investigación serio hoy se frotan las manos.

Por fin, se les ha logrado. Iñigo Errejón, el menos detestado de todos los podemitas por parte de los tradicionalistas, acaso sea por su pinta de niño pijo empollón estudiante de universidad privada y “reconvertible” al buen camino, se ha tomado la revancha política contra su antiguo amigo Pablo Iglesias, el declarado enemigo público número uno por el sistema establecido desde que hizo temblar los cimientos del mismo allá por el año 2014.

Supongo que la sensación de satisfacción y victoria no puede ser mayor entre las filas de esta especie de ejército contrarrevolucionario que parece estar ahora de moda incluso entre jóvenes y adolescentes. Nada que no haya sucedido antes en España, así ha sido y será su historia para los restos. Y sí, también en Cataluña, mal que les pese a algunos. Y el revanchismo del antiguo número 2 de Podemos es bocata di cardinale para los detractores del cambio.

El fanatismo de un lado y otro se dispara estos días. Errejón es un traidor a la izquierda que merece ser quemado en la hoguera pagana. Los derechosos casi le besan la mano, aunque pronto empezarán a defenestrarle en cuanto empiece la campaña para las elecciones autonómicas de Madrid a las que se presenta como candidato por las siglas del movimiento que lidera la alcaldesa Manuela Carmena. España en estado puro. Confrontación, lucha, extremismo, bipolaridad, dicotomía, blanco y negro. Rojigualda y morado.

Ahora que Podemos y sobre todo Pablo Iglesias pasa por sus horas más bajas, quizá es momento de hacerle justicia. Bajarle a la tierra con objetividad. Ni fue un nuevo Mesías o un demonio, ni ahora es un héroe caído y vejado o bien un canalla que está recibiendo su merecido.

La principal figura de Podemos saltó a la palestra en un momento en que era necesario. España le debe muchas cosas a él y al partido que fundó junto a Errejón, Monedero, Miguel Urbán y otra de las renegadas, Carolina Bescansa. Gracias a la formación morada, las consignas del 15-M y que había intentado sin demasiado éxito transmitir Izquierda Unida desde hacía años, pasaron a la primera línea de la opinión pública.

No fue solo fruto del oportunismo político ni una mera cuestión de estar en el lugar adecuado y en el sitio adecuado. De lo contrario, la citada Izquierda Unida hubiese arramplado con todo el capital político del descontento y la indignación, y no habría sido devorada por la maquinaria de Podemos.

También importó quién decía todas aquellas cosas de la casta y cómo las decía. Aunque Errejón y muchos otros ahora renieguen de él, Pablo Iglesias ha sido el político más carismático que ha habido en España desde Felipe González, incluso más que él. Un terremoto como orador, un tipo al que casi te tenías que creer porque hablaba como si estuviera tomándose una caña contigo y decía verdades como puños de una forma llana pero al mismo tiempo con una potencia que casi se podía sentir, transmitía la pantalla y se colaba en el salón de tu casa.

Eso es una verdad indiscutible, no se trata de un mero sentimiento. Otra cosa es que mucha gente le detestara por sus ideas subversivas y que atacaban directamente al corazón del sistema en el que muchos se acomodaron desde la Transición y en el que gran parte del pueblo español se siente confortado, seguro, protegido y, aunque sea con leche low cost o artificial, amamantado.

Pero hablando de animales bovinos, deberíamos recurrir al lenguaje de la tauromaquia a la que tanto se presta el apellido Errejón. Hay que reconocer que el espectáculo cruel de matar previa agonía al toro, te guste o no, posee un contenido metafórico difícil de encontrar en ningún otro sitio.

Y esto, lo que ha hecho Íñigo “El Gafapasta”, con su rejoneo (que así apodaron a la victoria que Iglesias obtuvo sobre él en el congreso de Vistalegre y que marcó definitivamente el distanciamiento entre los dos) podría perfectamente haberlo hecho montado en el caballo de algún señorito andaluz, que mientras tanto, miraba sonriente desde la barrera como Iglesias esta vez no podía más que emitir bufidos, más por boca de Irene Montero o de Pablo Echenique que por la suya propia.

No se puede negar que aquel “Coletas” que maravilló con su labia y magnetismo a muchos ciudadanos de este país hace cinco años ha cometido muchos errores de un tiempo a esta parte.

Se ha empecinado en mantener una relación ambigua con el soberanismo catalán, precisamente él, que ofreció en mi opinión la propuesta más acertada en su momento para haber resuelto el conflicto cuando aún se podía, mientras Rajoy se quedaba dormido en su poltrona y dejaba que las cosas se enquistaran. Un referéndum pactado no directamente vinculante lo hubiese arreglado todo, cuando todavía no había agredidos en manifestaciones, ni ataques a la democracia en el Parlament ni presos, ni fugados.

Tampoco le ha ayudado la imagen de compadreo con Arnaldo Otegui, ni otras manifestaciones públicas en las que mostraba cierta ambigüedad respecto al terrorismo de ETA, aunque no es menos cierto que en este tema también muchos otros elementos del aparato estatal deberían reconocer las torturas, las mentiras a la opinión pública y muchos otros crímenes que no sólo implican a funcionarios de prisiones o a miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad, sino a personas de mucho más arriba.

Pero al final pienso que lo que más le ha perjudicado a Pablo Iglesias en relación a aquellas personas que creían en su discurso y que se sentían incluso fascinados por su capacidad para desafiar al poder establecido, han sido sus continuas contradicciones. Esa sensación de que se ha aburguesado o que no ha sido coherente con lo que proclamaba.

A mayores, esa fama, justificada o no, que se ha creado de tener cierta personalidad dictatorial, yendo en contra del propio espíritu asambleario con el que nació Podemos, en el fondo haciendo la política vieja contra la que tanto aseguraba querer luchar en sus inicios.

Tampoco se puede olvidar que en España el espíritu crítico de la izquierda es infinitamente más afilado que el de la derecha, que siempre cierra filas y se recompone de cualquier desastre con más fuerza si cabe. La propia izquierda siempre es el peor enemigo de sí misma.

Y la acción de Errejón, llevada a cabo en un momento muy significativo, como es el quinto aniversario del partido que él cofundó y en pleno auge de VOX, por mucho que muchos puedan entenderla e incluso apoyarla dentro de esas reglas no escritas del juego político que implican devolver los golpes, no deja de ser una excelente noticia para todos aquellos reaccionarios que no supieron torear en su día las embestidas de las reses bravías y ahora ven desde fuera con deleite como les dan estocadas sin que ellos tengan que hacer nada.

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2 respuestas a Errejoneo visto desde la barrera

  1. Alberto E. dijo:

    De acuerdo con todo lo que dices, tocayo.
    Errejón es (era) un peso pesado de Podemos, no se si el más brillante pero desde luego si el más fiable. Iglesias es un líder carismático que, como todo a, termina siendo rehén de su propio ego.

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