Obra literaria

Mi carrera literaria comenzó seguramente antes de lo que yo puedo recordar. Las primeras imágenes que tengo de mí mismo creando historias muy infantiles y deplorablemente escritas, aunque derrochando imaginación, se remontan a una época indeterminada, pero en la cual estoy casi seguro de que mi madre aún me llevaba al colegio.

Cuando era adolescente, la cosa adquirió un tinte un poco más serio y empecé a sentir gusto por la poesía, algo que ya no me ha abandonado jamás. Seguramente resultaba bastante freaky y desfasado que a un fulano de quince o dieciséis años le molara concatenar versos y componer rimas, aunque para algunos los calificativos que recibía tal afición no eran tan suaves. Lo hacían por detrás, creyendo que me gustaba, pero no se daban cuenta de que a mí siempre me excitó más el cara a cara. Se lo tengo que agradecer en parte, ya que el lado más desgarrado, crudo e inteligente de mi poesía seguramente no existiría sin su gloriosa colaboración en la causa, ni tampoco tal vez esta Buhardilla sería como es.

A esa etapa quinceañera se remontan los primeros poemas que escribí, bastante inocentes y excesivamente becquerianos, aunque los tengo mucho cariño. Después mi poesía ha atravesado por muy diversas fases, casi siempre asociadas a mi evolución personal, supongo que como cualquiera que se dedica a esto. Es muy probable que jamás publique mi obra poética, aunque es extensa y me siento bastante orgulloso de ella. Incluso la tengo más o menos estructurada y dividida en varios libros, pero me resulta demasiado personal y, aunque muchas cosas nadie las entendería salvo yo, creo que jamás me apetecerá desnudarme emocionalmente de ese modo.

Por aquellos años también inicié la andadura por la prosa de largo recorrido, y esa parte de mi carrera literaria es en la que más me he centrado desde entonces, aunque no siempre de manera constante y con demasiados altibajos. He escrito varias novelas y una de ellas, “La Máscara del Mundo”, incluso la publiqué bajo un sello editorial de cuyo nombre no quiero acordarme y del que probablemente tampoco se acuerdan sus responsables. Acabo de autopublicar otra novela –de momento solo en formato digital, pues no hay pa´ más– titulada “La Noche”, de temática bastante distinta, más orientada al público juvenil –de hecho el proyecto y su parte esencial nació antes de que tuviera edad para votar (es decir, cuando todavía tenía conciencia ecológica)–, que no están las cosas como para hacer literatura de altos vuelos; hay que pensar en llenar la panza que no tengo, si bien no he podido evitar meter cosas más adultas y de mayores pretensiones en dicha criatura (las cuales espero que no frustren su cochino éxito comercial). De momento, he tenido la inmensa dicha de recibir críticas positivas, dos de las cuales cuelgo aquí en homenaje a los dos atentos y osados chavales. 2-2 Crítica LA NOCHE Critica LA NOCHE. Si queréis leer “La Noche“, lo cual os recomiendo encarecidamente si sois adolescentes o estáis en la temprana juventud, y también si aún tenéis como yo un espíritu acorde con aquella etapa de vuestras vidas y ganas de pasar un poco de miedo y de filosofar con mitos de juventud, pinchad aquí y os transportaréis al sitio donde podréis descargarla rápida y fácilmente.

No obstante, como soy poco listo por naturaleza, me sigo empeñando en hacer obras de mayor calado. Tengo por ahí una inacabada, aún sin titulo, que estará englobada en un conjunto amplio de novelas, proyectadas no exactamente como una saga pero con conexiones entre ellas, y del que también participa “La Máscara del Mundo”. E incluso concluí hace unos años una obrita que engloba varios relatos muy míos, llenos de paranoia, ironía, locura y bastante mala leche, aunque sin renunciar a alguna dosis de caramelo (en el fondo soy un sentimental, como Rick Blaine), llamada “Acertijos de Vida”, de la que me siento particularmente satisfecho (perdonadme la osadía).

Algún día igual hasta me da por sacarlas a la venta en papel, si me toca el euromillón y, antes que eso, si consigo financiación para jugarlo.

No me quiero olvidar de mi faceta como escritor de cortometrajes, siempre en colaboración con mis colegas Samuel Ortega y Carlos Cobreros (“El Destino no Baila con Cobardes”, “Nivel Medio-Alto” y “Todo es Maravilloso”), en los cuales también me podéis ver haciendo mis pinitos como actor, que soy fulano de muchos palos, aunque el principal sobre todo es darle a las teclas. Pinchando encima de los títulos los podéis ver.

Sin ánimo de meter en este apartado todo como si fuera un saco gigante apto para llevar cualquier tipo de carga y meter cuñas continuas, sino porque creo firmemente que también es literatura, os comentaré por último que también he escrito la letra de algunas canciones, la mayoría para el grupo de rock en el que he estado cantando los últimos tres años con toda la pasión que he sido capaz de atesorar, Rhinestones. Una banda fantástica que, de no ser por la asquerosa mercantilización uniformizada de la música en este país, sonaría en las radios y sería conocida, porque calidad tienen de sobra para ello. Sin embargo, dada la importancia capital que tiene la música para mí, hay un mueble específico en esta buhardilla destinado a ella, y os invito a que lo visitéis pinchando aquí y así sigáis vuestro recorrido por este cuartito virtual, aparentemente pequeño pero que intento ensanchar tanto como me es posible.

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